Suman las vejaciones a menores

Israel Camacho Monje

 

El ciudadano común lamenta que cada vez sean más las violaciones sexuales a niñas dentro de sus propios hogares, tanto por sus progenitores como padrastros, y muchas veces con la complicidad de madres y familiares, que con el “pacto del silencio” ocultan el accionar criminal de los violadores, porque según argumentan hipócritamente, no pueden permitir que la honorabilidad de sus apellidos sea mancillada por simples rumores.

Por otro lado, resalta la labor de los medios de comunicación que todos los días informan a la ciudadanía sobre los resultados exitosos de las investigaciones policiales realizadas ante las denuncias sentadas en sus oficinas principales, por algunos familiares conscientes y responsables que no son parte del “pacto del silencio”, así como por algunos vecinos que después de escuchar las desesperantes quejas de las niñas vejadas, que a riesgo de sufrir represalias de los violadores y sus cómplices, han tenido el valor de denunciarlos.

El ciudadano común se permite aclarar que las violaciones sexuales de niñas y adolescentes dentro de sus hogares han sido impunemente cometidas desde mucho tiempo atrás, y que en el caso de las niñas, al saber que estaban embarazadas, de la noche a la mañana las ocultaban, arguyendo que fueron a ver a familiares en el interior del país, pero en realidad las mantenían secuestradas por todo el tiempo de gestación. Y una vez intervenidas por algunas matronas y estando con vida las criaturas, las hacían aparecer como si algunas desnaturalizadas madres las hubieran dejado justo en las puertas de sus casas, y con una actitud compasiva y caritativa las adoptaban en las familias.

En el caso de una adolescente, al no poder ocultarla, tenían dos salidas, la primera, mandarla inmediatamente a la casa de un familiar, en el interior o exterior del país, y así tener el tiempo para ver, según falsos argumentos, qué hacer y qué castigo dar a la ingenua hija que se hizo seducir por un don nadie.

Y la segunda, esperar que llegue al quinto o sexto mes de embarazo, y cuando se hacía visible el vientre abultado, sacarla del colegio, y si estaba haciendo labores de casa, esperar hasta que dé a luz, y recién fingir protestas a viva voz, porque su enamorado después de aprovecharse de su hija había desaparecido, y como padres comprensivos no les quedaba otra cosa que inscribir al recién nacido en el Registro Civil, como si fuera el último de sus hijos o hijas. En la cruda realidad, era la propia hija o hijo, y con pretextos el agresor seguía abusando sexualmente a sus hijas adolescentes, o hijastras.

Pero vuelvo a recalcar, gracias a los medios de comunicación social, las violaciones a niñas y adolescentes, cometidas dentro de los hogares, tanto por progenitores, padrastros, tíos, primos y otros, que hayan sido cometidos años atrás, está saliendo a relucir y, de acuerdo con nuestro Código Penal Boliviano, son sancionados sin contemplación alguna los autores, cómplices y encubridores. Es fácil imaginar que todas las víctimas de violaciones sexuales, tanto dentro como fuera de los hogares, viendo que la justicia es implacable con todos los depravados sexuales, ya no tendrán temor al denunciarlos y, por lo tanto, será la única manera de cortar de raíz ese mal. ¿Verdad que sí?

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