30 de mayo de 1431, muere en la hoguera

Juana de Arco, la doncella de Orléans

Una extraordinaria mujer que lideró los ejércitos franceses que expulsaron a los ingleses, lo que motivó también que la quemaran viva en el mercado de Ruán, cuando apenas cumplía los 19 años.

 

LA JOVEN QUE NACIÓ PARA SOLDADO

En tiempos aciagos para Francia se puso a la vanguardia Juana de Arco, una valiente mujer para ponerse al frente de un improvisado ejército y combatir a los invasores ingleses y echarlos de su patria, Francia.

Juana de Arco había nacido el 6 de enero de 1412, en Domrémy, un pequeño poblado situado en el departamento de los Vosgos, Lorena, Francia. Juana de padres agricultores de muy pequeña estaba dedicada a los quehaceres de su hogar, es decir, cardar e hilar la lana, coser y rezar. Nunca fue a una escuela, por tanto no sabía leer ni escribir, menos de la conducción militar.

Por entonces Carlos VI de Francia, al morir en 1328, había legado su reino a los ingleses, estos, comportándose como invasores y tiranos desataron una terrible guerra en octubre de 1421, el baluarte francés de Orleans resistía los ataques del ejército inglés. Los defensores del fuerte peleaban bravamente, ofrendando sus vidas por los derechos del heredero al trono de Francia, el delfín Carlos VII.

A los 13 años, Juana asistía a los oficios religiosos de su pueblo para orar por la salvación de su tierra y es donde comenzó a tener visiones y oír la voz del arcángel Gabriel, el capitán de los ejércitos celestiales, que le incitaba a liberar Orleans de los ingleses y a expulsarlos de Francia. Las voces y apariciones sobrenaturales se sucedieron durante cuatro años y la instruyeron de las estrategias militares y el camino de la santidad.

Juana hizo votos de virginidad y castidad ante santa Catalina y santa Margarita que le ordenaron que fuese a Vaucouleurs, para pedir a Roberto de Baudricourt que la llevase a presencia del delfín, el rey sin corona Carlos VII.

En 1428, las tropas del duque de Borgoña, aliadas del rey inglés de la dinastía Lancaster, atacaron las cercanías de su pueblo. Esta acción impulsó a Juana a visitar de manera inmediata al capitán de la guarnición de los Armañacs, partidarios del delfín Carlos VII, en la ciudad de Vaucouleurs, para comunicarles que estaba señalada para conducir sus ejércitos y salvar a Francia. Pero Robert de Baudricourt se mofó de ella. Ante la derrota de los franceses en Orleans, después de su segunda visita, Juana recibió un caballo y la escolta de seis hombres para que la acompañaran hasta Chinon, donde residía la corte del Delfín heredero.

Juana para conducir un ejército y presentar batalla necesitaba de una espada y se dirigió al santuario de Fierbois donde hizo desenterrar el arma que había pertenecido a Carlos Martel, pues santa Clara le había revelado que la espada se encontraba oculta detrás del altar, enterrada en el piso. El delfín Carlos la recibió el 8 de marzo de 1429, no sin antes de pasar una prueba, el rey se mezcló entre los cortesanos y uno de ellos ocupó su lugar, pero Juana, apenas entró en la sala del trono, marchó directamente adonde estaba Carlos – a quien jamás había visto- conversando con él en privado lo encaró, decidida, explicándole la misión que se había impuesto pidiéndole tropas para llevarla adelante, luego se hizo cargo del ejército y fue autorizada a vestirse con el atuendo militar; esto es, una bruñida armadura blanca.

En el comienzo de su campaña militar se dirigió a Orleáns, donde los ingleses y borgoñones se hallaban pertrechados dentro de una fortaleza. Juana pidió a los ingleses por dos veces que se rindieran. Lord Talbot rechazó la oferta de rendirse con esta premonición: “¡Vuelve a cuidar tus vacas, si no quieres morir en la hoguera”!

