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[Mario Alfonso Ibañez]

Por la Patria digna de mejor destino


 

Al recordar un año más de la creación de Bolivia en 1825, no podemos menos que sentir angustia porque al cabo de 193 años, la PATRIA sigue transitando por el oscuro túnel del subdesarrollo, la miseria en el campo y la pobreza en las ciudades.

Con honradas excepciones, gobiernos de caudillos bárbaros y letrados, de dictadores militares y civilistas al asumir el mando del Poder estatal no hicieron otra cosa que rasgar la túnica sagrada de la Patria, anteponiendo sus intereses a los que correspondía a Bolivia.

De todo aquel caudal de fracasos políticos de nuestra historia surgen entonces los siguientes interrogantes: ¿Quiénes somos?, ¿cómo vivimos?, ¿qué se ha hecho con las riquezas terrígenas que Dios dio a Bolivia?, ¿qué podemos hacer para salir del atraso y la presión que nos abruma?, ¿qué confianza se puede tener en quienes son protagonistas de los mismos errores de ayer, de los mismos discursos y promesas incumplidas?

A esta altura de la historia, la Patria ya no necesita caudillos políticos ni gobiernos patrioteros porque el tiempo y la dialéctica de la historia reclaman nuevas formas de bienestar colectivo, nuevos modelos de crecimiento económico y progreso. Hoy Bolivia requiere capacidad de ordenar y transformar las estructuras productivas, gobiernos que den ejemplo de cumplir estrictamente la Constitución, las leyes y los principios de la Democracia, la cual costó vidas, sangre y dolor al pueblo boliviano.

Requerimos gobernantes que tengan talento para manejar el Estado como se maneja una empresa en crisis y con necesidades de recuperación.

Esta es la hora para adoptar grandes definiciones. Los bolivianos tenemos que renunciar a la ceguera, a la vacilación, si no queremos ser sepultureros de nuestra felicidad, del futuro de Bolivia. Los colectivos ciudadanos del campo y de los centros urbanos debemos tener valor para mirar cara a cara las verdades de nuestra indigencia, de nuestro atraso en relación con otros países. Requerimos nuevas propuestas de gobernantes honestos y vocación cívica al servicio de la Patria y no de sus subalternos intereses, para salir del infortunio y edificar una Bolivia que esté a la altura de su dignidad. Que esos gobernantes sean capaces de poder construir estructuras productivas para poder competir ante la globalización del comercio internacional. Necesitamos tomar posesión de los pródigos valles, ganar el sub-trópico, internarnos en la misteriosa naturaleza tropical y no solamente buscar afanosamente el avance del modelo extractivista del petróleo y los minerales.

Es necesario rediseñar la forma, el estilo de hacer obras, sin el simple interés electoral, con estrategias sub-regionales y de planificación del desarrollo sostenible en el tiempo para alcanzar el cambio con crecimiento.

Que se trasforme la estructura de la tierra con el concurso de sus propios protagonistas, para salir de la economía de subsistencia que está empujando al campesino a la migración hacia centros urbanos, y así las áreas rurales puedan crear cooperativas productivas, como fuentes de trabajo y bienestar al que tienen derecho. Se tiene que establecer una estrategia que incentive inversiones extranjeras y nacionales con seguridad jurídica, para establecer una cultura productiva de la más diversa tipología, tamaño y ubicación regional. Es necesario estimular y garantizar la formación de industrias grandes, medianas, pequeñas y artesanales que permitan absorber los grandes contingentes de desocupados. Establecer políticas públicas a fin de fomentar la productividad con valor agregado para la exportación. Fortalecer el mercado nacional, dictando medidas rigurosas para disminuir la creciente importación y el contrabando.

El trabajo lo genera la grande, mediana, pequeña industria y la artesanía y esto evita la desocupación, que está creciendo de manera alarmante en el país.

Por afectar las relaciones obrero-patronales, la seguridad y el flujo de inversiones privadas, es recomendable la abrogación de la ley que crea empresas sociales.

Todo esto será posible alcanzar si nuestros gobernantes miran las crudas realidades que son parte de nuestro atraso, subdesarrollo y pobreza y si abrigan la convicción de servicio a la Patria y a su pueblo.

Que nuestros gobernantes recuerden permanentemente aquel aleccionador mensaje del ilustre patricio boliviano Dr. José Carrasco Torrico: “La Patria es ara, no es pedestal ni escala”.

 
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