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Geopolítica 2026 ante el nuevo (des)orden mundial y necesidad de una diplomacia profesional

Abraham A. Trillo-Sarmiento

Los que somos especialistas, en geopolítica y conflictos armados, observamos que el Sistema Internacional se desarrolló con tendencia a la generación de policrisis en diversas regiones del planeta. Sin embargo, desde inicios de 2026, se presentaron sucesos que dilucidaron el inicio del nuevo (des)orden mundial, en el que los derechos progresivos individuales y el ejercicio del hard law entre los diversos Estados, perdieron influencia o son casi inexistentes en la práctica.

La reciente reunión en Davos del WEF, brindó un conjunto de declaraciones relevantes que refuerzan lo indicado, por parte de actores clave para el desarrollo de la humanidad y la tecnología. Destacando personalidades como: Donald J. Trump, Elon Musk, Jensen Huang, Mark Carney y otros más. Mismos que, dan cuenta de la importancia de interacción del triángulo virtuoso compuesto por Estados, sector privado y cooperación internacional.

En dicho encuentro destacamos, el discurso del primer ministro de Canadá, el Sr. Mark Carney, quien brindó una descripción acerca del nuevo (des)orden mundial, en el que las geopolíticas de las grandes potencias se convierten en irrestrictas, apoyada en acciones efectivas acorde a sus intereses y seguridad, mientras las normas representarían simples manifestaciones de buena voluntad, apoyados en despliegues de doctrinas de seguridad realistas actualizadas, actuando física y objetivamente en sus respectivos círculos de influencia, en una especie de división “natural” del mundo, por parte de 3 potencias hegemónicas.

Mientras que, por otro lado, aparentemente el multilateralismo tendió a mostrar su accionar a partir de meros discursos apoyados en normas, en el que destacaron sanciones declarativas altisonantes, condenatorias si se quiere, pero en esencia simbólicas y contradictorias que no resolvieron grandes e importantes problemas de conflictividad, desplazamiento y movilidad humana, uso violento de la fuerza y el despliegue de grupos delictivos y terroristas, en situaciones hibridas de alta preocupación para la humanidad, incluyendo el actual ciberespacio.

Para Bolivia, lo descrito por Carney durante su intervención en Davos, debe llamar a la profunda reflexión de gobernantes, empresarios y sociedad civil boliviana en su conjunto. El relacionamiento basado simplemente en normas, esperando sean respetadas y cumplidas, generan simplemente eso, la espera de buena fe y voluntad caracterizadas por la inacción efectiva. Las grandes potencias están estableciendo sus reglas de relacionamiento, en un lenguaje binario, en el que te alineas o no, eres parte de la solución o del problema, estás a favor o en contra, no brindando espacio para posturas timoratas y “pragmáticas” acorde al mejor postor.

Lo planteado por el Primer Ministro canadiense, es lapidario al afirmar que ya no se puede vivir en la mentira, es imposible hacerlo, el orden internacional basado en normas y principios no fue real, simplemente fue conveniente en algún momento por la previsibilidad que brindaba, aplicándose el derecho internacional acorde al lado en el que se exigía su cumplimiento, supeditado a la voluntad y conveniencia de las potencias más fuertes, según sus propios intereses.

La soberanía resiliente de cada país, en este caso del nuestro, no dependerá simplemente del “respeto” a las normas que se pueda exigir, sino de las capacidades de defensa y previsibilidad para protegerla que desplieguen todos sus actores, en el que las guerras híbridas impulsadas por el crimen organizado y actores paraestatales, deben ser observadas con mucho cuidado. El desarrollo de capacidades estratégicas autónomas no son opciones, son necesidades en un nuevo sistema de (des)orden internacional. Como bien lo indicó Carney en su discurso “la nostalgia no es una estrategia”, buscando así agrupar a las potencias medias.

La diplomacia profesional, debe estar al frente, apoyado en nuevas visiones y capacidades de relacionamiento internacional, en el que la Política Exterior debe construirse y erigirse a partir de una visión con plazos debidamente establecidos. La aceleración de los cambios en el mundo impulsa respuestas rápidas. La desestructuración de la diplomacia boliviana, es solucionable, pero requiere decisiones de rigor y visión de avanzada, sin desidia, recordando que mientras mantengan a los operadores de regímenes anteriores, nada cambiará y mucho menos se debe esperar suceda, como bien lo manifestó un físico famoso en algún momento.

 

El autor es diplomático e internacionalista.

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