Misionero boliviano denuncia haber sido víctima de corrupción sexual en secta religiosa


 

Un religioso boliviano, nacido en Cochabamba, denunció cómo fue víctima de corrupción sexual de una secta católica llamada “La Comunidad Misionera San Pablo Apóstol en Kenia, África”, hecho que fue de conocimiento del papa Francisco.

La información proveniente desde la Argentina, a través del periódico digital Mendoza On Line, da a conocer que el caso de Paulino, nombre que se le puso por salvar su identidad, es parte de un trabajo realizado por el periodista José Manuel Vidal. En este reportaje, Paulino relata su caso y cómo después de mucho años pudo huir para contar todas las depravaciones de las que fue testigo y víctima en esta comunidad.

El testimonio es estremecedor, fue tomado por el periodista José Manuel Vidal, director del portal católico Religión Digital, que hoy pone en foco el caso y que lo llevó en mano al papa Francisco para que actúe al respecto.

De acuerdo con la nota de prensa, el joven de 18 años decidió tomar los votos y es así que logra contactarse con un amigo que lo convoca a una reunión con misioneros, quienes se lo llevan a los Estados Unidos.

Más adelante relata: “Me trataron, durante tres años (del 2001 al 2003), como una bestia de carga. Nos levantábamos a las cinco de la mañana para ir al campo, a colocar piedras en los cauces, para intentar retener el agua (labor imposible), o a hacer lo último que se le ocurriera a Paco. Y allí estábamos todo el día, incluso al mediodía, a pleno sol africano, con más de 40 y pico grados. Nos obligaban a estar siempre desnudos en las habitaciones de 6 o más personas, donde dormíamos con colchonetas en el suelo. Al regresar a casa después del trabajo, la norma general era andar desnudos y saludarse con besos. El propio Andreo saludaba con besos en la boca a sus preferidos”.

Más adelante, afirma que “la inmoralidad sexual que se vivía en Nariokotome no tenía límites. Paco Andreo montaba orgías con hombres y mujeres, en las que, a veces, participaba activamente y, otras veces, se dedicaba a mirar cómo una de sus monjas fornicaba con dos negros a la vez. Cuando quería sexo, Paco llamaba al chico que deseaba a su habitación y allí hacía lo que quería con él”.

“A pesar de todo, creo en la Iglesia y espero que no siga protegiendo a este cesto de manzanas podridas y que ayude a los que hemos ido quedando en el camino”, relató.

“Por eso,me gustaría poder ver al Papa, recibir su consuelo y su apoyo. Ya sólo confío en él. Espero que me llame y que ponga un poco de alivio en mi alma rota y en mis ojos tristes. Papa Francisco, ayúdame, por favor”.

 
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