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Día del Mar sin claudicaciones

Juan Gonzales Saravia

 

El recuerdo de la defensa de Calama, en la que con singular valor se inmoló Eduardo Abaroa, es el legado más heroico de la historia patria. Junto a él y bajo el mando del patricio Ladislao Cabrera, se organizaron 135 defensores, cuyos pertrechos no llegaban a 50 rifles. Al frente se disponían al ataque dos batallones de infantería y uno de caballería, que sumaban 1.500 hombres perfectamente armados y reforzados por 4 ametralladoras y algunas piezas de artillería. Más de una vez los defensores pusieron en aprietos a esa brutal fuerza, hasta la inmolación misma del héroe. Su valor solo es comparable a la epopeya “Del paso de los Termopilas”, por Leónidas y sus valientes “Espartanos” en la historia antigua.

Calama expresa la capacidad del patriotismo y de lo que pueden los hombres cuando los une un ideal y los preside una organización.

Aunque generación tras generación los bolivianos han admirado siempre el sacrificio de Abaroa y sus huestes, se han resistido casi sistemáticamente a imitar la disciplina que hizo posible ese gesto inmortal. En adelante, el mejor homenaje a nuestros héroes debe ser plantear nuestro futuro con la perspectiva real de soberanía y de patria; en todos los confines de nuestro país, incluyendo los territorios ocupados; sin olvidar que nuestro escudo tiene diez estrellas.

Producto de la dispersión de ideas en temas fundamentales, son ciertas afirmaciones que circunscriben los problemas nacionales en función de límites de tiempo, esto especialmente en relación con el problema marítimo; tal vez con el fin de que no surja la frustración por un fracaso en las “negociaciones” para recuperar nuestro mar cautivo. El peor fracaso será siempre el derrotismo acentuado por la falta de decisión, perseverancia y patriotismo en el tratamiento del magno tema, tanto como la vaguedad e indefinición de la cancillería para sustentar sus argumentos. Esto es más notorio en los rutinarios “acercamientos” con Chile en diferentes niveles y oportunidades.

Refleja similar situación, el que los gobiernos de nuestro país no hubieran podido sostener un criterio unívoco y fundamentado en torno a la compensación por el uso y consumo de las aguas del “Silala”. En efecto, es irrisorio que se discuta si se trata de un problema nacional o particular del departamento de Potosí o que si es un río o un manantial. Aparte que el Estado boliviano carece de un estudio técnico - científico oficial sobre la naturaleza y el curso de esas aguas, mientras Chile sigue aprovechando esos recursos hídricos. Con el aditamento de que: en el anterior periodo de gobierno de la señora Bachelet, los potosinos rechazaron el ofrecimiento de un pago parcial por esas aguas. ¡Todo o nada! fue el planteamiento en ese entonces…

El silencio cómplice de nuestras autoridades en oportunidad de los repetidos encuentros con los mandatarios chilenos, aun en nuestro propio territorio, así como los débiles y claudicantes alegatos del tema en los foros internacionales, tampoco honran la memoria de Abaroa, La reflexión a la que nos invita esta fecha -la que todavía se recuerda como el “Día del Mar”- jamás debe ser de claudicación ni renuncia a nuestro retorno al Pacífico, heredad con la que nacimos a la vida republicana. En cambio corresponde reflexionar a nuestros gobernantes y pedirles que se unan al llamado de marchar hacia nuestro Litoral con posiciones claras, decisivas y valientes, tal como enseñan los mártires de Calama.

LA SANTA CAUSA DE BOLIVIA

La profesión de fe en la reivindicación de nuestro Litoral ocupado por Chile, es la bandera, es el ideal, es la santa causa de la Patria.

Al perseguir ese anhelo con fe ardiente, con pasión frenética, nos hemos de ver obligados a olvidar y dejar de lado las pequeñas y tristes rencillas políticas. Nos hemos de sentir aunados en la comunión de un mismo y santo propósito; impulsados por una sola voluntad, por una común energía, abrazados a una sola bandera; regenerados con las virtudes de algo que es noble, grande, justo y viril.

Todos los bolivianos deberíamos estar bautizados en este credo: la unión y el trabajo tesoneros, que es el primer paso a la victoria. Si en 1825 rompimos las cadenas de la esclavitud y del colonialismo español, para ser libres e independientes, en 1879 perdimos nuestra independencia y libertad. La diferencia de la esclavitud de antes, en relación con la esclavitud actual en la que vivimos, puede variar de forma, pero en el fondo: somos tan esclavos como en los tiempos del coloniaje, más esclavos aún en manos de todos nuestros vecinos que nos tienen aprisionados, ocupando nuestros territorios por la fuerza de la conquista.

Domingo Santa María, quien llegaría a ser presidente de Chile. Declaraba en 1980: “No olvidemos que no podemos ahogar a Bolivia”. Vicente Huidobro, el gran poeta de “Altazor” y de “Temblor del cielo”, escribió en 1938: “Es curioso cómo los hombres se alarman por cualquier cosa. Bolivia pide un puerto. ¿Hay algo más lógico?”.

¡La reivindicación marítima es, por lo tanto, el primordial y supremo deber de todos los bolivianos!

¡Rompamos las cadenas de nuestro enclaustramiento!

“Bolivia sin su litoral podría ser una nación parásita sometida a las condiciones de sus vecinos y dócil esclavo del más fuerte”: Memorias del Mariscal Andrés de Santa Cruz.

 
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