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La mentira de Arce sobre la libertad de prensa

El 10 de mayo fue el Día del Periodista en Bolivia, instituido en 1938, durante el Gobierno de Germán Busch, en honor al periodista Cirilo Barragán, redactor y director del periódico decimonónico El Juicio Público y quien fuera ejecutado por la dictadura de Mariano Melgarejo por la publicación de artículos que criticaban al régimen.
Pocas semanas después de las trágicas matanzas de Plácido Yáñez, Barragán fundó junto con sus hermanos aquel periódico, cuyo primer objetivo fue investigar y develar las circunstancias en que se produjeran los trágicos fusilamientos en el Loreto (donde hoy es el viejo edificio de la Asamblea Legislativa). El periodista, obsesionado con sus investigaciones, logró dar con los motivos y entretelones políticos de los asesinatos; el régimen había dicho que se había tratado de una revolución con combates de por medio, pero lo cierto era que el gobierno había hecho un uso desmedido y abusivo de su fuerza, cegando la vida de casi setenta personas, entre quienes estaba el expresidente Jorge Córdova, yerno del expresidente Manuel Isidoro Belzu.
Después de la caída de Achá por el golpe de Melgarejo, Cirilo Barragán denunció desde su periódico las tropelías de la nueva dictadura. Y como es usual que suceda con los críticos del régimen en la aldeana política latinoamericana, Barragán fue declarado enemigo del gobierno y luego perseguido, apresado y fusilado públicamente sin proceso judicial.
La historia de Cirilo Barragán y del periodismo de aquellas épocas es significativo para entender cómo el poder siempre fue incomodado por la crítica. Pero ahora cabe mencionar las mentiras que el presidente Luis Arce pronunció el pasado 10 de mayo, con motivo el Día del Periodista. “Reafirmamos nuestro compromiso con el pleno respeto a la libertad de prensa que se constituye en el registro histórico del país y reconocemos la libertad de expresión y la labor periodista, como un derecho democrático, una herramienta para el desarrollo del conocimiento y un vehículo para la libertad y la justicia”, escribió Arce en sus redes sociales. La realidad, sin embargo, es totalmente diferente, pues los casos de vulneraciones a la libertad de expresión o al trabajo periodístico, en todo lo que va del Proceso de Cambio, se puede contar por decenas. Son casos documentados y no meras denuncias de periodistas inconformes. Para no ir muy lejos, esta casa periodística ha sufrido en reiteradas ocasiones la embestida del autoritarismo masista debido a las notas críticas que publica en sus columnas.
De acuerdo con datos recogidos por la Asociación Nacional de Periodistas de Bolivia, el 2024 cerró con nada menos que 182 casos de vulneraciones a la libertad de prensa, con lo cual se tiene que las palabras de Arce son hipócritas. Para que la prensa funcione bien y aporte al diálogo democrático se necesita lo mismo que necesitan la empresa y los emprendimientos: no que el Estado apoye, sino seguridad jurídica e instituciones. Es necesario repetirlo hasta el cansancio: no puede haber democracia sin buen periodismo.

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