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[Hernán Zeballos]

Cartas históricas III


 

Pensé que con Cartas II había concluido con esta síntesis de unas pocas misivas del libro de Mariano Baptista Gumucio, pero la entusiasta acogida a la II por algunos amigos me ha inducido a extraer nuevos párrafos de una etapa posterior a las anteriores.

Una carta de septiembre de 1937, dirigida al presidente Germán Busch por Alcides Arguedas, es “sobre la situación del país en la postguerra”. Comienza su carta señalando: “Antes de hacerme oír con usted sobre las razones que tengo para creer que pasó la época de los partidos de oposición con el único fin de combatir al gobierno, demolerlo y luego sustituirlo en el poder, deseo explicarle por qué uso del derecho de dirigirme al jefe de mi país para pedirle se ponga a meditar sobre las cosas que he de decirle y permanecen calladas cuando todos las piensan y no se deciden a expresarlas”.

El fondo de la intención se percibe claramente con el siguiente párrafo: “Una guerra en otras partes destruye riquezas materiales y morales y arrasa a veces con el patrimonio individual. Aquí, la guerra ha enriquecido a los individuos que han traficado con las drogas, las armas, las municiones, los alimentos, el pan y el vestido del pobre soldado, sin importarles lo más mínimo la suerte de la patria y su destino, atentos únicamente a su bienestar, a su ganancia, a su lucro”.

Estos dos párrafos parecen la preocupación de un ciudadano de la actualidad que mira impotente lo que sucede en el país.

Una carta de uno de los fundadores del MNR, Carlos Montenegro, dirigida a Eduardo Arce Quiroga, abogado, diplomático e historiador, en diciembre de 1938, se refiere a “La Guerra del Chaco y la Standard Oíl”. Expresa una opinión sobre esta guerra lamentable para Bolivia, señalando: “la verdad es que la Standard preparó la guerra en los dos países, calentando la cabeza de ambos con el asunto territorial, y los patriotas honestos como Salamanca eran la más fácil presa para los standardistas. La larga cancillería de Carlos Calvo durante la guerra puede explicar cómo, a la sombra de la honestidad de Salamanca, los gallinazos del entreguismo defendían los intereses de la Standard. Lamentablemente una jugada de intereses de una empresa nos dejó sin una parte importante de nuestro territorio”.

A continuación, un párrafo de una carta que arroja luces sobre la situación, de ayer y de hoy, que viven numerosos funcionarios del sector público. La misiva es de Luis Felipe Lira Girón, dirigida al canciller Alberto Ostria Gutiérrez, desde Quito, el 20 de agosto de 1939. “Vuestra excelencia, que de antiguo me conoce, podrá medir con una sensibilidad la agridulce emoción con que escribo esta nota. Dieciocho años de servir a la república desde el sótano glacial de los archivos de la Cancillería hasta el calor de fragua de las trincheras del Chaco. Dieciocho años y no digo ya un cojitranco fordcito para refocilarme como cualquier mortal al confortador de los soles domingueros, pero ni siquiera un tomín en depósito de ahorro, ni siquiera el abrigaño para la hora del crepúsculo cercano”.

Bueno, habrá que reconocer que hoy muchos funcionarios disfrutan de mejor suerte, como nos lo hacen conocer las noticias diarias.

Una muestra para concluir sobre un hecho histórico que causó enorme impacto en el ámbito nacional de la época. Una carta de Carlos López Arce a José María Salinas, que titula: “Ya no es hora de conversar, reúnete con nosotros y vamos a derrocar a Villarroel”, de julio de 1946. El párrafo que explica el final: “Después de un ataque violento franqueamos la puerta de ingreso, haciendo saltar la chapa a balazos. En el segundo piso encontramos a seis o siete obreros que daban culatazos de fusil a la puerta. Yo les dije: “con un balazo en la chapa se abre la puerta”. La abrieron con dos balazos. Yo, por una corazonada, no entré con ellos a Palacio.

En mi opinión, ellos son los que victimaron al coronel Villarroel y los que lo colgaron en un poste de la plaza Murillo. No fue la rosca, ni los partidos políticos los que cometieron ese hecho bárbaro”.

Definitivamente, la compilación que hace Mariano Baptista Gumucio en su estupenda “Cartas para comprender la historia de Bolivia” cumple su cometido...

 
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