“Situación del nuevo país es complicada”


 

Bolivia, 1825.- Desde distintos puntos de vista hallaron como “complicada” la situación de Bolivia, los asesores políticos-económicos que vienen trabajando en la región al servicio de las nuevas autoridades de gobierno.

Desde el punto de vista étnico y demográfico, afirmaron poseer la siguiente información: “la población total boliviana oscilaría entre un millón y un millón quinientos mil habitantes, los cuales se distribuyen en cuatro regiones tan diferentes entre sí que conspiran contra una identidad y un espíritu nacionales. Ellas son: el altiplano, los valles, los llanos y el Litoral. La población blanca ocupa los centros urbanos, junto con una gran mayoría de mestizaje; los aymaras continúan en las tierras altas de la meseta andina, los quechuas prefieren la zona de los valles, mientras que continúan existiendo en este país tribus nómadas que habitan la zona selvática”.

Desde el punto de vista económico, afirmaron que “la producción minera continúa su decadencia, no alcanzando la de este año a 1.000.000 de pesos fuertes, lo cual es una suma insuficiente para satisfacer las necesidades de bienes importados; como la carne, los granos, mulas y caballos principalmente, aunque también se importan artículos para el uso del Estado y de lujo para una minoría blanca”.

Por último coincidieron en que la situación política no es menos compleja, ya que la inexperiencia de los representantes y el cúmulo de problemas heredados de la Colonia, a resolver, retardan el proceso de consolidación de la independencia.

He dividido la fuerza armada en cuatro partes: ejército de línea, escuadra, milicia nacional y resguardo militar. El destino del ejército es guarnecer la frontera. ¡Dios nos preserve de que vuelva sus armas contra los ciudadanos! Basta la milicia nacional para conservar el orden interno. Bolivia no posee grandes costas, y por lo mismo es inútil la marina.

También me atrevo a instar con encarecimiento a los Legisladores, para que dicten leyes fuertes y terminantes sobre esta importante materia. Todos hablan de responsabilidad, pero ella se queda en los labios. No hay responsabilidad, Legisladores: los magistrados, Jueces y Empleados abusan de sus facultades, porque no se contiene con rigor a los agentes de la administración; siendo entre tanto los ciudadanos víctimas de este abuso

No está considerada en la Constitución bolivariana la religión. La religión. –afirma–, es la ley de la conciencia y su cumplimiento es de ley moral y no política. “Por otra parte, –continúa–, ¿cuáles son en este mundo los derechos del hombre hacia la religión? Ellos están en el cielo; allá el tribunal recompensa el mérito, y hace justicia según el Código que ha dictado el Legislador. Siendo todo esto de jurisdicción divina, me parece a primera vista sacrílego y profano mezclar nuestras ordenanzas con los mandamientos del Señor”.

La Asamblea de Bolivia en este punto no estuvo de acuerdo con el Libertador e impuso la religión católica.

Aceptadas en principio sus otras doctrinas, quedaron, sin embargo desvirtuadas por los prematuros apetitos. Poco tiempo después fue dictado una nueva Constitución y luego otras sucesivas, creyendo ingenuamente nuestros legisladores que ellas habrían de obrar la transformación del país, turbulento e impreparado, en una nación próspera. Muchos lo han dicho: las leyes nada significan si no se cuentan con elemento popular preparado y capaz de cumplirlas y de hacerlas cumplir como soberano legítimo.

Tal vez por eso se explican los conceptos bolivarianos el sufragio restringido que, ciertamente, no armonizan con la doctrina de la igualdad, impuesta después a pesar de que median abismos entre los electores.

He pensado que la Constitución de Bolivia debiera reformarse por períodos, según lo exige el movimiento del mundo moral.

Legisladores, felices vosotros que presidís los destinos de una República que ha nacido coronada con los laureles de Ayacucho, y que debe perpetuar su existencia dichosa bajo las leyes que dicte vuestra sabiduría, en la calma que ha dejado la tempestad de la guerra.

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