Un paseo por Antofagasta

Amparo Loza Aguirre

 

El 14 de febrero de 1879 Chile invadió el puerto de Antofagasta con el fin de apoderarse de las riquezas naturales que habían descubierto en territorio boliviano. La Biblioteca de Oro del Estudiante, obra de consulta para el estudiantado chileno, enseña que “ante la violación flagrante del Tratado de 1874, el gobierno ordenó la ocupación de Antofagasta”, esta verdad adulterada se enseña en las escuelas chilenas.

De niña mis padres me llevaron a conocer Antofagasta, fue un viaje en tren. Recuerdo que al llegar a Antofagasta me sorprendió ver por primera vez el océano Pacífico, jugaba en la playa con la arena y las olas, al atardecer divisábamos el mar, y al unísono cantábamos “... Antofagasta, tierra hermosa, Tocopilla, Mejillones junto al mar, con Cobija y Calama otra vez a la Patria volverán”.

En mi última visita, Antofagasta se convirtió en una ciudad cosmopolita, moderna, con grandes avenidas, la Plaza Colón con jardines bien cuidados y frondosas palmeras, al frente de la plaza se encuentra la Catedral, cuya primera construcción data de 1874, a su alrededor se conservan como patrimonio edificaciones construidas antes de la Guerra de 1879, que han sido restauradas, Y se puede apreciar una réplica del “Big Ben” de Londres, denominada la Torre Reloj de Antofagasta, que fue donada por la Colectividad Británica. Lo que más me llamó la atención fue la Estación Central, donde se puede ver el Ferrocarril Antofagasta Bolivia, con sus siglas FCAB, empresa que fue creada en el periodo más próspero de desarrollo que se vivía con el descubrimiento del salitre (1860), preciado mineral denominado “oro blanco”. De acuerdo con la verdad histórica, aquí empezó la codicia chilena por parte de empresas chilenas e inglesas que tenían concesiones de terrenos para la explotación del salitre que les generó inmensa riqueza y fue el motivo principal para la invasión chilena.

Visitamos el Museo de las “Ruinas de Huanchaca”, de una refinería que en un inicio fue construida por la Compañía Huanchaca de Bolivia, para beneficiar los minerales de plata extraídos de sus yacimientos mineros de Bolivia. Esa refinería de plata llegaría a ser la más grande y moderna de Sudamérica, pero al entrar en decadencia fue abandonada. Ahora está convertida en un museo, donde se expone las enormes riquezas del guano, salitre, cobre, plata, y otros minerales.

Económicamente Antofagasta es uno de los puertos más importantes de Chile, a donde llegan productos de todo el mundo. Es la zona minera por excelencia, exportando millones de toneladas de minerales, lo que genera billones de dólares para las arcas chilenas. Antofagasta es considerada la ciudad con el mayor ingreso per cápita de Chile, por lo que la llaman “La Perla del Norte”.

A mi retorno, me invadió la nostalgia y pensé que la divina Providencia fue tan generosa con Bolivia al beneficiarla con su costa en el océano Pacífico, con recursos naturales inmensamente ricos, que por la codicia chilena y la desidia de nuestros gobernantes de ese entonces la perdimos injustamente, añorando que algún día Bolivia volverá a las costas del Pacífico y los niños bolivianos podrán bañarse en sus playas de agua tibia.

amparoloza@hotmail.com

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