Lazos: Beni

Ernesto Julián Bedregal Patiño

Beni es un departamento con mucho potencial turístico, resalta por su riqueza gastronómica y cultura enigmática, cuna de grandes civilizaciones precolombinas, todavía se siente su presencia ancestral. Su exuberante belleza destaca por albergar los humedales más grandes del mundo, y brindar una experiencia visual única con paisajes deslumbrantes, “y como el sol que surge en el oriente e ilumina los llanos y la sierra, es para Bolivia nuestra tierra, promesa de ventura, paz y unión”.
Existe una energía divina que se manifiesta a través del agua, su conexión con las deidades es inquebrantable, gracias a nutridos lagos y benditos ríos que forman parte de la cuenca amazónica. El majestuoso Jichi sigue siendo el guardián de la Cultura Hidráulica de las Lomas, con su gigantesco cuerpo alargado cubierto de escamas, y sus ojos de serpiente que jamás se cierran, se desplaza en libertad por las corrientes fluviales, sin ser detectado por los mortales.
Beni es una tierra singular de aura misteriosa, de inagotables encantos, que antiguamente fue el hogar de los dioses más poderosos del elemento vital, de quienes se conoce muy poco; no porque sean menos relevantes, sino porque son seres de temperamento llano, seres libres de ostentación, seres transparentes de un enorme compromiso con el Gran Moxos, entrega total que los elevó a lo más alto del panteón, y los premió con el anonimato.
Canibaba Kilmo, también llamado Canibaba Kilure, es el único Dios que a veces se deja ver, a causa de su carácter rebelde y de tener ciertas diferencias con el resto de los dioses. Es un ser de condición no corpórea y amorfa, custodio de la mitología movima, que habita las zonas más densas del bosque tropical; su personalidad es compleja, su espíritu es malicioso, se revela ante nuestros ojos como personas conocidas o animales domésticos, simplemente para hacer de las suyas.
Aparte de su misticismo selvático, la ciudad también goza de encanto: la Plaza Principal con su fuente de agua rodeada por calles emblemáticas, el monumento al progreso del Beni, la alcaldía de Trinidad; el monumento a la Madre India, la Catedral con sus altos campanarios, el monumento a Cipriano Barace, y podría seguir; Beni es un sitio mágico, lleno de conocimiento tradicional, como la música que fue compuesta por el maestro Rogers Becerra Casanovas.
De sencillez coloquial pero alma impetuosa, al igual que las letras de Luciano Durán Böger, como bien dijo en uno de sus fervientes poemas: “con el movimiento de la sangre hacemos nuestro porvenir”; de esa manera el pueblo beniano enardece su espíritu, para construirse como hombres y mujeres de bien, para consagrarse al servicio de nuestra amada Bolivia, y poder decir con el pecho henchido de orgullo, que son hijos de las Tierras de Enín.

El autor es Comunicador, poeta, artista.

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