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Avanza viento en popa

Severo Cruz Selaez

En política se anota todo lo que se ve, los avances y retrocesos, los aciertos y desaciertos, las lealtades y deslealtades. Elementos que matizaron la actividad política siempre. En democracia y en dictadura. La historia está plagada de esas actitudes, que, en algunos casos, fueron cuestionadas duramente. Es que ciertos protagonistas de la historia, no supieron renunciar oportunamente a sus apetitos. Priorizaron lo suyo y el negocio partidario, menos el interés nacional. Pensaron morir aferrados al Poder.
En ese contexto se ha originado la conspiración. Quienes fueron parte del anterior sistema, ahora promueven la actividad conspirativa. Desde el campo a la ciudad o viceversa. Son aquellos que medraron con recursos fiscales. En la actual coyuntura han perdido sus prebendas y privilegios. Pasan sus días dolidos y lanzan escupitajos, con el propósito de erosionar el nuevo ciclo político que avanza “viento en popa”. Se rasgan las vestiduras ante las acciones de cambio realizadas en tan poco tiempo. Lo que no pudieron hacer durante 20 años.
Cuando uno está “bien parado”, todos buscan aproximarse, cobijarse bajo su sombra. Esperan obtener favores, de aquellos que están bien vistos. Surgen inclusive supuestos familiares. Los adversarios coyunturales doblan la cerviz. Los políticos de antaño, a este respecto, decían: “para los amigos todo, para los enemigos hierro”. En política no se practica el “sana, sana”. Los despropósitos jamás serán superados con buenas intenciones. Las actitudes siempre han marcado el acercamiento o el alejamiento. Quedan cicatrices que no fueron restañadas, dichos que aún hieren y una desconfianza difícil de borrar. No basta disculparse. Una vez quebrantada la confianza, es humanamente imposible reponerla. Hechos y dichos que están inscritos en la historia política. Fenómenos que han sido recurrentes en la República y el Estado Plurinacional.
Quienes fueron desplazados del Poder, buscan desgastar el nuevo ciclo político. Buscan erosionar las bases de sustentación del gobierno nacional. En el supuesto caso de que se vaya el presidente Paz, todos tendrían que irse y convocar a nuevas elecciones. Luego veríamos si retorna el pasado que nos dejó un país en ruinas. Aquellos que han perdido sus canonjías, en una contienda electoral, resultan ahora “más papistas que el Papa”, en defensa de la democracia boliviana, de la moral política, de los derechos humanos, de los recursos naturales, de la canasta familiar. En los 20 años de régimen socialista, no les convenía anotar tales aspectos, porque estaban cogobernando. Estaban succionando los escasos recursos del erario nacional. Y surgieron como los nuevos ricos. Ahora que se les acabó la mamadera hacen berrinches. Tienen derecho al pataleo.
En suma: quienes conocemos la historia democrática, somos partidarios del nuevo ciclo político. Es que no deseamos que el país caiga en un nuevo retroceso. La perspectiva es construir un futuro mejor. De ahí que no compartimos criterios con quienes caminan con anteojeras, como los caballos cocheros.

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