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Parejas

No permitas que él te golpee



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¿Por qué las mujeres no dejan a los hombres que abusan de ellas? ¿Por qué llevan una existencia en la cual la persona que, supuestamente, les es más allegada constituye una amenaza física, y hasta a veces un peligro de muerte? ¿Y Por qué hay hombres que violentan emocional y físicamente a las mujeres a quienes aman?

Son preguntas que constantemente nos hacemos cuando escuchamos a diario reportes sobre el abuso físico y psicológico contra la mujer, y lo más lamentable es que se produce en el seno del hogar.

MITOS SOBRE LA VIOLENCIA

Según el psicólogo forense Roger Cuévas, de la Plataforma de Atención Integral a la Familia del Gobierno Municipal, hay mitos clásicos sobre la violencia familiar/doméstica: Que cuanto más te quieren más te pegan, que las mujeres provocan la violencia por su mal actuar, que la violencia es solo de una clase media baja, entre otros. Pero la gente olvida de que una mujer no se queda con su pareja por masoquista o porque le gusta la violencia, sino porque presenta diversos elementos patológicos que le hacen pensar que podría estar enamorada de un hombre que la golpea, elementos patológicos que devienen de su infancia y sus propias características individuales.

LAS EXCUSAS

Los abusadores siempre buscan una justificación para abusar de las mujeres de quienes dicen amar. Estaba borracho y no recuerdo. He tenido problemas en el trabajo por mucha presión. Si cambiaras no te pegaría.

“Pero esa violencia se presenta explicita desde los primeros años de relación de pareja, es interesante cómo al preguntar a personas que han vivido violencia durante décadas, y ante la pregunta de cuándo fue la primera agresión física hacia su persona, existen respuestas tan llamativas como que la primera vez de la agresión fue durante el enamoramiento y así pasaron los años y décadas hasta que un detonante externo o situación de posible asesinato determina que una mujer pueda recién asumir un autocuidado y la decisión de separarse en base a aspectos externos como el de los hijos o el apoyo familiar o social perdido”, apunta Cuévas.

En muchos de los casos estadísticos, se evidencia que durante todos estos años de agresión las mujeres pueden llegar a presentar pensamientos distorsionados como “Si yo cambiara, quizás él no me pegaría”. O “Tal vez cuando termine tal proyecto o cuando tengamos otro hijo, será menos violento”, etc. aspecto al que se denomina síndrome de adaptación a la violencia.

El psicólogo afirma que hay tres factores relevantes desde el punto de vista de la psicología forense que impiden que una mujer pueda decidir separarse de su pareja a pesar del peligro inminente contra su vida.

El círculo o espiral de la violencia se divide en tres fases: La de acumulación de tensión, la explosión violenta y la luna de miel.

La personalidad de tipo dependiente por parte de la víctima, es la que siempre busca la aprobación de su pareja, se siente subordinada, tiene miedo a la soledad, tiene dificultad en la toma de decisiones y un autoconcepto y autoestima negativos.

Y finalmente el síndrome de la mujer maltratada que antes era conocido como el síndrome de Estocolmo, cuando la mujer se adapta a la violencia y asume el modelo mental de su pareja.

Por otro lado, es inminente y probable que aquel agresor de violencia hacia su pareja también ejerza violencia sobre sus hijos, de forma física, psicológica y hasta sexual, que en muchas ocasiones puede ser encubierta por la propia madre.

Es asi que también se forma una cadena de violencia “Los hombres les pegan a sus mujeres, las mujeres pegan a sus hijos, los hijos mayores les pegan a los más pequeños y luego se repiten con su propias familias al ser adultos”, asegura el profesional.

PERFIL DE LA VICTIMA

No existe un perfil definido, pues las características de cada caso son particulares, pero sí se pueden exponer algunos elementos coincidentes entre las mujeres que habrían sufrido violencia familiar/domestica.

