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Papas fritas sí, baterías… ¿no?

Almirante (SP) Jorge Botello Monje

Un estudio realizado por el presidente del colegio de economistas de Tarija, muestra las 10 empresas estatales más deficitarias, entre éstas se encuentra la encargada de explotar el litio, que ha “batido récords” de producción, claro, son sus propios records que, comparados con la producción de otros países, no son significativos.
Está ausente de la lista la planta procesadora de papa que, según la publicidad, parece estar en mejores condiciones, así “¡Papas fritas sí, baterías no!” podría ser un nuevo slogan publicitario, reflejo de una realidad preocupante: el Estado tendría habilidad para impulsar el procesamiento del tubérculo, pero no de algo más complicado, como la fabricación de baterías de litio.
Esa planta es parte del plan gubernamental de sustituir importaciones (S.I.), con “más de 170 industrias del bicentenario” y no es solo la papa el “producto estrella”, están la piña y otros.
A simple vista parece acertada la sustitución de importaciones (S.I.) para favorecer la producción nacional; esta propuesta fue presentada por la CEPAL en la segunda mitad del siglo pasado y no tuvo éxito, y las circunstancias que vivimos en la actualidad, no parecen propicias para repetir el intento. Hay factores negativos que atentan contra su logro y se corre el riesgo de generar mayor carga para el Estado, carga que recaería en todos nosotros. Esos factores son, entre otros: el contrabando, la ineficiencia administrativa, la insuficiencia de trabajadores calificados, la baja productividad, el mercado reducido que limita los volúmenes de producción. Se podría mitigar el impacto del último punto exportando parte de lo industrializado, pero, es muy posible que los países que nos rodean, tengan los mismos productos con menores precios y de mejor calidad.
La S.I. parte del supuesto de que, a partir de productos de fácil fabricación, se avance en complejidad hasta producir artículos con más valor agregado por su mayor nivel tecnológico. Tal vez esa sea la idea con la producción, entre otras cosas, de papas fritas, sin embargo, otros países, a estas alturas exportan artículos tecnológicos que reditúan ingresos importantes, por ejemplo, Costa Rica vende al mundo dispositivos médicos y en 2023 percibió por ello 7.600 millones de dólares. Monto superior al que percibimos en los buenos tiempos del gas.
En Bolivia faltan las condiciones para replicar ese nivel de industrialización, entre otras razones porque formar personal calificado, con el actual sistema educativo, es difícil de conseguir. Tampoco ayudan el mal estado de muchas carreteras ni las acciones, asumidas por ciertos grupos sociales, que bloquean esas vías. A esto se suma la inseguridad jurídica y otros limitantes que ahuyentan las inversiones.
Es urgente que los gobiernos adopten medidas eficaces para superar estas dificultades y creen un ambiente impulsor del desarrollo de industrias más complejas, evitando que el país quede solo como un “Estado snack”.

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