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García Linera y la sociología de la victimización

Marcelo Miranda Loayza

 

Bolivia es, sin duda, un país multiétnico, donde diversas “naciones” convergen en una sola; la historia y el quehacer político por muchos años fueron tremendamente injustos con varias de estas naciones. Quechuas, Aymaras, Guaraníes, entre otros, sufrieron por años todo tipo de discriminación y abuso. Felizmente, ya entrado el Siglo XXI las brechas, llamémoslas “raciales”, lograron ser acortadas, todavía falta camino por recorrer para lograr una mayor convivencia asertiva y pacífica, pero podemos decir con total seguridad que se ha avanzado mucho en este aspecto, lo indígena y lo mestizo se van encontrando día a día en la cotidianidad (en especial en el comercio) sin reparos y sin excepciones.

Si bien las heridas dejadas por este racismo absurdo que caracterizó la idiosincrasia boliviana fueron subsanadas, en algunos casos siguen latentes, es necesario para una convivencia pacífica, incluso con opiniones y opciones diferentes, tratar de tender puentes para construir así un país más fuerte e inclusivo.

Vivir en armonía y aceptación entre todos hace fuerte un país, pues no solo deja sin sentido el discurso retórico de los eternos oprimidos, también da lugar a un progreso económico y social sustentable. Irlanda, Ruanda, Sudáfrica son ejemplo de ello, perdonar la ofensa y/o la discriminación son la semilla de un proyecto de país fuerte y solidario.

Lastimosamente en Bolivia no fueron pocos los funcionarios del régimen del Movimiento al Socialismo que abusando de su función de gobierno acrecentaron el odio y el resentimiento con una retórica llena de mentiras, confrontación y temor.

El señor Álvaro García Linera utilizó de manera abusiva una especie de sociología de la victimización, donde un sector de la población (en este caso la denominada clase indígena) es descrita como la eternamente sufriente, siempre víctimas de discriminación por parte de la llamada clase mestiza o blanca. García Linera logró hilvanar casi a la perfección un sentimiento construido a base de odio con la figura mesiánica de Evo Morales, presentada como la del gran Salvador de los Pueblos Originarios.

Para la sociología de la victimización es imprescindible tener un mal emergente de una parte de la sociedad y un salvador que libere al oprimido, aplastando al opresor. Es por ello que gran parte de la obra intelectual de García Linera utiliza este tipo de retórica, desde el empate catastrófico, hasta la clase media decadente, pasando por “la luna se va a esconder y el sol se va a escapar”, en todas estas construcciones sociológicas encontramos una clase indígena trabajadora sufriente y una clase media blanca, capitalista, maliciosa y abusiva, en medio de ambos Morales como salvador.

La sociología de la victimización siempre va a necesitar de un enemigo a quien vencer, el cual resulta ser el causante de todos los males de la sociedad boliviana, de esta manera la derecha cavernaria, el malvado imperio norteamericano o la clase media decadente ocupan el lugar del enemigo. Para García Linera no existió otra forma de explicar el quehacer político, sociológico o económico de nuestro país, solo encontró en el odio, en la polarización y en la confrontación la mejor manera de sembrar desconfianza y rencor en el corazón de los más humildes de nuestro país.

Creo que es hora de empezar a construir una Bolivia diferente, con menos víctimas y con más puentes, arrancando de raíz los discursos de odio del Movimiento al Socialismo, para así construir un país más inclusivo, unidos en la diversidad, aceptándonos como somos y riéndonos de nosotros mismos.

El autor es Teólogo y Bloguero.

 
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