Corocoro: el centro minero del cobre más próspero en la I Guerra Mundial

Tedoro Salluco Sirpa

 

Se trata de un centro minero cuprífero de primer nivel en el contexto boliviano, principalmente en esa época bélica (1914-1918), aunque su explotación se desarrolló desde los tiempos inmemoriales pasando por las épocas prehispánica, colonial, republicana hasta la actualidad. Sin embargo, la investigación demuestra que en estos cinco años se presentó un repunte mayor en los precios, producción y comercialización alcanzando cifras excepcionales que no fueron igualadas con los años de repunte y crisis minera en el distrito.

Actualmente, en la sociedad boliviana casi no se tiene conocimientos sobre los grandes mineros del cobre, y mucho menos del desempeño económico, su organización, ingreso y condición de los trabajadores. Sorprende, porque en los años mencionados, la producción cuprífera tributó al fisco nacional, ocupando un segundo lugar después del estaño en importancia económica para el país.

La Segunda Revolución Industrial en los países de Europa y Estados Unidos exigió una demanda enorme del cobre, no solamente de Bolivia sino del mundo. Entre los países productores más importantes estaban Estados Unidos, México, Australia, Chile y otros. En la producción mundial señalando sólo el año de más auge (1916), fue la siguiente: produjo 1.406.353 toneladas de cobre y el precio alcanzó a 150 libras esterlinas (£) por tonelada, equivalente a Bs. 1.986. La demanda de los países desarrollados fue precisamente para la industria eléctrica, telefonía y sobre todo en la fabricación de municiones y alambres que exigía la Primera Guerra Mundial.

La actividad minera del cobre, al igual que otros centros mineros del país, estaba subordinada a los mercados internacionales de Estados Unidos y Europa (Inglaterra, Francia y Alemania), donde se estableció el comportamiento económico de la oferta y demanda. No sólo eso, sino también dependió del capital financiero, tecnología y personal capacitado.

Corocoro, por su dependencia y vinculación con el mercado internacional, se convirtió en un centro minero por excelencia y al mismo tiempo contradictorio. Excelencia, en el sentido de que las empresas mineras tenían origen chileno e inglés, que invirtieron grandes capitales, introdujeron tecnología de punta y personal capacitado, produciendo enormes cantidades del cobre y generando utilidades significativas. Por ejemplo, en los años de la Guerra, Corocoro produjo alrededor de 23.000 a 34.000 toneladas de cobre anualmente; en los precios osciló de £ 60 a 150 por tonelada. En la mano de obra empleó de 2.000 a 4.300 trabajadores. La población ascendió de 16.000 a 20.000 habitantes. Por tanto, una coyuntura récord, nunca sucedida en la historia minera corocoreña.

Las empresas mineras que funcionaron en Corocoro fueron “la Compañía Corocoro de Bolivia” (1873-1923) de razón social chilena y la “United Copper Mines Limited” (1909-1923) de origen inglés. Estas empresas invirtieron y modernizaron las minas para su mejor rendimiento extractivo y refinamiento, introduciendo tecnologías de punta como ser winches, andariveles, taladros, molinos de hierro entre otros. Sus aparatos fueron movilizados gracias a la energía eléctrica aprovisionada de una planta en el mismo asiento. A la vez, esta maquinaria resolvió la escasez laboral y el trabajo en la profundidad de socavones. Las galerías y pozos maestros tenían una profundidad de 300 a 500 metros, debido a la explotación desde los tiempos de la colonia. En la mano de obra, se empleó trabajadores altamente capacitados de origen extranjero (gerentes, geólogos y técnicos especializados); indígenas experimentados (perforistas, barreteros etc.) y obreros estacionales y fijos (cargadores, seleccionadores/as, horneros, carreros y otros).

En el ámbito estatal, se repitió la misma historia de saqueo que con los de estaño. Fue un Estado liberal que alentaba a las empresas mineras elaborando leyes, códigos, construyendo caminos terrestres y ferroviarios. Sin embargo, recibió un ingreso de 2.5% por la exportación de cobre en aduana, casi lo mismo que la de estaño; es más, los políticos de esa época, según Albarracín, no comprendieron lo que era el negocio, las utilidades y su salida sin control, por lo tanto, poco podrían plantear y exigir impuestos razonables a las empresas. Lamentablemente, las empresas controlaban todo el aparato productivo desde la extracción hasta la comercialización, sus oficinas centrales estaban instaladas en el exterior.

Los trabajadores mineros no tuvieron seguridad laboral, aunque las empresas modernizaron los socavones, los saldos de muertes y accidentes fueron alarmantes. Se mencionó que en las minas de Corocoro había más accidentes y muertes que en otros distritos mineros del país. Las leyes a favor de los obreros eran casi nulas y con poca aplicación.

Finalizando, destacamos que la prosperidad empresarial de Corocoro como producto de la I Guerra Mundial, tuvo dos respuestas contradictorias. Primero, respondió a los intereses extranjeros con la transferencia de grandes utilidades generadas de las minas, dejando en pobreza la región y al Estado. Segundo, el auge del cobre dinamizó la región minera con la participación de varios sectores económicos y sociales. Por ejemplo, concurrieron trabajadores mineros de diferentes provincias; así como el proveedor de taquia y carbón; el campesino productor de papa, chuño, quinua, carne, etc.

 
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