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La falacia del golpe de Estado

Almte (sp) Jorge Botello Monje

 

Una intensa campaña se desarrolla, con participación del Presidente mexicano, para difundir ante la opinión pública mundial, la versión de un supuesto golpe de estado en Bolivia, o la no aceptación de la renuncia de Evo Morales, por la Asamblea Legislativa Plurinacional (ALP), por lo que sería aún Presidente. Este empeño muestra los fuertes intereses en juego y por ello conviene sumar una explicación más, de cómo se dio el proceso.

El fraude electoral denunciado por la ciudadanía y luego ratificado por la OEA, provocó protestas pacíficas, reclamando una segunda vuelta sugerida por la misma organización, tan pacíficas eran que motivaron la burla de Morales. En los primeros días de la protesta fueron asesinados dos ciudadanos, sumando sus muertes a las ocurridas en la gestión de quien había prometido “un gobierno sin muertos”, promesa que no fue cumplida y que derivó en el pedido de renuncia por decisión de un cabildo, procedimiento de democracia directa, reconocido en el Art. 11.II.1 de la Constitución Política (CPE), superando esta demanda a la de la segunda vuelta y posesionándose como eje de la protesta.

La fuerza del reclamo obligó a la Policía a dejar de reprimir, sumándose la sugerencia de renuncia presentada por las FFAA, y Morales renunció. Se asiló en la embajada de México, y abandonó el país, dejándolo sin autoridad a cargo. Por tanto su alejamiento no fue por un golpe de Estado, sino por decisión del mismo ex presidente.

La sola renuncia debió tratarla la ALP, pero el asilo y viaje a México sin cumplir con la CPE, cuyo art. 173 señala que solo puede salir del país sin autorización, por diez días, en misión oficial, fue la expresión inequívoca de su voluntad de no continuar en sus funciones, motivando su “ausencia”.

Al darse dos circunstancias de las señaladas en el Art 170 de la CPE, para la cesación de mandato: la renuncia y la ausencia, no requiriendo esta última ninguna aprobación, nada tenía que hacer la ALP y debía darse la sucesión presidencial. El Art. 169 dispone el reemplazo por el Vicepresidente, pero éste estaba también renunciante y ausente, seguía la Presidenta del Senado, que también había renunciado, así como el Primer Vicepresidente, esto obligó a aplicar el Artículo 41.a, del “Reglamento General de la Cámara de Senadores” que dispone que el Segundo Vicepresidente(a) reemplace al Presidente(a) y al Primer Vicepresidente(a) cuando ambos se hallen ausentes por cualquier impedimento. No señala un requisito o procedimiento previo para estos reemplazos, por tanto se entiende que se dan de inmediato y sin otro trámite. Cumpliendo esto, la senadora que ocupaba la Segunda Vicepresidencia, asumió la Presidencia del Senado, y luego, en esta condición, la Presidencia del Estado.

El proceso fue avalado por el Tribunal Constitucional, el mismo que apoyó las ambiciones de Morales. Así, pues, no hubo golpe de Estado ni necesidad de aprobar su renuncia, se cumplió plenamente la CPE.

 
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