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Políticas coherentes en defensa del medioambiente


 

Las ultimas desgracias sufridas por el país con los incendios en la Chiquitania son experiencias de las cuales deben hacer conciencia todos los habitantes del país y muy especialmente las autoridades: es necesario entender que la naturaleza es un bien puesto a disposición del ser humano para que la cuide, la preserve, le garantice vida y crecimiento; que el aire, parte de esa naturaleza, tiene objetivos claros, y que no debe ser envenenado con toda clase de productos químicos, con explosivos, con ruidos estruendosos, con impurezas y elementos nocivos que se desparrama en los suelos y que se derrama en las aguas. Y es que, luego, son transmitidos al aire, que lleva a todas partes esas impurezas no solo atentatorias contra la naturaleza sino contra la vida de seres humanos, animales y vegetación.

Agua y fuego son elementos que deben ser cuidados por el hombre. El fuego es un elemento inflamable, cuya expansión es segura ante la misma provocación producida por el aire o por la acción traslaticia del mismo ser humano, que no vacila en utilizarlo hasta para mínimas necesidades, sin prever consecuencias. El fuego que puede propagarse mediante elementos que se hagan combustibles debe ser cuidado, frenado y dirigido hacia lo útil, lo conveniente, lo que cause bien y esté alejado de hacer daño. Por su parte, el agua es elemento perecible y cuyo uso irracional da lugar a que en pocos años no lo tengamos o, si aún existe, sea con precios infinitamente mayores que los de combustibles. Aguas que en ríos, lagos y océanos debe ser preservada ante la acción depredadora de hombres sin conciencia y que la utilizan hasta en menesteres como el lavado, en calles públicas, de vehículos con el uso indiscriminado de grandes cantidades; aguas que bien podrían ser dedicadas a enriquecer la agricultura y todo lo que signifique transformación en bien de la humanidad.

Se dice que el agua es elemento esencial para la vida del hombre; pero si se examina los beneficios de los elementos de la naturaleza, se llega a la conclusión de que todos, bien utilizados, sirven por igual a la humanidad; que su uso racional y responsable siempre dará frutos beneficiosos, que por el mal uso de cualquiera de ellos los remanentes que se logre siempre serán perjudiciales. Los cuatro elementos de la naturaleza: agua, fuego, aire y tierra son instrumentos de vida y preservación que no pueden ni deben ser descuidados ni destruidos. Por todo ello, es preciso adoptar políticas coherentes para cuidar y respetar el medio ambiente que nos permite vivir y conseguir mejores condiciones de vida.

Tomar conciencia del medio ambiente y la necesidad de preservarlos de todo mal debe ser misión de cada individuo y ello debe ser enseñado desde los hogares y centros educativos a los niños y adolescentes; por supuesto, los mayores deben dar ejemplo y actuar con honestidad y responsabilidad cuando se utiliza todo lo que hace coherente la vida en comunión con la naturaleza.

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