“Nadie es monedita de oro, para caer bien a todos”, reza un conocido refrán. Es que siempre hubo criterios encontrados. En la actividad política, en particular. Unos estuvieron de acuerdo y otros no. Nadie pudo lograr consenso ni unanimidad. Ello es natural, no habría que preocuparse. Lo bueno es que el curso de la historia cambia permanentemente. Los protagonistas de la política, se acomodan también a esa realidad.
Lo que se destruyó, en veinte años, es difícil reconstruirlo, menos en dos semanas. Nadie tiene varita mágica para revertir el desastre. Ni los que medraron en un Estado Plurinacional. Ellos que se enriquecieron a nombre de los pobres. Cuando Bolivia, a principios del 2000, se había convertido, después de Venezuela, en el segundo país de reserva de gas natural de Sudamérica. Entonces había gas abundante, estimado en 53.2 trillones de pies cúbicos. El milagro correspondía a los gobernantes de la era republicana. Entre militares y civiles. Sus esfuerzos hicieron posible esa riqueza energética. “Al pan, pan, y al vino, vino”, obviamente. Pero ahora tiende a agotarse. Los ingentes recursos que generó, fueron dilapidados alegremente. Al extremo que estamos conminados a recurrir a fuentes externas en busca de dólares. Ni el tiempo ni los insumos son suficientes, para cerrar la cloaca que dejaron los “enviados”. Una de tinte socialista.
Posiblemente no es tarea sencilla lograr un diagnóstico de la realidad nacional. Que permita encarar medidas, que signifiquen el ciclo del cambio. Que difiera con el anterior sistema, que nos dejó un país en retroceso, quebrado. Con los bolsillos vacíos. Sin combustibles, sin dólares, sin empleos y con una elevada canasta familiar. El tiempo del despilfarro corresponde al pasado. Ahora debemos cuidar hasta el último centavo. La coyuntura nos conmina asumir la austeridad y mayor trabajo para salir de la crisis. Públicos y privados deben poner el hombre a la Patria en ruinas. Deben redoblar esfuerzos, para alcanzar días mejores.
Hay gente que exige medidas a favor de los pobres. Que son muchos, en el contexto nacional. Quienes fueron empobrecidos, por los gobiernos de turno. Que sobreviven con la cacerola vacía. Golpeados por un elevado costo de vida. No obstante que Bolivia registró una bonanza económica, en los tiempos del auge gasífero. Pero la pobreza ha continuado ensanchando sus cauces. Hoy como ayer, indudablemente.
La maquinaria propagandística de quienes fueron desplazados del Poder es enorme. Con ramificaciones en el interior y el exterior del país. Es tendenciosa y tergiversadora de la verdad histórica. Funciona en el marco de sus objetivos ideológicos. Aprovecha la potabilidad democrática para ese cometido. Poco o nada les interesa la situación del país. Les interesa, muy particularmente, estar vigentes y demostrar a sus mentores, posiblemente extranjeros, que tienen “la sartén por el mango”. Y que pueden hacer de las suyas.
En suma: el Gobierno debe asumir una actitud apegada a los supremos intereses nacionales.
En dos semanas
Severo Cruz Selaez
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