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Vergonzoso pugilato

Quienes concurrieron a las urnas, el pasado 18 de octubre, lo hicieron animados por el espíritu democrático, inquebrantable como siempre.
Lo hicieron en busca de una renovación de la clase política, prebendalista, oportunista y pútrida. Renovación no sólo de mentalidad sino de actitud. Esa inquietud renovadora surgió luego de una experiencia política nada edificante de los últimos años. Pero el intento no tuvo el resultado ni el eco que se esperaba.
En consecuencia: recientemente hemos asistido a un escenario parlamentario deplorable. Parece que los argumentos político – ideológicos que conlleva un debate civilizado, se hubiesen agotado. O, acaso, no existían. Esa es la penosa realidad.
Dos parlamentarios, de tendencias divergentes, se trenzaron a golpes de puño en pleno hemiciclo, ante decenas de circunstantes. Entre ellos estuvo un dignatario de Estado. Ofrecieron un vergonzoso pugilato, con repercusión dentro y fuera del país. Ello corrobora el bajísimo grado de cultura política de quienes protagonizaron ese bochornoso hecho. De quienes dicen ser legisladores, o defensores de la Democracia, en época de pandemia.
“Pan y circo para el pueblo”, reitera el proverbio. Probablemente en este marco ofrecieron dicho altercado distraccionista. Lo hicieron a sabiendas de que el pueblo boliviano sobrevive, en la presente coyuntura, a una profunda crisis económica, sumada a la emergencia sanitaria. Es decir, con muchas dificultades para llenar la canasta familiar y limitadas vacunas para contrarrestar al “enemigo invisible”. Problemas sociales y sanitarios que golpean duramente a una población de once millones de habitantes.
En estos 39 años de vida democrática, jamás se registró, que sepamos, una reyerta como aquélla, pese a las diferencias que matizaban la actividad parlamentaria. Obviamente que hubo amagos de riña, pero que no llegaron a extremos.
Había parlamentarios del campo, de las minas y ciudades, dignos de ser mencionados. Algunos oradores e intelectuales, otros radicales y moderados, de diferentes tintes. Pero el hemiciclo del Templo de la Democracia siempre fue respetado. E incluso por las fuerzas regresivas, representadas por las dictaduras. Éstas jamás se animaron a tocarlo. Es allí donde se selló la restitución del sistema de libertades. De ese recinto surgió el gobierno democrático en 1982. Hechos que están debidamente inscritos en la memoria histórica. De ahí que sus históricos ambientes ameritan nuestra consideración.
Las nuevas generaciones no tienen idea de la lucha que se tuvo que encarar para recuperar la Democracia. Estamos hablando de las heroicas acciones, de tipo político, del siglo pasado. Acciones subversivas promovidas en la clandestinidad, que involucraban, inclusive, a algunos integrantes de la Iglesia Católica, quienes protegían, en dependencias religiosas, a perseguidos políticos. Las voces disonantes, ante los regímenes de fuerza, surgían desde los centros mineros, fabriles, gremiales, periodísticos y otros, desafiando a las amenazas de represión, que provenían de los amos de turno. Fueron tiempos duros de resistencia a los conculcadores de las libertades ciudadanas.

En suma: habría que cuidar la Democracia ante todo y sobre todo…

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