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[Clovis Díaz de Oropeza F.]

Cuatro vientos

El Gran Foso de Tiwanaku


 

Es una obra pública de dimensiones colosales. Estaríamos hablando de unos 3 mil metros de longitud. En cuanto al resto de sus dimensiones, en su punto más ancho junto a la esquina noroeste, tiene una cabida de 38 metros y de 17 metros en su punto opuesto, en el ángulo sureste, afirmó a este columnista el arqueólogo español José Ignacio Gallego Revilla, al referirse al “Gran foso del área ceremonial de Tiwanaku”.

Investigadores de Unesco pensaron llamarlo canal, pero al estudiar sus enormes dimensiones, fue bautizado como el Gran Foso.

Si se tratara de una estructura regular, con un cálculo medio de las características descritas, hablaríamos del movimiento de un volumen de 554 mil 500 metros cúbicos de tierra. Por la disposición física del Gran Foso -respecto al resto del espacio urbano- dijo Gallego Revilla, es clara la idea de centralidad, de establecer una posición topográfica adecuada y preeminente de este espacio tan particular, por parte de los mecanismos de control sociopolíticos de la población tiwanakota.

A diferencia de los tradicionales fosos secos como defensivos, en el caso del Gran Foso, estamos ante una infraestructura en la que el agua, bien estacionalmente, bien de manera más o menos constante, ha tenido importancia capital. Toda su configuración está preparada para recibir aportes tributarios de un conjunto de canales de gran tamaño desde su perímetro, añadió.

La enorme estructura aliviaba su agua en dirección al río Tiwanaku. Otros elementos relacionados con la enorme estructura son plataformas de construcción rectangular, probablemente de arcilla y delimitadas con toda probabilidad por cierres de material pétreo.

El espacio ceremonial, tras la finalización de esta colosal obra, se convierte en un territorio delimitado y ubicado al norte de la ciudad. Ha requerido no sólo una intención de sus diseñadores y constructores, sino también un complejo sistema de mecanismos políticos y sociales que permitiesen esta manifestación física de la diferencia y, por ende, del poder tan evidente y tan marcado, dijo.

A nuestro juicio, el arqueólogo español sugiere cierta dualidad en Tiwanaku. Carlos Ponce Sanjinés en su obra “Procedencia de las areniscas utilizadas en el templo precolombino de Pumapunku”, 1971, asegura que estaba vigente una “partición dualista”. Por consiguiente, “Pumapunku y Kalasasaya, quizá perteneció a una de las mitades en las que pudo estar seccionada la ciudad tiwanakota”.

El antropólogo Levy-Strauss define el dualismo, según Ponce Sanjinés, así: Recibe el nombre de organización dualista un tipo de estructura social frecuente en América, Asia y Oceanía, caracterizada por la división del grupo social en dos mitades, cuyos miembros mantienen relaciones recíprocas que pueden extenderse desde la más íntima colaboración hasta una hostilidad latente.

Concluimos en que el Gran Foso de Tiwanaku es una obra colosal para su época, que agiganta a los constructores tiwanakotas y hoy, gracias a los investigadores de Unesco, abre un nuevo cauce a la Historia de Bolivia y nos motiva amar esta maravilla.

clovisdiazf@gmail.com

 
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