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Promueven pasaporte para áreas protegidas con visitas al Madidi

> Las áreas protegidas más biodiversas del mundo, pueblos originarios y servicios ecosistémicos invaluables como el agua y el oxígeno hacen de nuestros parques nacionales un emblema que merece ser conservado, visitado y preservado.

Bolivia impulsa el pasaporte a las áreas protegidas nacionales como herramienta para conservar sus vastas zonas de biodiversidad, que proveen servicios ambientales esenciales como agua y oxígeno, mediante una iniciativa del Servicio Nacional de Áreas Protegidas (Sernap) respaldada por CSF Bolivia (Conservation Strategy Fund).
Este documento permite a visitantes nacionales acceder por 200 bolivianos a al menos 19 áreas protegidas, frente a los 50 bolivianos por ingreso individual, destinando los fondos directamente a su manejo y protección.
En un recorrido reciente al norte amazónico de La Paz y Beni, un equipo promocionó el pasaporte entre guardaparques y 23 operadoras turísticas de Rurrenabaque, visitando el Parque Nacional y Área Natural de Manejo Integrado Madidi (PN-ANMI Madidi), con 1.895.750 hectáreas, y la Reserva de Biosfera y Tierra Comunitaria de Origen Pilón Lajas (Rbtco Pilón Lajas), de 400.000 hectáreas entre ambos departamentos.
Desde el aterrizaje en el aeropuerto de Rurrenabaque, el río Beni deslumbra con sus meandros y vegetación ribereña; en la terminal, una oruga local simboliza la fauna abundante de la región.
En San Buenaventura, a orillas del río, tras asegurar hospedaje y notar lluvia reciente que refresca el ambiente, locales indicaron el sendero turístico “La Cruz”, una vía angosta pero sólida que asciende colinas rocosas hacia miradores con vistas panorámicas del Beni, Rurrenabaque y San Buenaventura. Tras dos horas de ascenso y descenso cauteloso ante la noche inminente, el grupo retornó impresionado por el paisaje grandioso.
Luego de promover el pasaporte en la sede de guardaparques de Rbtco Pilón Lajas y operadoras turísticas, se coordinó un circuito con agentes de conservación: a las 07.00 iniciaron el sendero “La Vertiente”, cruzado por puentes peatonales sobre arroyos y estanques, junto a tuberías que abastecen agua a Rurrenabaque.
El guardaparque Lander Beyuma explicó: “Antes no había cañerías, hacían canaletas de copas de árboles, partiendo troncos; así llevaron agua hasta acá. En Rurrenabaque había piletas públicas por manzano, así nació la película ‘La Vertiente’ (1958), por la epidemia de cólera en los cincuenta”. Depués de media hora, llegaron al embarcadero del Beni para abordar “peques” con motor fuera de borda hacia El Bala, Real Beni y Carmen Florida, comunidades dedicadas a plátano, arroz, maíz, limón, naranja y caña.
En un sector, Beyuma relató el mito de la serpiente de tres cabezas tallada en roca: “Antes se veía por el río, ahora quizás esté bajo agua; es riesgoso por humedad. Hay mitos: si tapa, es señal de peligro. Pescadores oriundos la han visto; salió en CNN con dron nocturno. El esposo de una excompañera la vio de madrugada: se levantó metro y medio, cabeza más grande que un motor”.
La reserva alberga 18 guardaparques en puestos de control, tres pueblos originarios –tsimanes, tacanas, mosetenes– y 34 comunidades en Rurrenabaque, San Borja, Palos Blancos y Apolo. En Carmen Florida y Real Beni predominan cultivos, pesca, caza, recolección y turismo emergente.
Margot Pillco, otra guardaparque, destacó el mapajo, árbol emblema: “Las flores sirven para almohadas por su algodón kapok; es maderable, por eso no crecen grandes. En comunidades le tienen respeto único: creen que cobija al dueño del bosque”. Este amazónico de tronco robusto con espinas y raíces puntales provee madera liviana y fibra para rellenos.
Pillco también mencionó la uña de gato: “Es medicinal; varones perdidos en monte la usan por agua, limpia riñones. Sacan corteza para mate o cicatrizar heridas”. En Real Beni, bajo calor sofocante, visitaron un trapiche de madera accionado por guardaparques –y el grupo– para exprimir caña y obtener jugo fresco, labor que evoca métodos tradicionales con mulas o caballos.
La expedición continuó al PN-ANMI Madidi, segunda área protegida más grande de Bolivia, desde Los Andes a la Amazonía. Tras visitar la sede de guardaparques, Alcaldía y una operadora en San Buenaventura, coordinaron con agentes para El Bala y Mashaquipe un domingo soleado y fresco.
Desde el puerto, una hora río arriba llevó al puesto de control de El Bala, en la llanura oriental sudeste. Un guardaparque mostró maqueta en alto relieve de las ecorregiones –cordillera oriental, subandina, llanura oriental– con bosques, ríos, colinas, miradores y comunidades, desde la frontera peruana hasta San Buenaventura y sur, custodiada por solo 24 guardaparques.
Cerca del límite del puesto, un arroyo entre rocas y helechos introduce la espesura amazónica; tras media hora, refrigerio y regreso al bote hacia Mashaquipe, media hora más allá.
Allí, un “ecolodge” ofrece cabañas, comedores en pasto reluciente con palmeras. A metros, un sendero invita: cuatro personas y una guardaparque se internan tras agradecer silenciosamente y pedir permiso a la selva.
Angosto, desbrozado pero pendiente, cruzado por arroyos cristalinos, exige atención: ojos abiertos, manos libres y guantes de albañilería. La biodiversidad abunda: hongos en troncos, piel de serpiente, mariposas con “ojos” en alas, nidos de termitas y posible tapir en agujero.
La guardaparque relató anécdota de jaguares frecuentes en pie de monte: un técnico enfrentó uno, mostró credencial y el felino se alejó. Tras hora de marcha, bifurcación al mirador cerca de Caquiahuara: llanura ribereña, bosques, barrancos –tierra deleznable obliga cautela–.
Con binoculares, se aprecia jatata, pino de monte, palma amarilla, cedro amenazados; fauna icónica: jaguar, paraba, pecarí, marimondó y águila harpía en el parque más biodiverso del mundo.
Existen amenazas persistentes: minería aurífera cooperativista. Recientemente, la Armada desbarató cuatro campamentos ilegales en río Tequeje con pueblos originarios y guardaparques, incinerando motobombas y herramientas.
En ese sentido, esta acción, alineada al pasaporte, da respiro a la biodiversidad y urge replicarse nacionalmente para actuar por vida y naturaleza. (Con información de la Agencia de Noticias Ambientales)

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