[Cap. MSc. Melwin Boris Mendoza]

Dos tipos de riesgo en seguridad vial


 

¿Es posible vivir en un escenario de completa “seguridad”? ¿Será que el entorno que nos rodea plantea siempre una situación de riesgo?

Se puede analizar el riesgo desde dos aspectos distintos, pero que a la vez coexisten. Uno es el aspecto “objetivo” del riesgo, es decir científicamente comprobable o evaluable; en tanto que el otro es el “subjetivo” o percepción subjetiva que una persona tenga sobre el riesgo.

El riesgo está dado por la percepción, es decir por la subjetividad de cada persona, por lo que es necesario trabajar en el ajuste a la realidad. Es decir, si una persona con sus conductas lleva a cabo actos inseguros (cruzar por mitad de cuadra cuando hay un tránsito vehicular intenso) y no tiene conciencia del grado de riesgo que implica esta acción, o dicho de otra manera, no tiene un conocimiento preciso y adecuado de dicha situación, objetivamente está asumiendo una conducta riesgosa.

Prevenir y promover conductas seguras en la vía pública intenta reconstruir o modificar esta percepción errada, entendiéndola como una manifestación particular (de cada sujeto), pero directamente vinculada con una práctica social (a nivel nacional), lo cual se traduce en una “cultura del riesgo” que debe ser modificada, por una “cultura de la prevención”.

Entonces la percepción del riesgo (aspecto subjetivo del riesgo) se manifiesta en una dimensión individual, pero también como fenómeno social en todas las ciudades de nuestro país, según el tipo de cultura de la que emana, de sus creencias y visiones dominantes. Los medios de comunicación y las publicidades son agentes reproductores y amplificadores de estos mensajes. Por decir, una publicidad que enaltezca la “velocidad” como valor supremo u otra que transmita conductas contrarias a las normas básicas de seguridad vial en beneficio de la promoción de ventas de determinados vehículos, productos o servicios, contribuye negativamente en relación con una construcción de conceptos de prevención de hechos de tránsito.

En otro contexto, un titular periodístico que dé cuenta de la ocurrencia de un siniestro de tránsito, presentándolo como una “tragedia” que además hace alusión a factores de índole fortuitos o cuasi-divinos de la responsabilidad en el hecho, no hace más que minimizar la responsabilidad humana, colaborando de esta forma en que no se asuma las consecuencias de este hecho con la seriedad y responsabilidad que amerita la gravedad de este tipo de actos.

Si pensamos en el riesgo como “amenaza”, centraremos nuestra atención en el entorno externo, como si una situación “ajena” a nosotros nos estuviera desafiando. Esta forma de pensar lleva al sujeto hacia un rol pasivo frente a la existencia del riesgo. Es verdad que muchas condiciones se nos presentan como amenazas (ej. Una carretera con baches), pero también debemos pensar en el riesgo como una “oportunidad” para prevenir, en nuestro caso, la ocurrencia de un hecho de tránsito, como algo que en parte está bajo el dominio y voluntad de la conducta humana y de esta forma el sujeto asume un rol activo (ej. frente a una carretera con baches, se debe aplicar estrategias de seguridad como la reducción de velocidad).

En esta construcción social participa la familia como generadora de buenos hábitos de circulación vial y acompaña en este proceso la educación, como formadora de hábitos socializadores. Recuerde, ¿cuántas veces su hij@ le dijo “papá, no cruces el semáforo, está en rojo” y usted por vergüenza cambió su mal hábito por una buena actitud.

Entonces, mi estimado lector, no juegue con el riesgo como si fuera una “ruleta rusa” en la que muchas veces se privilegia el momento y no lo que pueda pasar después.

“¡No más personas lesionadas, discapacitadas, ni fallecidas por los hechos de tránsito!”.

El autor es docente UNIPOL.

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