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La permanente relación entre energía y desarrollo humano

Héctor Antonio Uriarte Peláez

Hace muchos años, la Organización de Naciones Unidas (ONU), vio que necesitaba de un “índice” que le permita estimar el nivel de desarrollo de un determinado país y entonces inventó el “Ingreso per cápita”, el cual era una elemental cuantificación, resultante de dividir anualmente el Producto Interno Bruto (PIB) de dicho país entre su número de habitantes, obteniéndose un parámetro que relacionaba $us/habitante, dato que eventualmente podía ser sumamente ficticio. Ahora bien; un estudio genealógico del concepto indica que éste ya era utilizado en los años 60, 70 y 80 por la ONU, el Banco Mundial y el Programa de Naciones Unidas para el Desarrollo (PNUD), que adopta el concepto en su Informe de Desarrollo Humano (IDH) de 1990. Y en ese primer Informe se presentó el IDH como un índice compuesto y multidimensional que permitiría medir, en promedio, la calidad de vida de las personas en términos de salud, educación e ingresos.
Por lo tanto, al presente el desarrollo humano es concebido como el proceso mediante el cual los gobiernos deben ampliar las oportunidades y capacidades de las personas, no solo enfocándose en el crecimiento económico, sino también en el bienestar, la salud, la educación y el acceso a un nivel de vida digno. “Se trata de un enfoque que busca que las personas puedan expandir sus capacidades para ser, vivir y tener cosas valiosas de forma equitativa y sostenible”. Así, la creación del IDH permitió disponer de una herramienta innovadora, al crear un parámetro de referencia para medir el desarrollo social y económico de las personas de un país o una región. Concretamente, el IDH, compuesto por las tres dimensiones ya mencionadas –salud, educación e ingresos–, permitió trascender la consideración del ingreso per cápita como única medida del bienestar.
Enfocando estas tres dimensiones corresponde lanzar las siguientes cuestiones: ¿para alcanzar buenos niveles de salud es necesaria la energía?, si se requiere una educación crecientemente innovadora, ¿es posible hacerlo sin energías?, ¿lograr mejores ingresos (generar fuentes de empleo productivas), demanda seguridad y soberanía energéticas?
Responder estos tres interrogantes, no resulta muy difícil, ya que el amable lector afirmará, en todos los casos, que sin energía no puede ni podrá haber desarrollo humano… Entonces, ¿qué pensar o qué decir cuando se escucha al Ministro de Hidrocarburos y Energías proclamar a los cuatro vientos que el gobierno del “hermano presidente Lucho” solo garantiza la provisión de hidrocarburos (gasolina y diésel) hasta el 8 de noviembre?

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