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Parejas

¿Dónde quedaron el deseo y la chispa sexual?



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Sentiste alguna vez que la relación con tu pareja de muchos años se parece, un poquito, a una relación de hermanos? No hay nada para asustarse ni preocuparse; tener “hermanos” en la vida es hermoso. Pero si estás sintiendo esto al lado de una pareja, enseguida hay una señal de alerta que se enciende. Tranquila, que hay bastantes cosas positivas en este tipo de relación y una sola negativa, que puedes trabajar.

¿QUÉ ES SER “COMO HERMANOS”?

Que no te asuste esta frase, esto no es una telenovela mexicana y tu pareja, claramente, no es tu hermano ni lo va a ser nunca. Pero a veces, con el tiempo puede generarse un vínculo de muchísima familiaridad que, sumado al desvanecimiento de la pasión, puede confundir.

Primero, lo bueno: tienen confianza al 100%, la pasan bien, tienen una historia compartida con miles de anécdotas. Quieren acompañarse, cuidarse, estar presentes cuando el otro lo necesita. Podría decirse que son incondicionales.

OK, ahora lo no tan bueno: seguramente estén experimentando cierta falta de deseo y de intimidad sexual, razón por la cual empiezan a percibirse como compañeros de casa.

¿POR QUÉ NOS PASA?

Hay razones evolutivas y prácticas por las que la pasión de los primeros tiempos de la etapa del enamoramiento se va desvaneciendo. Y en realidad, eso está buenísimo: si estuviéramos todo el día a los arrumacos con nuestra pareja como en los primeros días de relación, pasaría que:

- Nadie nos soportaría. Seríamos esa pareja empalagosa y autorreferencial que ve la vida desde adentro de su burbujita.

- Descuidaríamos otros ámbitos de nuestra vida: esos que tendemos a relegar en aquellas primeras semanitas de amor pasional, como el laboral, la salud o las amistades.

Básicamente, si la pasión del principio no se fuera desvaneciendo un poco, probablemente no lograríamos nada muy importante, porque gran parte de nuestra energía estaría enfocada en el otro.

4 COSAS QUE HACEN “RUIDO”

• Prefieres dormir a tener sexo la mayoría del tiempo: si llegas a la cama muertísima y quieres irte a dormir, está perfecto. Pero si siempre prefieres dormir a tener sexo, incluso en las noches en las que no estás particularmente cansada, presta atención.

• No hay contacto físico durante el día: abrazos de la nada en la cocina, mimos en el sillón mientras miran tele, ir de la mano por la calle... Son pequeñas muestras de afecto que indican una conexión íntima.

• Se “dejaron estar”: la mejor parte de una relación es estar súper cómodos el uno con el otro, así como con hermanos. Pero ojo: así como nos paseamos por casa en deportivo y remera rota, siempre debería haber momentos para mostrarle al otro nuestro lado más sexy.

• Evitan estar solos: especialmente si tienen hijos, es muy difícil lograr salir “de cita” todas las semanas, incluso semana por medio. Pero aquellos días en que sí consiguen que alguien cuide a los chicos, ¿dónde van? ¿Qué programas arman? Si solo se ven fuera de casa cuando los invitan a un casamiento y hasta para su aniversario comen con los chicos o en el sillón como cualquier día..., ojo.

¿LE PONEMOS PICANTE?

Es claro que es muy difícil sostener una pareja si ya definieron que no hay deseo ni intimidad y que no los va a haber.

Pero si hay amor de sobra y ganas, es posible que quieran dedicar energía a reencontrarse para volver más íntimo el vínculo. ¿Es tu caso? Puedes empezar por acá:

• Esperar menos, agendar más: muchas veces, esta sensación con respecto a nuestras parejas se puede producir, simplemente, por la falta de conexión sexual, causada porque no hay espacio para el encuentro. Y en ocasiones, sobre todo si tenemos un vínculo fuerte y mucho amor, esto tiene que ver sobre todo con la rutina, con cómo organizamos nuestro día y qué lugar le damos a nuestra sexualidad compartida.

• Que el encuentro sexual surja como algo mágico, sin esfuerzo ni planes, es una idea re linda y romántica, pero irreal en el 99% de las veces en parejas consolidadas. Para poder mantener un nivel de encuentro sexual y pasar tiempo de calidad en pareja, hay que pla-ni-fi-car.

• Tómense el tiempo de disfrutarse: todos queremos sentirnos deseados, atractivos, especiales a los ojos de alguien. Incluso, queremos eso más de lo que queremos un orgasmo. Entonces no pienses: “Son las 11 y cuarto y mañana me tengo que levantar a las 7, lo hacemos rapidito”.

• O, si es inevitable, piénsalo, pero no le hagas tanto caso. Mejor, concéntrate en tu pareja. Y en cómo se siente un beso. Y en las cosas que te hacen sentir sus manos y lo que te dice.

• Mirarse. Desearse. La pasión suele reaparecer cuando volvemos a prestarnos atención.

• Aumenten la anticipación: los humanos experimentamos más placer cuando la anticipación de la recompensa se extiende durante un tiempo, antes de recibirla. Por eso, una buena idea puede ser prolongar el juego previo, contarnos fantasías, preparar el cuarto con velas, pensar qué nos vamos a poner... Generar nuevas expectativas siempre suma.

• Tóquense más: acá hablamos de tocarse fuera del dormitorio. Dense la mano, un beso, un masajito cuando llegaron cansados de la oficina.

¿La buena noticia? El cariño y la familiaridad que ya tienen es lo que los puede ayudar a volver a encender la llama.

Sofía Orsay

 
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