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Gobernanza democrática en la era de la IA

Rolando Coteja Mollo

En el umbral de una nueva era, la inteligencia artificial (IA) ha trascendido su concepción futurista para convertirse en una realidad que permea múltiples facetas. Su capacidad para reconfigurar industrias enteras, optimizar servicios públicos y transformar la dinámica de la vida cotidiana es innegable, prometiendo cambios aún más profundos. Sin embargo, esta revolución tecnológica plantea desafíos en la gobernanza democrática, que no pueden ser ignorados ni minimizados. Es un imperativo desarrollar marcos regulatorios que sean tanto efectivos como participativos, garantizando así que los beneficios de la IA se distribuyan equitativamente y que sus riesgos se mitiguen, asegurando que esta tecnología disruptiva sirva a todos.
La presencia de sistemas de IA ha superado la capacidad de las estructuras institucionales para desarrollar marcos regulatorios, la asimetría entre la velocidad exponencial de la innovación tecnológica y la respuesta más lenta de las instituciones políticas y legales ha generado un vacío de gobernanza. Esto ha permitido que decisiones sobre el desarrollo y despliegue de la IA queden en manos de grandes corporaciones tecnológicas, con una supervisión democrática y una participación ciudadana que, en muchos casos, es limitada o inexistente.
La ausencia de marcos de gobernanza ha contribuido a la amplificación de sesgos algorítmicos que pueden perpetuar o exacerbar desigualdades sociales, a la ocurrencia de violaciones de la privacidad debido a la recopilación y uso indebido de datos, y a una concentración de poder en un número reducido de entidades tecnológicas.
Para que la gobernanza de la IA alcance un nivel de efectividad, se requiere la implementación de estrategias multifacéticas que involucren a una amplia gama de actores sociales. Se requiere un enfoque de “gobernanza participativa anticipatoria”, que incorpore mecanismos deliberativos para anticipar y comprender los posibles impactos sociales de la IA incluso antes de su implementación masiva.
Floridi y Cowls (2022) enfatizan la importancia de desarrollar principios éticos operacionalizables, es decir, que puedan traducirse en prácticas concretas y tangibles de la IA: desde su concepción y diseño hasta su desarrollo y despliegue final. Su marco de “ética aplicada de IA” proporciona herramientas prácticas y metodologías para evaluar las tecnologías desde perspectivas como la justicia distributiva, la preservación de la autonomía humana y la promoción del bienestar social.
Los gobiernos, tienen un papel que desempeñar en la socialización efectiva de la IA, esta responsabilidad trasciende la regulación y abarca también la educación de la ciudadanía, la facilitación de diálogos inclusivos entre diversos actores y la creación de infraestructuras que democraticen el acceso a estas tecnologías. La experiencia de países como Estonia, que ha implementado programas de alfabetización digital con componentes dedicados a la comprensión de la IA, demuestra que una socialización efectiva puede reducir las brechas en la adopción tecnológica y fomentar un uso más informado y responsable.
Una socialización adecuada de la IA requiere, además, un compromiso con la transparencia en el funcionamiento de estos sistemas, las iniciativas de “IA explicable”, que buscan hacer comprensibles los procesos de toma de decisiones de los algoritmos, han mejorado la confianza pública y la adopción responsable de sistemas automatizados.
Dada la naturaleza transfronteriza de la IA, una gobernanza que se limite a los marcos nacionales resulta insuficiente para abordar sus implicaciones globales, existe una creciente fragmentación regulatoria a nivel internacional como uno de los principales obstáculos para lograr una gobernanza efectiva y coherente de la IA.
Los marcos regulatorios que se están desarrollando en diferentes regiones del mundo revela divergencias que podrían estar creando “paraísos regulatorios”, donde las empresas tecnológicas buscan eludir estándares más estrictos estableciéndose en jurisdicciones con regulaciones menos exigentes. La Unión Europea, con la promulgación de su Reglamento de Inteligencia Artificial (Reglamento (UE) 2024/1689), representa un intento ambicioso de establecer un marco regulatorio regional coherente y comprehensivo.

El autor es politólogo-abogado y docente universitario.
rcoteja100@gmail.com

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