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Declaración sobre Estado fallido

Eric L. Cárdenas del Castillo

Hace unas décadas, un político norteamericano declaró que había en el mundo Estados fallidos, y como ejemplo dijo: “si Bolivia desapareciera no tendría impacto alguno en las otras naciones”, indudablemente se refirió a aquellos Estados que en América y África no acaban de consolidarse como Estados modernos.
La presidente del Perú en su mensaje al congreso al conmemorarse un aniversario más de su independencia, hizo referencia a la situación de algunos países que son considerados estados fallidos, como Cuba, Venezuela y Bolivia. Un diputado de la desaparecida organización política Comunidad Ciudadana, que figura como diplomático, salió a los medios pidiendo que, por medio de la Cancillería, se pida una disculpa por esa declaración, pero el Ministro de Relaciones Exteriores peruano, ratificó los términos de la declaración presidencial.
A la luz de la racionalidad política, inferimos que la declaración de la presidente peruana, hizo referencia a que en estos países y otros que no mencionó, sus sociedades viven sometidas a regímenes dictatoriales, como es el caso de Cuba, Venezuela y algún otro país en nuestro continente, en los que las carencias de bienes y servicios, han determinado una situación de grave afectación a los derechos humanos, y un estado de pobreza generalizada que ensombrece los niveles de vida, alejándose de los parámetros de otros países del orbe.
Si bien es cierto que, en nuestro país, la crisis no ha llegado a los niveles en los que se vive en las dictaduras socialistas en nuestro continente y en el mundo, no es menos cierto que atravesamos una situación difícil, en todos los órdenes de la vida institucional del Estado boliviano, por la falta de dólares en el mercado, lo que ha encarecido el costo de vida en más del 100%, en especial cuestan más los artículos importados, que llegan a un 80% de los requerimientos de consumo; la falta de carburantes perjudica el normal desarrollo de las actividades económicas y sociales. Una situación en la que la justicia es casi inexistente y carece de independencia ante el Órgano Ejecutivo. Una sociedad en la que más del 80% de la población económicamente activa, está en la informalidad, pues de más de 7 millones de individuos que están en el padrón electoral, solo un millón paga tributos al Estado. Esa población en la informalidad, además carece de derechos sociales y vive la mayoría en niveles de subsistencia. Una sociedad en la que la educación es de muy baja calidad y los servicios de salud, son deficientes. La corrupción en el aparato del Estado y fuera de él, es de niveles alarmantes.
A las carencias anotadas de nuestro Estado, podríamos agregar muchas otras, como la anomia jurídica, la crisis de liderazgo, la demagogia populista, la ineficacia de un Estado que no puede cumplir con las necesidades de su población y, fundamentalmente, mal gobernada, que ha de recordar los 200 años de su fundación, en medio de una incertidumbre social por el futuro, que está amenazado por negros nubarrones, si la misma sociedad no reacciona colectivamente, en procura de dotarse de un gobierno que pueda atender las carencías de la hora presente.
Nos preguntamos: ¿ha sido acertada la afirmación de la presidente del Perú, al señalarnos como un Estado fallido, junto a otros países sudamericanos, como Cuba y Venezuela a cuyos gobiernos estamos estrechamente ligados? ¿Debemos representar diplomáticamente, lo expresado por esa alta autoridad?
A los ojos del mundo, el caso boliviano es motivo de comentarios periodísticos y de opinión, pues los medios de comunicación informan sobre nuestra situación, y son publicadas fotos de miles de vehículos en las vías urbanas, que hacen filas durante días para poder abastecerse de carburantes; los bloqueos durante varios días en carreteras, organizados por grupos que responden a dirigentes del populismo socialista. Se informa sobre el abandono de funciones diplomáticas y consulares de representantes bolivianos en el exterior, porque no han percibido sus salarios.
Todo lo que hemos relatado, puede tener una vía de solución, que el pueblo acuda a votar en las próximas elecciones, por un candidato que tenga experiencia en las labores de gobierno, que tenga buenas relaciones con organismos internacionales de crédito, que tenga suficiente autoridad para encarar situaciones difíciles que se van a presentar, al ser tomadas medidas urgentes para encarar el cuadro de deterioro económico y social, y fundamentalmente que tenga un espíritu patriótico indeclinable.

El autor es Abogado, Politólogo, escritor y docente universitario.

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