Miles de manifestantes se reunieron en la favela de Río que esta semana sufrió la operación policial más mortífera de la historia de Brasil para exigir una investigación sobre los asesinatos y el fin de las políticas de seguridad que han convertido los barrios obreros en “zonas de guerra”.
Cerca de 121 personas, entre ellas cuatro policías, murieron el martes durante un asalto policial al Complexo da Penha y al Complexo do Alemão, dos grandes conjuntos de favelas en el norte de Río de Janeiro. El operativo acaparó titulares internacionales cuando decenas de cuerpos mutilados fueron abandonados a la entrada de una de esas favelas.
El viernes por la tarde, manifestantes vestidos de blanco se congregaron en el campo de fútbol de Vila Cruzeiro para condenar la violencia y exigir la destitución del gobernador derechista de Río de Janeiro, Cláudio Castro, quien ordenó la ofensiva. Una mujer portaba sobre sus hombros la bandera verde y amarilla de Brasil, manchada con pintura roja.
“No queremos un Río de Janeiro de sangre. Tenemos que detener este derramamiento de sangre en Río de Janeiro”, declaró a la agencia de noticias de la favela Voz das Comunidades la manifestante Raimunda Leone, residente de Chapadão, una comunidad cercana. “Ninguna madre quiere ver a su hijo tendido en el suelo, acribillado a balazos”.
Mientras el grupo avanzaba cantando y coreando consignas por las calles de la comunidad, plagadas de agujeros de bala, sus líderes desplegaron una pancarta que decía: “Las vidas de las favelas importan”.
“Todos nos sentimos devastados”, expresó Jurema Werneck, directora de Amnistía Internacional Brasil. “Es muy triste ver lo que está sucediendo en nuestras comunidades. Es terrible lo que están sufriendo las personas que viven allí… Quienes viven en zonas de guerra comprenderán este dolor, esta desesperación y esta revuelta”.
Más temprano ese mismo día, los responsables de seguridad defendieron su operación; el jefe de la policía civil, Felipe Curi, la calificó de respuesta legítima a la “furia expansionista” del Comando Vermelho (del portugués, Comando Rojo), facción del narcotráfico cuyos soldados de infantería fuertemente armados controlan la región.
“Hemos recibido comentarios increíbles sobre la operación por parte de los residentes de la favela, quienes nos elogian, nos felicitan y piden más operaciones como esta”, afirmó Curi, insistiendo en que la policía había asestado un “duro golpe” al grupo criminal y había estado “a punto” de capturar a su jefe local.
Curi detalló que 78 de los 99 fallecidos identificados hasta el momento tenían antecedentes penales. En una clara muestra de la creciente influencia del Comando Rojo en Brasil, al menos 21 de los muertos eran originarios de tres estados amazónicos: Amazonas, Pará y Mato Grosso.
Pero en la manifestación del viernes, hubo indignación cuando los residentes locales y los activistas de derechos civiles denunciaron, lo que calificaron como una masacre dirigida contra las favelas marginadas, que tienen poblaciones predominantemente negras.
“Su dolor es mi dolor”, sostuvo Priscila Barros, residente de la favela Jacarezinho, a Voz das Comunidades, mientras sostenía un cartel que decía: “¡Basta!”. Hasta esta semana, Jacarezinho ostentaba el récord de la operación policial más mortífera de la historia, con 28 personas asesinadas allí en mayo de 2021.
“Nunca había visto tantos cadáveres juntos y espero no volver a verlo jamás”, manifestó Werneck. “Cláudio Castro tiene las manos manchadas de sangre, y no es la primera vez. Pero esta vez se pasó de la raya, superando con creces lo que podíamos imaginar”.
Los expertos en seguridad también condenaron la operación como una matanza sin sentido que no contribuirá en nada a poner fin al conflicto de drogas que azota Río desde hace 40 años.
Silvia Ramos, coordinadora del Centro de Estudios sobre Seguridad Pública y Ciudadanía de Río de Janeiro, calificó la represión de las favelas como “desastrosa, trágica y salvaje” y “una vergüenza internacional”.
Ramos afirmó que miles de jóvenes negros y pobres de las favelas habían sido asesinados a tiros desde la década de 1980, durante innumerables operativos policiales que no lograron una paz duradera. “(Los gobernadores de Río) saben, y nosotros también, que este operativo no cambiará absolutamente nada, ni un ápice, en lo que respecta a la posición del Comando Rojo en Río o en Brasil… el Comando Rojo estará igual de organizado, o quizás incluso más, que antes”, dijo.
Cecília Olliveira, especialista en seguridad cuyo grupo, Fogo Cruzado (Fuego Cruzado), monitorea la violencia armada, calificó la operación como “un retrato de un gobierno que sustituyó la política por el espectáculo”. (The Guardian)
Brasil
Miles de personas protestan en favela tras redada policial
> Los manifestantes exigen una investigación, luego de la operación del martes en la que murieron al menos 121 personas.
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