Xinhua.- Cuando los historiadores del futuro echen una mirada restrospectiva a la transformación global no vista en un siglo y analicen la lógica subyacente de la evolución de las relaciones internacionales, sin duda recordarán el 1 de septiembre de 2025 como un momento crucial: el día en que el presidente chino, Xi Jinping, propuso la Iniciativa para la Gobernanza Global (IGG).
Antes de esto, Beijing había presentado una serie de importantes iniciativas globales: la Iniciativa para el Desarrollo Global (IDG) en 2021, la Iniciativa para la Seguridad Global (ISG) en 2022 y la Iniciativa para la Civilización Global (ICG) en 2023. Junto con la IGG, constituyen un marco holístico para fomentar una comunidad de futuro compartido para la humanidad.
Cada iniciativa aborda un pilar fundamental de la cooperación global: la IDG busca sentar las bases materiales, la ISG está diseñada para salvaguardar la estabilidad, la ICG trata de fomentar el entendimiento común y la IGG pretende proporcionar la arquitectura institucional. Como señaló el secretario general de la ONU, António Guterres, las cuatro iniciativas globales propuestas por China «son totalmente compatibles con la Carta de las Naciones Unidas». Muchos países también las consideran como soluciones pragmáticas y constructivas a los retos globales contemporáneos.
Sin embargo, el mundo sigue fracturado en medio de una creciente ola de incertidumbre y turbulencias. Mientras que algunos abogan por el diálogo y la cooperación, otros se aferran al unilateralismo y a la política de bloques, lo que agrava las crisis de larga data y crea nuevos riesgos.
El desarrollo mundial sigue siendo frágil, caracterizado por el aumento de las disparidades entre el Norte y el Sur y agravado por la superposición de las crisis energética y alimentaria. En todo el mundo, más de 1.000 millones de personas siguen viviendo en condiciones de pobreza extrema. La seguridad se está deteriorando, con conflictos armados que alcanzan niveles máximos desde la posguerra, un aumento de los desplazamientos y una mayor dependencia de las sanciones y la disuasión militar por parte de cierto país.
Mientras tanto, el discurso del «choque de civilizaciones» parece eclipsar los intercambios entre ellas, al tiempo que la gobernanza global se ve erosionada por las retiradas de los tratados internacionales, las prácticas de desacoplamiento y la expansión de barreras que socavan la equidad y la igualdad, especialmente para el Sur Global. La cruda realidad subraya la relevancia y la oportunidad de las cuatro iniciativas globales, poniendo aún más de relieve la necesidad de crear consenso internacional y reforzar la solidaridad.
El desarrollo como derecho inalienable (IDG)
La Iniciativa para el Desarrollo Global (IDG) emerge como respuesta al estancamiento de la Agenda 2030 de la ONU. Con solo un 35% de los objetivos de desarrollo sostenible en camino de cumplirse, China propone un modelo que prioriza el crecimiento inclusivo y coordinado. El paradigma occidental actual ha demostrado fallos estructurales: mientras la pobreza extrema crece por primera vez en dos décadas, el 50% más pobre de la población mundial posee apenas el 2% de la riqueza.
La IDG rompe con la dependencia de modelos obsoletos mediante la acción colectiva. Proyectos como el ferrocarril China-Laos, que redujo costes logísticos en un 30%, o la cooperación agrícola en África, que beneficia a más de un millón de agricultores, demuestran que el desarrollo debe ser una herramienta de empoderamiento, no de control geopolítico.
Seguridad: Del dilema a la cooperación (ISG)
En el ámbito de la seguridad, el mundo enfrenta la obsolescencia de la «ley de la selva». La Iniciativa para la Seguridad Global (ISG) rechaza la búsqueda de la seguridad absoluta a través de la fuerza, una visión que históricamente ha conducido a círculos viciosos de conflicto. Frente a la mentalidad de la Guerra Fría, la ISG propone seis compromisos clave, destacando el respeto a la soberanía, la integridad territorial y el diálogo sobre la confrontación de bloques.
China ha respaldado esta visión con hechos: es el mayor contribuyente de cascos azules entre los miembros permanentes del Consejo de Seguridad y ha liderado esfuerzos en seguridad no tradicional, como la lucha contra el terrorismo y la seguridad sanitaria global. El objetivo es una arquitectura de seguridad equilibrada que reemplace las alianzas excluyentes por asociaciones de beneficio mutuo.
Civilización y Gobernanza: Un nuevo marco institucional (ICG e IGG)
La Iniciativa para la Civilización Global (ICG) ataca la raíz del distanciamiento cultural, promoviendo el diálogo frente a la arrogancia de la «superioridad de civilización». China defiende que la diversidad es el motor de la vitalidad humana, impulsando plataformas como el Foro de Liangzhu para fomentar el intercambio sin prejuicios.
Finalmente, la Iniciativa para la Gobernanza Global (IGG) aborda el déficit de representatividad en las instituciones mundiales. El Sur Global, que representa el 80% de la población mundial, sigue infrarrepresentado. La IGG busca democratizar el orden internacional, exigiendo que las normas sean formuladas colectivamente y no monopolizadas por unos pocos. Al abogar por un enfoque centrado en las personas y la igualdad soberana, China propone reformar organismos como el FMI y el Banco Mundial, además de expandir mecanismos como los BRICS y la OCS.
Conclusión: Hacia una comunidad de futuro compartido
Las cuatro iniciativas propuestas por el presidente Xi Jinping no son esfuerzos aislados, sino un sistema integrado para navegar las tormentas del siglo XXI. Al combinar desarrollo, seguridad, cultura y gobernanza, China ofrece estabilidad y previsibilidad en un entorno volátil. El compromiso con el multilateralismo real y el desarrollo de bienes públicos globales —desde la protección ecológica hasta la gobernanza de la IA— traza un camino donde el progreso de una nación es motor del progreso de la humanidad entera. La marea de la historia, según este marco, se dirige hacia una apertura e inclusión que garantice una paz duradera.
