Ecología política, Política ecológica

Clara Presman

 

Álvaro vive en Madrid y sólo con lo que consume de azúcar al año dicen que contamina con 47 kilos de Co2 que se alojan en la atmósfera. Los españoles emplean unos 30 kilos de azúcar anuales importados de diferentes países del mundo. El modelo de sobre consumo que se ha generado y apunta a crecer en los próximos años es insostenible, en términos ambientales y sociales. La deslocalización de la producción en regiones con mano de obra barata y legislaciones ambientales más flexibles, para aumentar los beneficios económicos es un gran negocio para muchos países ricos. El impacto ambiental, la contaminación y los daños irreversibles al ecosistema son temas que parece pueden esperar en la agenda política de muchos.

Para Ramón Fernández Durán y Luis González Reyes, autores de la obra “En la espiral de la energía” (2014), el colapso del medio ambiente es ya inevitable, dado que no habrá suficiente energía como para mantener una organización sociopolítica basada en el crecimiento continuo. El aumento incontrolado en el consumo agota los recursos y multiplica los desechos.

Un indicador interesante que muestra lo insostenible de este modelo es el de la “huella ecológica”, término definido por investigadores de la Universidad de la Columbia Británica. Este es un indicador biofísico de sostenibilidad que integra el conjunto de impactos de una comunidad humana sobre su entorno, considera tanto los recursos necesarios como los residuos generados para el mantenimiento del modelo de consumo de la comunidad. La huella ecológica se define como “el total de superficie ecológicamente productiva necesaria para producir los recursos consumidos por un ciudadano medio de una determinada comunidad humana, así como lo necesario para absorber los residuos que genera, con independencia de la localización de estas superficies”.

Leonardo Boff prefiere hablar de “injusticia social” y no de pobreza o desigualdad. El sentido que subyace en el concepto de injusticia propone un paradigma diferente para encarar estos problemas. Así, mientras los países de mayores ingresos tienen una huella ecológica de 6,4 hectáreas por persona, los de ingresos más bajos apenas llegan a una hectárea. Emiratos Árabes Unidos y Estados Unidos encabezan la lista de países con mayor consumo por persona. Si todos consumieran como estos dos países, serían necesarios los recursos producidos por tres planetas Tierra para satisfacer las demandas de todos.

Sobra la evidencia científica para sostener la idea de la necesidad urgente de tomar conciencia ambiental y actuar en consecuencia. Sin embargo, la cuestión ecológica sigue fuera de la agenda política de la mayoría de los mandatarios contemporáneos. El desafío que tenemos ante nosotros es incorporar la ecología como asunto político de relevancia es el desafío.

Pero esto supone enfrentarse al poder real. En la última década la comunidad europea ha dado muestra de cierta preocupación por el tema y la sociedad refleja una creciente sensibilidad ecológica. De hecho, hasta se ha creado los llamados partidos “políticos verdes”. También algunos gobiernos progresistas latinoamericanos han puesto freno a los excesos del neoliberalismo, en un intento de redistribución de la riqueza, para aumentar la inclusión social. Pero nadie ha tomado la decisión real y efectiva de construir alternativas viables y realistas al modelo exportador de materias primas. La minería a cielo abierto, los monocultivos de soja o la extracción de hidrocarburos avanzan en la mayoría de los países, y con las mismas consecuencias: devastación ambiental y destrucción de culturas y formas de vida de las comunidades rurales e indígenas. El consumo indiscriminado y poco consciente ya es parte del ADN de las nuevas generaciones.

Ya no está en juego sólo el futuro de los que vendrán, hoy se disputa el presente, la posibilidad de no destruir la tierra en donde habitamos. No se equivoca el teólogo brasileño Leonardo Boff al afirmar: “El capitalismo prefiere ser suicida antes que cambiar”. Estamos a tiempo de no seguir los mismos pasos.

La autora es periodista.

ccs@solidarios.org.es

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