En 1993, Xabier Azkargorta recibió una Selección Boliviana totalmente desmotivada y la transformó en poco tiempo en una máquina de sueños para los bolivianos. Las circunstancias lo favorecieron. Había una camada de jugadores talentosos; ahí estaban Borja, Melgar, Trucco, el “Diablo” Etcheverry…
El expresidente Carlos Mesa publicó un artículo en el que dijo que Azkargorta fue “el más grande director técnico de la historia del fútbol boliviano y un inmenso y entrañable ser humano”. El “Bigotón” asumió un desafío gigantesco, insuflando esperanza en millones, aun cuando las ilusiones no eran grandes, pues la constante de la bolivianidad es el lamento y la baja autoestima. ¿Qué boliviano no recuerda ese gol del “Diablo” Etcheverry en el Hernando Siles?, cuando, incansable, aquél venció al defensor brasileño Valber y luego disparó una pelota que rebotó en el botín de Taffarel, para concluir todo en un gol que nos dio la clasificación al Mundial del 94. Ese 2 a 0 rompió, además, el invicto de cuatro décadas de Brasil en Eliminatorias.
Fue médico de profesión, pero pronto se dedicó al fútbol. Dirigió primero el Lagun Onak, y después el Espanyol, el Valladolid y el Tenerife. También trabajó en el Real Madrid. A nivel de clubes, dirigió equipos en Japón y México. En total, fue director técnico de 13 clubes y de dos selecciones nacionales, las de Bolivia y Chile.
Su filosofía no se circunscribía solo al campo de juego, a la cancha, a la técnica de chutear o armar jugadas. Infundió en el plantel y en la hinchada una mentalidad ganadora y de lucha, un profundo respeto por la camiseta y el convencimiento de que el talento boliviano, sumado al profesionalismo y la disciplina, podía competir con los grandes del momento.
La clasificación a Estados Unidos 1994, el último Mundial que Bolivia ha disputado, fue el resultado de una gestión planificada y esmerada, una planificación a largo plazo y una visión clara, como debería hacerse siempre y en todo. La huella del entrenador español, que incluso decidió ser enterrado en suelo boliviano porque hizo de este su patria definitiva, es un recordatorio constante de que las cosas buenas sí son posibles cuando se quiere y se trabaja en consecuencia.
El reciente fallecimiento del “Bigotón” no solo fue motivo de luto nacional, sino que además fue un recordatorio de que las cosas, en este caso el fútbol, pueden ser bien hechas cuando hay pasión y entrega, cuando se trabaja duro y se lucha. Bolivia tocó el cielo con las manos hace más de 30 años, ¿por qué no podría volver a hacerlo ahora? Cuando haya más personas como Xabier Azkargorta al mando no solo del deporte, sino además de la política y la cultura, habrá motivos para la esperanza.
El legado del “Bigotón” es inmarcesible; los bolivianos siempre recordaremos aquellas gloriosas jornadas de gol y triunfo, cuando en nuestros pechos no cabía la emoción de sabernos entre los grandes. ¿Qué se necesita ahora para ver nuevamente a estrellas llevarnos al Mundial? ¿Esa actitud de triunfo y fair play no sería la misma que se necesitaría en la política?
El legado del Bigotón
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