En mayo de 1429, Juana ordenó el ataque en el nombre de Dios, los franceses atacaron con tal fervor que comienzan a tomar ventaja logrando adueñarse de seis fortificaciones enemigas, no sin que Juana resultara herida en un hombro por una saeta. Tras vencer también en Tours, Auxerre y Troyes, el delfín Carlos la armó caballero y le otorgó los apellidos D‘Arc du Lys. Juana continúa con la campaña militar, avanza por el valle del Loira y toma las plazas de Jargeau, Meung, Baugency y Patay.

El 17 de julio de 1429 Juana de Arco hizo coronar al delfín Carlos VII en Reims como rey de Francia, como recompensa, el rey eximió al pueblo natal de Juana de Domrémy del impuesto anual a la corona. Sin embargo, el pueblo aclamó fervorosamente más a su heroína, lo que despertó la suspicacia del rey que empezó a tramar una traición motivado por la envidia y la ambición. Mientras tanto, Juana se lanza hacia el norte para expulsar a los ingleses de Francia y éstos se van retirando sucesivamente de Beauvais, Senlis, Creil, Chantilly, Remy y Choisy. Juana creía haber cumplido con su misión encomendada por la providencia y se dispuso volver al seno de su familia, pero las tropas la reclamaban. Intentó defender París con todas sus fuerzas, pero esta vez la suerte le fue adversa. En su primer ataque por la puerta de Saint-Honoré, sus hombres pierden la batalla y ella queda herida. Cuando intenta por segunda vez otra acometida el nuevo rey logra firmar una tregua con los ocupadores de la capital. En otro ataque, esta vez contra los borgoñones el 23 de mayo de 1430 en Compiègne, se salda con la captura de Juana que aún se encontraba malherida.

Carlos VII no hizo nada por liberarla; sus enemigos estaban encantados de librarse de ella. Para colmo Felipe de Borgoña termina vendiéndola a los ingleses por 10.000 escudos de oro.

LA TRAMPA Y LA CONDENA

Juana de Arco es conducida a Ruán y arrojada a un infame y oscuro calabozo, y allí el renegado obispo Pierre Cuachon le instituyó un proceso por brujería; debió hacer frente a 296 acusadores –profesores de la Universidad de París que, haciendo gala de su proverbial servilismo hacia los ingleses la interrogaban sin descanso durante agobiantes jornadas.

En el primer proceso Juana abjuró de sus errores al decir que tuvo revelaciones de Dios y de sus ángeles y prometió que jamás volvería a vestirse como hombre violando las reglas eclesiales, por tanto fue condenada prisión perpetua. Sin embargo, Cauchon no estaba conforme con esta sentencia, entonces urdió un infame ardid. Cuando la privaron de su ropa femenina, cayó en la burda trampa de volver a vestirse con los atuendos masculinos que oportunamente los carceleros dejaron en la mazmorra. Y con esta maniobra, apoyada por una confesión arreglada, el tribunal la acusó de reincidente y excomulgada fue condenada a morir quemada en la hoguera.

El 30 de mayo de 1430, cuando Juana de Arco apenas había cumplido los 19 años de edad, vestido con una túnica, escoltada por los ingleses fue conducida hasta el mercado de Ruán donde fue quemada en la hoguera acusada de brujería. Los que la condenaron a tan terrible muerte en poco tiempo misteriosamente murieron también de manera trágica y en diferentes circunstancias. Más tarde, el papa Calixto III excomulgó a Cauchon y ordenó que dispersaran los restos de su cuerpo, declarando herejes a los jueces que la habían condenado, y un cuarto de siglo después, un nuevo tribunal eclesiástico rehabilitó a la doncella de Orleans el 7 de julio de 1456. El Vaticano la beatificó en 1909 y la canonizó en 1920 por Benedicto XV. Ese mismo año fue declarada como la santa patrona de Francia.

 
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