Los violadores de los DDHH

Hernán Maldonado

 

El presidente de Filipinas, Rodrigo Duterte, dice abiertamente: “No me importan los derechos humanos, créanme”. Fiel a su palabra, cuando era alcalde de Davao centenares de individuos fueron asesinados o desaparecidos, y la ciudad quedó tan limpia de delincuencia y droga que ahora es una atracción turística.

Duterte, 71 años, que asumió la presidencia en junio pasado, se propone hacer lo mismo en toda Filipinas. “No destruyas mi país porque te voy a matar. Te voy a matar. No habrá término medio”, prometió a los delincuentes. Propugna restablecer la pena de muerte legal, abolida en 1986.

“Si conocen a algún drogadicto, mátenlo ustedes mismos, ya que sería demasiado doloroso pedir que lo hagan sus padres”, exhortó a sus compatriotas. ¡Ah! Y si se restablece la última pena cree que debe ser por ahorcamiento, ya que “solo se rompe el cuello y se apaga la luz”. No quiere silla eléctrica ni fusilamiento, por lo caro de la electricidad y las balas… “No puede ser que si voy a matar a una mala persona, ésta todavía quiera que yo gaste dinero”, se justifica.

En abril, un mes antes de su elección, recordó un motín carcelario en 1989 en Davao. La misionera australiana Jaqueline Hamill fue violada y asesinada durante una visita. “Me molestó mucho que la violasen, pero era tan guapa... El alcalde tendría que haber sido el primero”, declaró.

Casi 80 millones de filipinos profesan la religión católica y esto le importa un bledo a Duterte. Recordó que en enero del 2015, durante la visita de Francisco, “tardamos 5 horas en ir del hotel al aeropuerto. Pregunté qué nos retrasaba tanto. Me dijeron que era el Papa. Papa, hijo de p… vuélvete a tu casa. No vuelvas más de visita”.

Apodado “El Castigador”, Duterte ahora también es comparado con Donald Trump por su incontrolable verborrea, pero mientras éste promete lo que va a hacer, el “Trump filipino” demuestra con hechos lo que se propone.

A la luz de lo que ocurre en nuestro patio, vale preguntarse si este descarado violador de los derechos humanos es más o menos culpable que ciertos presidentes que se dicen promotores de esos derechos, pero que cínicamente los violan. En Venezuela no rige la pena de muerte, pero no pasa un día en que los policías ejecuten a delincuentes a diestra y siniestra. La criminalidad es tan alta, que todos parecen mirar hacia otro lado.

Pero no se trata solo de muertes de delincuentes, sino de la violación de otros derechos humanos, como la libertad de prensa, de expresión, de manifestarse pacíficamente, del libre tránsito, de asociación. De elegir a sus gobernantes, de tener tribunales de justicia independientes, etc.

Los regímenes del llamado socialismo del Siglo XXI veladamente han liquidado esos derechos, aunque alcanzaron el poder enarbolándolos. Estos días la magia del Internet retrotrajo el discurso de Evo Morales cuando tomó el poder hace 10 años prometiendo que “nunca más” en Bolivia se violaría los Derechos Humanos y que el suyo sería “un gobierno sin muertos…” ¿De verdad?

Hernán Maldonado es periodista. Ex UPI, EFE, dpa, CNN, El Nuevo Herald. Por 43 años fue corresponsal de ANF de Bolivia.

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