La población está inmersa en la incertidumbre, con relación a las elecciones generales. Aún no tiene la certeza de si llegará o no a las urnas, para elegir a los gobernantes que conducirán el destino nacional en los próximos años. Es que se ciernen las amenazas en contra de ese evento, de quienes pretenden imponer intereses mezquinos, sectarios y particulares. El proceso, que debe culminar el 17 de agosto, está, por lo visto, en riesgo, a raíz de tales despropósitos. La ciudadanía, sin embargo, ha reiterado su vocación democrática, aceptando las reglas de juego, que regirán en esa ocasión. Será protagonista de la “fiesta electoral”, para que Bolivia asuma nuevos derroteros, en el renglón económico, particularmente, y que signifiquen progreso, con desarrollo sostenible. Bienestar social, con una canasta familiar accesible, como anhelan los bolivianos, en su mayoría.
Algunos desquiciados creen, sin embargo, que son dueños de la voluntad popular. Y que pueden disponer de ella, en cualquier momento. En dictadura también pensaban de la misma manera. Amenazaron e intimidaron con alevosía, a gobernantes y gobernados, con el propósito de obstruir el proceso electoral. E inclusive ensangrentaron, con ese objetivo, el rostro de la Patria, en su bicentenario. Actitud que ha lastimado el sentimiento y la dignidad de quienes impulsaron la recuperación del sistema democrático. Lo hicieron quienes estuvieron comprometidos con fuerzas autoritarias de la región, debilitando, por lo tanto, la democracia, restituida hace más de 40 años. Pero nadie es dueño de la voluntad popular, porque ella es soberana ante la historia y los hombres. Su decisión siempre ha trastrocado las facetas del quehacer político en todos los tiempos. Tratan de promover falsas expectativas e impresionar a la opinión pública, con que, tan solo con su voz de mando, el movimiento popular se volcará, en respaldo de sus intereses particulares.
Pese a esos obstáculos, Bolivia se enrumba decididamente hacia la meta electoral del 17 de agosto venidero. Pese a los bloqueos, a las zancadillas y amenazas, la esperanza de un cambio profundo, en democracia, tiende a concretarse, por el bien común. No habrá quién lo detenga, para pesar de los violentos. Algunos protagonistas, en la competencia respectiva, avanzan resueltamente y otros se quedaron rezagados, en medio camino. “A llorar al río”, les dijeron sus adversarios.
Fuerzas obscuras pretenden acabar con el legado democrático de nuestros mayores. Con el Estado de Derecho y el sistema de libertades que construyeron derramando fuertes dosis de sangre y lágrimas en las mazmorras y en el exilio. Con esas acciones promueven el retroceso político, con el afán de satisfacer sus apetitos personales. Con tales hechos empañaron la imagen democrática del país, en el contexto latinoamericano. Es hora de liberarnos, lo antes posible, de esas actividades grupales, que no buscan otra cosa, que la confrontación. De rechazar tales posturas, asumiendo respuestas democráticas.
En suma: la credibilidad de los políticos permitirá fortalecer la democracia de nuestros tiempos.
Inmersos en la incertidumbre
Severo Cruz Selaez
- Advertisment -
