David Mondacca celebra cinco décadas de exitosa trayectoria como actor con la puesta en escena de “Corazón de hojalata”.
La obra será presentada el jueves 9 de noviembre, a horas 20:00, en el Teatro Municipal “Alberto Saavedra Pérez” y el domingo 12, también a las 20:00, en el Teatro Nuna.
“Corazón de Hojalata” es una celebración donde Mondacca nos cuenta lo que fue ser actor en Bolivia durante estos 50 años, historia concatenada por cuentos nacionales y universales. Es una reflexión, un alto en el camino, una mirada a las cinco décadas de profesar el arte como único sentido del estar vivo.
La puesta en escena y la dirección están a cargo de Claudia Andrade. (Mayor información mediante el celular 71515724).
A horas de este merecido festejo, conversamos con David y esto fue lo que nos contó el reconocido actor boliviano.
LG: ¿Qué significa cumplir 5 décadas de trayectoria?
D: Significa parte del objetivo cumplido, la aventura suprema en la vida de hacer lo que querías hacer y pronto al llegar al puerto definitivo mirar para atrás, entender que lo mejor fueron los momentos de valentía para seguir en un espacio geográfico, en un país, que apenas reconoce que existen sus creadores, sus artistas, que son los encargados de forjar, descubrir y exaltar la identidad de Bolivia. Significa que uno fue aguerrido y consecuente. Me cuesta creer que han pasado cinco décadas, si apenas uno empezaba a los 17 años. También significa que la vida es sueño y los sueños, sueños son.
LG: ¿Qué te impulsó a ser actor?
D: Sufría una especie de adormecimiento. La realidad que veía me parecía ficticia, adormecida y el teatro era como un despertador, como que me hacía consciente de la existencia y lo que nos tocaba experimentar siendo seres humanos. El teatro era como una isla donde se podía ser real y no aparente. Eso me impulsó a ser actor a mis 17 años y la primera obra (fue): “La fábula de los cinco caminantes” de Iván García, un autor cubano. (Era) noviembre del 73, el 13 de noviembre, aniversario del Teatro Estudio, dirigido por don Eduardo Perales.
LG: ¿Qué es lo mejor que te dio la actuación en estos 50 años?
D: Me ha brindado el vivir en lo profundo, como bien dice don Jaime Sáenz. Me ha permitido saborear la esencia de las cosas, ver más allá de la apariencia y entender que la vida es una experiencia propia e irrepetible que está más allá de lo que dice el común de la gente. Me ha permitido buscar la autenticidad.
LG: ¿Sacrificaste algo por tu dedicación al teatro?
D: Creo que quien abraza la creación, el arte, tiene que estar dispuesto a sacrificar la comodidad, el estarse cómodo, encontrar un puestito en la sociedad y medrar de aquello. El arte es un vértigo y un laberinto, y hay que estar dispuesto a perderse y volver a encontrarse. En primer lugar, hay que entender que no existe el éxito, que el supuesto éxito no es más que una trampa. El origen del arte es el dolor, dolor transmutado que se vuelve poesía, música, danza, canto, teatro. Realmente el artista es alguien que traduce las impresiones de su gente, impresiones que pueden ser terribles. Hay que estar dispuesto a trabajar con lo más denso del ser humano, con lo más denso de uno mismo, por supuesto, también con lo más sublime del género humano.
LG: ¿Sabes en cuántas obras trabajaste?
D: A ver, son 50 años y fue en varios formatos. Radio, años haciendo radio, el radio teatro. Se hizo televisión, que era un formato especial, el teleteatro. Se hizo vídeo, que era otro formato distinto, porque el vídeo era como independiente de la televisión. Había el término videasta, que ahora ya no existe. Había el corto en 8 milímetros, el corto en 16 milímetros, y había el cine. Bueno, el cine se hacía cada 10 años, un largometraje, y si te llamaban era mucha suerte. Entonces, varios formatos y teníamos el ímpetu que tiene la juventud. Tranquilamente podíamos abordar varios trabajos a la vez. Yo digo, ¿serán 400, un poco más? Solamente en La Católica he montado como director como 60 obras, y soy coautor de unas 50 obras, coautor porque escribo con mis alumnos a varias manos, aparte de la dramaturgia que escribo personalmente. En El Alto, en el tiempo que estuve, habré hecho unas 20 obras y por mi cuenta son grupos independientes que he formado y he impulsado, son tranquilamente 400 obras. Tengo tantos recortes, tantas evidencias de aquello, que tenemos cuatro depósitos donde está absolutamente todo. Un día pienso quemar aquellas evidencias del teatro que hemos hecho, como ahora todo es virtual, entonces hay que deshacerse de aquello… Premios, reconocimientos, recortes, pergaminos, qué sé yo, todo lo que se fue acumulando durante estos 50 años.
