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Convenio con Brasil y economía ganadera

Un notable acuerdo para intercambio y exportación de alimentos firmaron los presidentes de Bolivia y de Brasil, durante la visita de Luiz Inácio Lula da Silva a nuestro país en días pasados. Dicha reunión oficialmente fue considerada como la apertura de una “nueva era de relaciones bilaterales”. Al respecto, en un discurso el presidente brasileño manifestó textualmente: “con estos documentos se establecen condiciones para fortalecer la industrialización y exportación de los potenciales productos bolivianos de leche y carne, a través de intercambio de genes”.
Como se puede observar, el acuerdo se limitará a la región oriental boliviana, que será la beneficiaria del canje de “genes” y no se hace referencia a la producción ganadera de las regiones andina y subandina, que también podrían haber sido incluidas en el convenio.
En todo caso, solamente se apoyará a los productores ganaderos grandes del oriente del país, dejando en el olvido a los del occidente que, con seguridad, requieren un mayor apoyo para recuperar su producción y, en esa forma, restablecer los índices de tiempos anteriores, en los cuales se sobreabastecía de carnes de vaca, oveja y otros a los centros urbanos. Lastimosamente, al presente, en gran medida en los mercados se encuentra más alimentos importados por el Estado Plurinacional o que ingresan mediante el contrabando y que, en general, significan cuantiosos egresos de divisas.
Por ello, observando la actitud del gobierno boliviano y el apoyo a la producción ganadera, con la colaboración de Brasil, se trataría de un nuevo acto de discriminación con relación a los campesinos de la zona andina y de los valles, que no se beneficiarán de las mieles que brindará la nueva era de las mencionadas relaciones bilaterales.
Esa discriminación, originada en el Ministerio de Tierras y prolongada por una amplia red de dependencias burocráticas, impúdicamente está dirigida a hacer inversiones únicamente en la región oriental, como si no existiera la zona occidental que está conformada por poblaciones indígenas, de quechuas y aymaras, las que no solo son objeto del olvido gubernamental, sino que además se les niega principios fundamentales que tienen que ver con los derechos Humanos. Y es que regiones de occidente se encuentran en situación jurídica de negación de los derechos democráticos de disposición de la propiedad de la tierra, de la que, sin embargo, fueron propietarios desde hace siglos.
En esa forma, y aprovechando al máximo el apoyo del gobierno brasileño, la región oriental del país tendrá gran progreso, mientras que la occidental continuará en la vía de la decadencia y empobrecimiento, a vista, paciencia e inspiración de la política agraria en vigencia y contemplada nada menos que en la actual Constitución Política del Estado.

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