Son personas que tienen baja autoestima, se sienten fracasadas, sienten mucho temor por su agresor, demuestran incapacidad para resolver problemas y necesitan de la opinión expresa de su pareja, se siente muchas veces responsable por la conducta de su pareja, se aísla socialmente por inducción de la pareja, tiene poco contacto con sus familiares, mantiene una fuerte esperanza de que su pareja cambie a pesar de que sean años los de la espera, se va tornando tolerante hacia la violencia con el transcurrir del tiempo, tiende a minimizar los problemas.

Por otro lado, el perfil del agresor puede explicarse de la siguiente manera:

Generalmente consume alcohol, culpa a su pareja de sus acciones, es posesivo y celoso, cuando existe un alejamiento o intento de separación busca el contacto sexual para la reconciliación, aísla y controla a su pareja y la desvaloriza en diferentes formas, es impulsivo en sus actos y tiene cambios de humor.

El profesional de la Asociación Científica de Psicología Forense afirma que estos elementos enfermizos adheridos al temor paraliza a las mujeres y rige sus actos, sus decisiones y sus vidas. Y si la ella logra escapar del maltratador éste la persigue y hasta puede llegar a intentar matarla debido a que internaliza un pensamiento irracional sobre que su mujer es solo de él, y aunque estén separados es su objeto personal, que nadie más podrá usarlo.

JUSTIFICACIONES RECURRENTES DE PERMANENCIA EN SITUACIONES DE MALTRATO

Se han establecido varias conductas de racionalización, que las mujeres usan para justificar su permanencia en situaciones de maltrato.

- El no es un abusador. La víctima cree que su pareja no es abusadora, sino que su violencia se desata por fuerzas externas, más allá de su control.

- No fue para tanto. Una golpiza se califica más tarde de inofensiva cuando no hay marcas en la piel de la mujer que se recuerden el dolor ni provoquen preguntas de la gente.

- La culpa fue mía. Un hombre violento puede convencer a su mujer de que la conducta de ella provocó el ataque. La mujer que se deja convencer es incapaz de abandonar una relación violenta, porque no se considera víctima de abuso.

- No me queda más remedio. Aunque tengan medios económicos para subsistir, muchas mujeres maltratadas prefieren quedarse con sus maridos porque están convencidas de su incapacidad para sobrevivir y atender a sus hijos sin ellos. Otras dicen que abandonar a su marido afectará emocionalmente a sus hijos.

- Mi religión no me lo permite. A otras, su educación religiosa no les permite dejar a sus maridos. En muchas familias conservadoras y religiosas, se educa a las mujeres para que sean sumisas con sus maridos.

- Él no es tan malo. En estos casos se contempla al abusador como a una buena persona, cuyas acciones reprochables emanan de problemas específicos y con solución. La recuperación de este hombre depende de la capacidad de la mujer para ayudarlo a superar esos problemas. Para ella, su dolor y su humillación son secundarios, lo principal es salvar a su hombre y demostrarle su lealtad.

Afortunadamente, hoy la mujer que desee abandonar una relación violenta encuentra más apoyo que hace diez o veinte años. Aunque falta mucho por trabajar para combatir la violencia familiar/doméstica, el número de mujeres que recurren a la Policía u otras instituciones de protección para reportar violencia contra sus parejas, va en aumento de forma cotidiana, pero por lo visto no es suficiente.

Las secuelas que pueden quedar en las mujeres que han sido víctimas de violencia durante muchos años pueden superditarse a físicas como lesiones, cicatrices, trastornos funcionales.

Secuelas psicológicas como dificultades de concentración, pérdida de memoria, depresión continua y persistente, estrés permanente, irritabilidad, persistencia de miedos, ansiedad y otros.

Entre las conductuales podemos observar el uso de drogas, alcohol, trastornos sexuales, violencia hacia sus hijos, hasta intentos de suicidio.

“Finalmente, el permitir que él te pegue puede convertirse en un círculo vicioso y llevarte a situaciones extremas donde se pierdan valores como el amor, la protección, la confianza y la seguridad, y no haya vuelta atrás”, asegura el profesional.

 
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