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El humor envolvente de David Santalla

El sábado 21 de febrero no fue un amanecer cualquiera, se cerró para siempre el telón del último acto de un artista de amplia trayectoria: toda una vida dedicada al arte escénico. Con ese último adiós en el ocaso de su ciclo vital, se nos fue un querido y admirable personaje paceño, y se cerró también una época de oro de fino humor criollo que este señor de la comedia supo trasmitir desde las tablas a un público de edades distintas y sin diferenciar el grupo social. Ese que llenaba los teatros del país con cada una de sus presentaciones. Con un estilo propio y claramente distante a ese humor chabacano y la lisura de otros actores, David Santalla supo desarrollar su talento innato, envolvente, con ese carisma tan propio de los grandes comediantes. Su sola presencia, encarnada en múltiples e inolvidables personajes, fue capaz de desatar olas de carcajadas que resonaban desde las butacas como vientos festivos. Un hombre multifacético en todo el sentido de la palabra. Un obrero incansable en el arte de representar historias. Libretista, reinventado a fuerza de aplausos. Actor de las cien voces. Dueño y señor de las tablas.

El maestro del humor

Nada más acertado para rotular así al gran David Santalla. Ciertamente, el humor es un lenguaje universal que trasciende más allá de las vicisitudes; algo que él supo transmitir para hacernos ver el mundo de otro color: el color de la alegría.  Y con ello, vernos retratados tal cual somos, reírnos de nosotros mismos, de nuestra idiosincrasia, de nuestra bolivianidad; sin clichés y sin dobleces. Ya lo dijo el célebre comediante neoyorquino Groucho Marx: “Hacer reír es cosa seria”. Dicha expresión subraya que el humor y la comedia requieren técnica y, sobre todo, inteligencia. Pero también es cierto que la generación de actores y actrices que vinieron luego, tuvieron en él al maestro, al amigo, al ser humano, sencillo y despojado de esas ínfulas que muchas veces se ven en gente del espectáculo, con más ego que talento.

La docencia, un sueño pendiente

Ciertamente, eso fue lo que me dijo, cuando lo conocí personalmente, y fue en el año 98. Estaba yo dictando clases de publicidad en la Escuela de Negocios Los Andes (que después pasó a convertirse en Universidad Los Andes). Y pues, habiéndose organizado un taller de propuestas creativas, con la participación de estudiantes de la carrera de Marketing, aquella vez tuvimos la grata presencia de David Santalla, gracias a la invitación de un estudiante que casualmente resultó siendo un joven actor, ejerciendo sus primeros pasos en el teatro junto a quién él mismo denominaba como su “maestro y amigo”. Es de suponer cómo se desarrolló el evento, ante un auditorio de medio centenar de estudiantes, encandilados con su presencia y agradeciéndole su deferencia con un fuerte aplauso. Una vez concluida la clase, David y yo nos embarcamos en el mismo taxi hasta despedirnos cerca del Estadio miraflorino. Fue en ese breve trayecto que entablamos una amena conversación, diciéndole que mi admiración hacia él era desde mi adolescencia (allá por los años 70), y todo su elenco teatral en Alí y Babá, en esa dupla perfecta con Hugo Eduardo Pol. Y de su breve experiencia (un sueño cumplido) como dibujante autodidacta y además guionista, en una historieta creada con personajes suyos y cristalizada por su talentosa pluma. Me contó también, sin pelos en lengua, de aquel frustrado intento por crear una academia de actuación para la formación de nuevos talentos. Se lamentaba de haber peregrinado mucho tiempo por los pasillos del Ministerio de Educación para conseguir la respectiva Resolución Ministerial que le diera licencia de funcionamiento, y así poder ejercer la docencia. Concluyendo su reclamo con un enunciado, en su estilo siempre agudo pero franco: “En Bolivia había sido más fácil abrir un bar que un instituto”. Triste realidad.

No es un simple adiós, es también un “gracias por tanta alegría”

Con Walter David Santalla Barrientos se va también una época de oro que viera florecer el Teatro Municipal Alberto Saavedra Pérez. Es de suponer que, al final de su viaje fantástico y allí donde está, lo habrán de recibir los aplausos y abrazos de tantos colegas suyos que se adelantaron: Rafo Mori, Mery Rada, Tito Landa, Tino Lozada, Rodolfo Serrano, Agar Delos, Rosa Ríos, Roberto Cuevas, Hugo Pozo y otros inolvidables. La comedia teatral y el cine nacional están de luto, y eso nos duele a todos, sin duda.

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Dante Gorena. El autor del texto es publicista, dibujante, exdocente universitario y escritor. 2do. lugar en el Premio Nacional de Cuento “Franz Tamayo”, 2017. Premio Municipal de Cuento “Adela Zamudio”, 2022. Primer lugar en el “Concurso Internacional de Microrrelatos”, Ediciones Verso Inefable, 2022, México. Ganador del 3er. lugar en el Concurso Municipal de Cuento “Adela Zamudio”, 2025. Coautor de Antología del Cuento Fantástico Boliviano, Editorial El Cuervo, 2017, Bolivia. Coautor de Antología internacional de Cuentos de Terror Zombi II, Endora Ediciones, 2019, México. Autor del libro Cuentos súbitos (edición independiente), 2022, Bolivia.

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