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Casting en el set de El Esquema Fenicio

Wes Anderson sólo tenía una persona en mente para que interpretara el personaje de Zsa-zsa. “Lo que me interesó en escribir una historia sobre un personaje así era la imagen que tenía en mi mente de Benicio interpretando al personaje. La idea de la película era escribir un papel específicamente para Benicio del Toro”, puntualiza Wes. “Se lo comenté a Benicio por primera vez en 2021 en Cannes, cuando fuimos a presentar The French Dispatch. Le dije que, si estaba interesado, le mostraría algo. Benicio y yo empezamos a trabajar en ello muy pronto. En cuanto tuvimos quince páginas del guion, él las leyó. No hubo ni un momento en todo el proceso en el que Benicio no estuviera involucrado”.

Del Toro fue el único actor que Anderson había imaginado para el papel, al menos en la era moderna. “Es el tipo de personaje que podría haber interpretado Anthony Quinn, o tal vez Lino Ventura, o Jean Gabin”, afirma. “Si Benicio no hubiera querido hacerlo, no sé quién habría sido una opción viable. Habría que remontarse a la historia del cine para encontrarlo”.

Como recuerda el propio actor: “Todo empezó con una llamada telefónica. Wes me dijo: ‘Estoy trabajando en un proyecto y estoy pensando en ti para el papel principal. Pero habrá mucho diálogo’. Y yo respondí: ‘Ah, bueno’. ‘¿Qué te parece?’. Le contesté: ‘Bueno, mientras podamos ensayar, no habrá problema, ¿no?’”.

Hay pocos momentos en los que Zsa-zsa no aparece en pantalla, y del Toro se adueñó de ella, dice su coprotagonista Michael Cera. “La película tiene un protagonista con P mayúscula, y te encantará estar en el asiento del copiloto todo el tiempo”, expresa. “Es lo que ayuda a que todo el elenco realmente brille cuando hay un líder muy fuerte”. Del Toro atribuye el mérito al “elegante” guion (“es muy divertido de leer”), las semanas de ensayos y debates, la acuciosa dirección de Anderson y el “mucho trabajo” dedicado al personaje de Zsa-zsa que aparece en pantalla: “Es un papel impresionante”.

Lo mismo ocurre con Bjorn, interpretado por Cera, un nuevo miembro de la compañía Anderson. Al papel de Bjorn, el tutor y entomólogo noruego, Cera aportó su propia caracterización al rol que Wes había escrito para él. “Era a él a quien queríamos desde el principio”, afirma Anderson. “Supo del guion desde el primer momento y no había nadie más para ese papel. Él inventó los modales, el acento y el aspecto de Bjorn”.

“El personaje estaba muy, muy completo en el guion”, comenta Cera. “Cuando lo abordamos por primera vez, creo que Wes se sorprendió un poco de que yo hablara de interpretarlo con acento. Claro que él lo escribió para que fuera noruego así que tenía ese matiz, pero no creo que Wes hubiera pensado realmente en cómo sería, hasta que aparecí. Pero lo encontramos juntos, nos comprometimos con ello y partimos desde ahí”.

Algo que resulta casi imposible de creer siendo este uno de sus primeros papeles protagónicos es el de Liesl, desde cuyo punto de vista se desarrolla la acción: Mia Threapleton, que sólo tiene veintitrés años. “Una vez que tuvimos a Mia”, dice Anderson, “tuvimos a Liesl”.

El director de casting Douglas Aibel relata: “Vimos a cientos de personas para Liesl procedentes de Estados Unidos, Reino Unido, Australia y Canadá. Hubo varias rondas de llamados a nuevas audiciones, y lo que a Wes le gustó de inmediato fue la combinación de estoicismo y fortaleza de Mia”.

“Me dieron una descripción muy, muy breve del personaje”, dice Threapleton. “Literalmente, decía así: ‘No has visto a tu padre en seis años y eres una monja novicia’”.

Se puede percibir cierta familiaridad en el rostro de Threapleton, un parecido con su madre, Kate Winslet, pero también una confianza y un talento singulares. Recordando el debut cinematográfico de Winslet hace treinta años en Heavenly Creatures, Threapleton, en esta etapa temprana de su carrera, es, de manera notable, completa y vívida, ella misma.

“Para la audición interpreté una escena de Isle of Dogs”, relata Threapleton. “Luego hice una prueba de cámara con Benicio y Wes que duró dos días, y al día siguiente me llamaron”.

Cuando se enteró de que le habían dado el papel, “sinceramente, no lo podía creer”, recuerda. “En ese momento viajaba en un tren, así que me senté en el suelo y me puse a llorar”.

En definitiva, esta es una película de tres actores. Los protagonistas estuvieron con Anderson en el Studio Babelsberg durante dos semanas de ensayos antes del inicio del rodaje. “Fue una ventaja increíble”, afirma Cera. “Así fue como conocí a Benicio y a Mia. Me encanta ensayar así porque puedes ir con tu propia ropa, tomar café, conversar, pasar tiempo juntos y ensayar las escenas. Es genial; te haces amigo de los demás”.

Para almorzar, cuenta Threapleton, “íbamos al Lunch Club —literalmente así se llamaba el lugar—y salíamos a comer sándwiches sentados en bancos de pícnic al aire libre, para luego volver directamente a trabajar. No había remolques… era lo máximo”. Durante los tres meses que duró el rodaje, “todos los días tenía que pellizcarme para confirmar que eso era real”.

Las cenas nocturnas del elenco y el equipo de producción —un elemento básico en el rodaje de las películas de Wes Anderson— fomentaron la camaradería en el set. “Todos —miembros del equipo, del elenco, todos— fueron maravillosos”, afirma Threapleton. “Creo que eso realmente ayudó a que todos se sintieran cómodos en un ambiente realmente fantástico, muy abierto, seguro, colaborativo y creativo, que es exactamente lo que se necesitaba, especialmente en algunas de las escenas más difíciles”.

(En un momento dado, recuerda del Toro, “tuve que decirle: ‘Wes, es muy difícil para mí —salgo prácticamente en todas las escenas; no podré cenar con ustedes todas las noches. Voy a tener que irme a mi habitación a repasar los diálogos y prepararme para el día siguiente’. Él lo entendió perfectamente”).

Del Toro quedó rápidamente impresionado por su coprotagonista. “Era el primer gran momento de Mia aquí, con muchos actores, y estaba preparada, igual que una actriz experimentada”.

“Estaba bastante nerviosa”, admite. “Era mi primer día, y tenía ganas de vomitar. Benicio se me acercó, me puso la mano en el hombro y me dijo: ‘No pasa nada. Lo haremos juntos y será divertido’. Y así fue: muy divertido. Fue fantástico”.

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