[Alberto Zuazo]

Diferencias sí, rupturas no


 

Los seres humanos llegan al mundo sin tener experiencia de vida anterior, sin carga propia y única desde sus inicios. Por tanto, hay que tener conciencia de que no pudieron haber creado diferencia alguna anterior. Éstas surgen a medida que discurre una existencia. Es en este trance cuando se puede lograr acercamientos o diferencias con el resto.

Entonces, ellas surgen por propia iniciativa o por una experiencia de relación con alguien, con algunos o con la sociedad en su conjunto. En este marco es también natural que ella o ellas emerjan por experiencia propia o como reacción personal ante otros hechos o pensamientos.

En consecuencia, las diferencias nacen por voluntad propia o por discrepar en la vida social con realidades preexistentes o naturales. Pero, lo más frecuente es que surjan en la realidad y provengan de determinadas posiciones encontradas con otras, así como de acciones asumidas.

Precisamente este el origen de que se las crea por sentimientos o idearios sociales, entre éstos últimos los más frecuentes son aquellos que nacen de discrepancias políticas, que se traducen en unos casos en la realidad de los pensamientos que se tenga, de una y otra parte. Aunque en caso alguno que provengan solamente de ellas.

Las tendencias de idearios sociales o personales son la cuna de las diferencias, lo que es muy natural y hasta plausible que sucedan, pues no es posible que todos coincidan en similares preferencias.

Empero, lo que en estas líneas deseamos proponer es que las diferencias se produzcan o no de acciones encontradas, sino de pensamientos discrepantes, pero lo deseable es que no lleguen a la ruptura, porque este es el signo de la intolerancia.

La experiencia de la política boliviana es que las diferencias que se pueda tener en ideas o acciones habitualmente llegan a la ruptura, lo que afecta mucho a la vida del país que se quiera construir sobre esta base.

Los desechos no construyen, porque éstos provienen precisamente de los quiebres y errores que se comete en el despliegue de la vida social.

Lo recurrente en la política boliviana es que cuando se está en el ejercicio del poder se abran abismos con parte o con todo el conjunto social. Y en los casos en que se encuentra fuera de él, existe también intolerancia con ese poder, por lo que al final predomina el odio de una y otra parte.

En estas condiciones es muy difícil que el país desarrolle todas sus potencialidades, más bien lo que sucede es que gire en torno a un círculo vicioso, por tanto negativo.

En concreto, ni los que ejercen el poder o estén al frente de él tienen la perspectiva de construir algo en conjunto. Pues, como decíamos antes, la dispersión no construye cuando se la convierte en hábito y no en un trance o circunstancia momentánea.

El gobernante actual del país insiste en la ruptura, además no se limita a la actualidad, sino que se remonta al pasado para hacer comparaciones, o sea que no parte únicamente del presente sino se reduce a citar experiencias del pasado.

Las comparaciones son pertinentes cuando las dos partes de las que se trata tienen similitud de realidades temporales, y perspectivas parecidas. A manera de simplificar la situación puede decirse, entonces, quiere presumirse que el pasado tiene que ser siempre igual que el presente. Pero la realidad es muy diferente, de ahí que precisamente se habla de un pasado y un presente.

Desde este punto de vista, quiere decirse que el pasado tiene que ser siempre igual que el presente, lo cual es una concepción delirante. Siempre habrá diferencias. Dentro de 11 años tampoco podrá pretenderse que sea igual que esta actualidad. Tendrá necesariamente que haber cambios y crecimientos.

A partir de cuándo los países se quedan en el enanismo, ser eternamente similares en todo tiempo. En todo tiempo serán siempre diferentes. De pretenderse ello, lo correcto sería, en este caso, que nunca se hubiera emergido del barbarismo o el atraso de otras épocas.

Tampoco es posible suponer que en 2016 no hubiera habido cambios respecto al 2015, y que en el 2017 no vayan a existir modificaciones respecto a lo que será el 2018.

Por todo ello, es incorrecto presumir que en 11 años no hubiera habido diferencias con 2005. En primer lugar, todo tiempo es diferente al pasado, como ocurrirá lo mismo en 2018, respecto inclusive a un solo año. Cuando se incurre en esta insensatez más bien lo que se está demostrando es ignorar la historia.

Cuando se pretende incurrir en el autoelogio lo pertinente es citar o mostrar algo que ha sido diferente y que, además, fue parte del progreso alcanzado bajo su mandato temporal. Además, mejor si las citas son varias, pues esto sí será más efectivo para impresionar, que es lo que se pretende, antes que caer en la ruptura o en un tropezón histórico.

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