Como sucede en Venezuela debido a su dictadura, día tras día en Bolivia se produce una diáspora de jóvenes que no ven horizonte en su país de origen. La salida se va dando de poco en poco, silenciosa, pero es una realidad que puede dejar en el mediano plazo vacío el país; vacío de masa trabajadora, energía, talento y sueños, pues el trabajo, la energía, el talento y los sueños son atributos casi exclusivos de las jóvenes generaciones. Pero, ¿qué se puede hacer cuando en la patria no hay oportunidades de brillar, ni siquiera oportunidades de estabilidad laboral? Lo único que queda es votar con los pies.
No hay datos oficiales sobre la cantidad de bolivianos que van saliendo, pero hasta ahora se estima que alrededor de 1.8 millones ya viven en el exterior. En el caso de Venezuela, como ejemplo comparativo y según el Observatorio de la Diáspora Venezolana, hasta la fecha ya salieron 9.1 millones de personas, y no porque deseen lujos, sino por un desencanto profundo: quieren hallar trabajo más o menos estable, no ven en la patria del Libertador un país donde puedan sus hijos educarse o crecer o necesitan aire de libertad para ejercer determinados oficios, como la cátedra, la escritura o el periodismo.
En el último tiempo salieron algunos estudios que dan cuenta de que los trámites por año para residencia de bolivianos en Chile se han incrementado exponencialmente entre 2023 y 2024, pasando de algo más de 20 mil a más de 80 mil. Esta ola migratoria hizo saltar la alarma de los países vecinos; Argentina, por ejemplo, a través de Adorni, vocero del gobierno argentino, anunció una “reforma migratoria” que endurece los requisitos para otorgar residencia a extranjeros y pone aranceles a ciertos servicios, además de ampliar los motivos para expulsar a extranjeros del país. Se sabe, aunque no de manera oficial, que esa reforma fue motivada por la creciente migración de bolivianos. Como consecuencia, también otros países colindantes con Bolivia pueden endurecer sus requisitos para migrantes.
Un joven profesional puede hacer cursos y leer muchos libros para sobresalir del montón, pero, ¿para qué, si en Bolivia pesa más ser sindicalista que grita o asiste a mítines políticos? En los últimos 20 años, en Bolivia se premió la mediocridad. Entonces, es más fácil llegar a ser ministro, embajador, diputado o incluso presidente habiendo hecho carrera de sindicalista o dirigente, que siendo un profesional calificado sin partido político y con méritos personales. Esta situación no puede no generar una decepción en las juventudes, que no sin razón desean salir de su país. Pero la verdad es que no solo las personas migran, sino también las inversiones, los capitales y las empresas. Últimamente, fue Paraguay el país receptor de muchos capitales debido a sus políticas amigables con el inversionista.
Los siguientes cinco años serán cruciales para saber si Bolivia se seguirá vaciando de jóvenes o si las cosas comienzan a recomponerse para que haya alguna esperanza. Si se democratiza, los jóvenes pueden quedarse, pues votar con los pies no puede ser opción en un país democrático y con oportunidades.
Votar con los pies: opción de miles de jóvenes
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