El año que termina fue dramático para Bolivia y, al parecer, con esperanzas, aunque remotas, de que nuestro país pueda avanzar para encontrar su verdadero curso histórico, perdido hace dos décadas. Y es que hoy no ofrece llegar a alguna parte, pues, gira sin norte, en medio un mar tempestuoso y entre escollos visibles e invisibles.
Un balance de esa realidad se refleja en hechos innegables que permiten evaluar el pasado y otear el futuro. Los grandes sucesos del año fueron la baja de los precios de las materias primas que exportamos, cuyos ingresos sirven para importar alimentos, máquinas e inclusive materias primas para que sobrevivan algunas industrias artificiales.
El caso más notable es el de la planta de Bulo Bulo que, pese a que empezó a reactivarse, tuvo que ser paralizada varias veces para obras de mantenimiento, ya que la adquisición de esos equipos resultó ineficiente. Así mismo, otras empresas estatales relacionadas con hidrocarburos, siguen sin rendir frutos, pese a los altos costos de su adquisición en tiempos no muy lejanos. Redundar sobre ese asunto es innecesario.
A mediados de año un nuevo suceso social puso en vilo al país, por el anuncio oficial de postergar el censo nacional para el año 2024, noticia que provocó malestar y derivó en una huelga general de 36 días en Santa Cruz, la cual dejó una serie de nuevos problemas, como demandas de federalismo y otros temas, aunque inicialmente parecerían ofertas al calor del momento, ya que por su naturaleza requieren mucho debate y maduración.
Ese acontecer fue seguido de un doloroso golpe a la nacionalidad. Nos referimos a la sentencia de la Corte Internacional de Justicia, con sede en La Haya, sobre las aguas de manantiales del Silala, que ahora son consideradas como río de curso internacional, lo que significa enormes pérdidas económicas para Bolivia, ya que se trata de un recurso natural estratégico. Se ha acusado por esa frustración a la incapacidad de la cancillería, resultado negativo que se suma a la derrota sobre la cuestión marítima, conocida hace algún tiempo. Esos hechos han determinado, en su momento, pedidos para que sean iniciados los respectivos juicios de responsabilidad a sus autores.
Cerrando con broche de oro este agitado 2022, y a pocos años del bicentenario de la fundación de la República de Bolivia, se presentaron dos casos polémicos: la toma de tierras en varias provincias de Santa Cruz, así como en otros departamentos, y el apresamiento violento del gobernador cruceño Luis Fernando Camacho, hechos que han puesto al país en estado político candente en vísperas del año 2023.
2022, año dramático
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