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[Erika J. Rivera]

¿Por qué estudiamos hoy historia?


 

Al pensar en Bolivia y la historia las primeras preguntas lógicas que nos hacemos son las siguientes: ¿Qué es la historia? ¿Por qué y para qué nos preocupamos por la historia? ¿Cómo se ha desarrollado el estudio de la historia (la historiografía) en Bolivia? El término griego historia nos remite al conocimiento adquirido mediante investigación, la cual se expresa mediante la narración o descripción de los datos obtenidos en orden cronológico. Entendemos a la historia como la totalidad de los sucesos humanos que ocurrieron en el pasado. De los distintos campos de investigación, la historia es muy difícil de definir con precisión, porque intenta comprender los hechos y proponer un relato comprensible de éstos, basado en fuentes documentales, lo que implica el uso y la influencia de otras disciplinas.

Los hechos históricos pueden ser conocidos porque el historiador es testigo de los propios acontecimientos. Asimismo se puede conocer por fuentes intermedias, como ser el testimonio de los testigos contemporáneos de los sucesos; los relatos escritos como memorias, cartas, literatura; los archivos de tribunales, asambleas legislativas, instituciones religiosas o mercantiles; y la información no escrita que se obtiene de restos materiales de civilizaciones desaparecidas, como por ejemplo los elementos arquitectónicos, artes menores o decorativas, ajuares funerarios, etc. Los historiadores se han acercado cada vez más a las ciencias sociales como la sociología, la psicología, la antropología y la economía, así como a nuevos métodos y sistemas explicativos. En la actualidad algunos historiadores han retornado con gran interés a los fundamentos del conocimiento teórico y están reconsiderando las relaciones entre la literatura narrativa y la historia, lo que reabre la posibilidad de que la historia, después de todo, sea una literatura que trabaja sobre materiales eruditos. Por supuesto esto es un debate abierto porque todo está en constante reformulación.

Algunos aluden a la “historia” con h minúscula para referirse a la realidad histórica y otros a “Historia” con H mayúscula para referirse a la ciencia histórica o historiografía, aunque esta convención no resulta suficiente porque encontramos ambigüedad y relación entre ambas. La historiografía se ocupa de entender qué es un hecho histórico y qué es una explicación histórica, es decir, en primer lugar estudia cómo los historiadores entienden estas expresiones. Asimismo entendemos la historiografía como el registro escrito de lo que se conoce sobre la humanidad y sus sociedades humanas del pasado y la forma en que los historiadores han intentado estudiarlas. Estos primeros historiadores recogieron los sucesos de su época en prosa narrativa, dependiendo de testigos presenciales u otros testimonios fidedignos. Siguiendo la tradición aristotélica asumieron que la mayor expresión humana era la vida política y del Estado.

Aquí considero muy importante mencionar la obra e influencia de Leopold von Ranke (Siglo XIX), porque la historia alcanzó con él su identidad como disciplina académica independiente, dotada con su propio método crítico y de análisis. Ranke insistió en la objetividad del historiador y la consulta de fuentes contemporáneas para la reconstrucción histórica, también en la crítica de las fuentes y las circunstancias del escritor para evaluar los documentos. Muchos historiadores actuales encuentran las raíces de su disciplina en este desarrollo historiográfico del Siglo XIX que tuvo lugar en las universidades alemanas y que influyó en las investigaciones históricas de Europa y Estados Unidos.

Hoy estudiamos historia para tener conciencia de que todos los días somos nosotros quienes hacemos la historia, pero ¿cómo podríamos construirla si no la conocemos adecuadamente? Posiblemente pueda ser útil para el presente indagar sobre temáticas como educación y feminismo en la obra de un historiador tan controvertido como Alcides Arguedas. Paradójicamente esto contribuiría a encontrar aportes inesperados que coadyuven en las transformaciones cualitativas del presente. Pienso que es estimulante descubrir si Arguedas fue realmente un pensador anacrónico. Y si no fuera un pensador anacrónico, Arguedas podría ser considerado estimulante para nuestro siglo. Creo fructífero explicarme a mí misma si Arguedas era un progresista o un destructor de la patria y odiador de lo boliviano, como muchos lo han considerado. Es posible que ninguna de las dos perspectivas sea correcta en el fondo. Me emociona creer que pueda comprender aunque sea un pequeño aspecto de la filosofía de Arguedas sobre educación y feminismo en la vida y obra de este autor.

Así, a través de senderos inesperados, estudiamos hoy historia y llegamos a conclusiones que no vislumbramos al iniciar nuestros esfuerzos.

 
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