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La importancia de la familia tradicional

El mundo no sabe por dónde caminar. A lo largo de milenios, el hombre fue edificando soberbias filosofías que siempre resultaron rebasadas por la realidad, más compleja y soberbia aún. Las mentes de los hombres son insaciables, pero no lo son menos sus corazones. El sentido de la vida ha sido una de las preocupaciones más importantes en la andadura humana en la tierra, más allá de las necesidades materiales y tangibles. Se puede decir que desde el Siglo XVIII el ser humano confirió a la ciencia y la técnica su confianza, y luego las ideologías políticas del Siglo XX dieron la vana esperanza de un futuro luminoso…
El mundo parece estar lejos de la idea de Dios y aquellas tradiciones que le daban a la sociedad algo de sentido y cohesión. Como advierte el libro de Isaías, muchos pueblos parecen estar torcidos; economía, relaciones humanas, trabajo, vida familiar… todo parece estar en decadencia, y esta realidad trágica tiene su origen en la soberbia humana.
En las últimas décadas, tal soberbia se vio representada en las ideologías progresistas y de izquierda que distorsionaron la institución más importante y más antigua de la humanidad: la familia (en realidad, el matrimonio). Las ideologías que trataron de emancipar al individuo haciéndolo cuestionar los vínculos familiares y nucleares de una sociedad permanecen, al igual que la infelicidad de las sociedades. En Bolivia, fueron el MAS y algunos colectivos populistas, los portadores de tales ideologías.
Por fortuna, el camino hacia el futuro no parece ser sí o sí una de esas ideologías que no están trayendo al hombre sino atomización, inestabilidad e incertidumbre. En este sentido, el nuevo gobierno de Rodrigo Paz parece estar en una senda más acertada. Paz ha incorporado la revalorización de la familia como un concepto moral y social para la reconstrucción del país. En el periodo proselitista, Paz enfatizó el lema “Fe, familia y patria”, posicionando a la familia no solo como el núcleo de la sociedad, sino también como un símbolo de estabilidad, confianza y unidad nacional en un contexto de crisis multidimensional.
Más allá de la retórica, la concreción de esta revalorización en políticas gubernamentales permanece como un desafío, teniendo en cuenta la destrucción que deja el antiguo régimen de 20 años. Si bien se ha destacado la importancia de la unidad familiar, los anuncios iniciales de su gobierno se han centrado en medidas económicas, como la reducción de impuestos, la reforma del sistema cambiario y la descentralización de recursos, con el objetivo de aliviar la canasta familiar y posibilitar otras oportunidades. La mención de la “familia” ha servido principalmente como un principio moral, más que como un programa de bienestar social, aunque se espera que las reformas prometidas por su administración aborden eventualmente el fortalecimiento familiar como parte de un cambio.
Una sociedad feliz no es aquella que tiene solo emancipación individual y material, sino también sólidos vínculos maritales, fraternos y filiales. Lo está demostrando la historia universal.

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