LG: ¿Algún personaje te marcó?
D: Creo que todos los papeles, en realidad, son uno mismo. Que esas multitudes de personajes habitan en uno mismo. Que uno es proclive a todo. Y cuando estudias un personaje, un papel, te das cuenta lo que tienes de él. En ese sentido, todos los papeles nos han dejado una huella, una marca. Unas más fuerte, otras menos. Y todas esas vidas han recibido de ti el verbo creador, tu voz, y la materia, que es tu cuerpo. Voz y cuerpo, y emoción, y pasión hemos entregado al papel. Lo hemos vivido, le hemos dado existencia durante la representación. El papel más chiquito y el más grande, fueron hechos con la misma entrega, con la misma impecabilidad.
LG: ¿Qué sientes cuando actúas?
D: Se mueve el piso, se apertura una otra realidad, percibo el carácter adormecido que tenemos como seres humanos, percibo la extensión de otras dimensiones, percibo la divinidad operando en nosotros, percibo el transcurso del tiempo despiadado, inexorable, percibo el dolor y lo transmuto en arte y la gente se lleva el recuerdo, la imagen en las pupilas, el recuerdo en su memoria emotiva y a uno lo sueña, y la gente te toma en su sueño, te posee, tiene que ver mucho con la magia, con el brujerío, digamos.
LG: ¿Qué tipo de actor es David Mondacca?
D: Yo creo que David es pasional, despiadado, intuitivo, perfeccionista e insoportable, y ese es el precio que uno debe pagar para hacer arte. La obra no puede ser así nomás, requiere una partecita de tu alma, y en eso hay que ser despiadado, no hay otra, es así.
LG: ¿Cómo será la celebración de estas 5 décadas?
D: Bien, aquí hay una hacedora que es la puestista, directora, generadora, generatriz que es Claudia Andrade. Pienso que yo podría estar de brazos cruzados porque sigo haciendo obras repuestas, monólogos, en colegios, en instituciones. Sigo enseñando teatro. Pero la directora del elenco sostiene que es motivo de celebración. Bueno, yo celebro todos los días. Para mí la vida es una fiesta porque eso me enseñó el arte. Hay que exaltar la vida porque es tan cortita. Entonces, Claudia es la gestora de todo esto, de Corazón de Hojalata. Entonces lo hacemos. Es un pretexto para encontrarnos con la gente que nos ha colaborado, la gente que han amado y admirado nuestro trabajo y a quienes nosotros hemos amado y hemos entregado nuestro arte. Esa es la celebración que vamos a hacer. Es una excusa para exaltar la existencia misma.
LG: ¿Deseas agregar algo?
D: Agregaría que no solamente es la actuación, en este caso escribo las obras, hago dramaturgia y enseño la experiencia, entonces una labor pedagógica, todo se complementa. Y reiterar que el teatro es colectivo, junto a Claudia Andrade y cientos de personas con las que gestamos proyectos de toda índole llegamos a este medio siglo. Quiero agradecer a todo mi elenco, que pronto cumplirá 32 años, a todos los colaboradores de estos años, a todos los que creyeron en este sueño. El teatro siempre es más de dos, uno solo nada hace, el teatro es colectivo, es grupal y para ser teatro tienes que ser buena persona, porque convives mucho con la otra persona, entre los tejes y menejes, entre los éxitos y los fracasos, los naufragios. Estás con otra gente, entonces tienes que llevarte bien, porque vas a mostrar lo más sensible de tu ser, de tu propia alma, con la que haces teatro, aparte de hacerlo con tu cuerpo y tu voz.










