En los últimos años, a medida que se deteriora nuestra economía por erradas políticas asumidas desde el año 2006 por gobiernos del MAS, se intensifican las protestas de sectores sociales, especialmente en la ciudad de La Paz, sede del gobierno nacional. Por ello las calles de nuestra urbe se convierten en escenarios improvisados de marchas, paros, bloqueos y otras armas de lucha de grupos sociales descontentos. Con medidas de presión tratan de “arrancar” algunos beneficios de parte del gobierno de turno. Sin embargo, esas acciones —que no pasan de ser batallas de desgaste— no dan resultados positivos y, por el contrario, una vez iniciadas, se vuelven sobre la cabeza de sus protagonistas, como bumerang.
Cada vez con mayor frecuencia, unas y otras organizaciones laborales llenan las calles de la ciudad del Illimani, creando gran confusión y perjuicio, particularmente económico. Además, las protestas públicas, en muchos casos no reciben el apoyo de otros sectores sociales, por falta de consenso y porque son organizadas generalmente por intereses sectarios. Lo peor es que esas movilizaciones de gente resultan desprestigiadas porque se observa dentro de ellas a grupos de agitadores políticos que sin saber por qué marchan, se dedican a crear confusión y malestar, en busca de satisfacer intereses partidarios. Por ejemplo, en las marchas organizadas por los llamados “evistas”, que manifiestan que luchan por los intereses del pueblo, en realidad su afán mayor es lograr que el líder cocalero Evo Morales Ayma sea aceptado como candidato para las elecciones de agosto próximo, a pesar de que ha sido inhabilitado por la justicia y que pesan sobre él acusaciones por delitos sexuales.
Pero esas acciones de presión que obstaculizan las actividades laborales en la ciudad de La Paz, no solo son inútiles, sino que no sirven para hacer avanzar al país hacia objetivos históricos. Por tanto, se debería abandonar la idea de que el movimiento es todo y el objetivo, nada.
Lamentablemente, las medidas de presión pueden tener mayor alcance, por ejemplo, los nefastos bloqueos de caminos, arma preferida de Morales y sus seguidores. Cabe recordar que por peleas entre arcistas y evistas por el control de la sigla del MAS, en octubre de 2023 fue bloqueada durante 10 días la conexión vial entre oriente y occidente, causando gigantescas pérdidas económicas. En febrero de 2024 hubo otro bloqueo de 16 días de duración. En octubre fue por 21 días, no solo por designar al candidato a la presidencia, sino para evitar que Morales sea procesado por delitos como estupro y trata y tráfico de personas. Tantos días de bloqueos afectaron en gran medida a sectores productivos, exportadores, transportistas, a la industria, a la agropecuaria, etc.
Hoy, los adeptos de Morales amenazan con bloqueos de carreteras, así como cercar al departamento de La Paz y quemar el Tribunal Supremo Electoral en caso de no ser atendidas sus demandas. Por otra parte, el caudillo cocalero continúa impartiendo instrucciones para satisfacer su angurria de poder, gozando de una impunidad que solo un nuevo gobierno podrá frenar realmente.
