El futuro de la lengua aymara

Lic. Ciril Malderna Rojas

 

Esta milenaria lengua es hablada por miles de personas en la región andina y en otras partes de nuestro Estado Plurinacional por migrantes aymaras. Existen varios planteamientos acerca de su origen y evolución tanto de antropólogos y estudiosos bolivianos como de peruanos y tesistas extranjeros. Según mis estudios su origen está en la región del Lago Titicaca. El aymara es el PUKINA EVOLUCIONADO. Para esto acudo a un sencillo ejemplo, todos los libros de histo-ria indican que el nombre antiguo de la ciudad capital y de todo el territorio circundan-te de una colectividad muy organizada fue TAYPIQALA que era una palabra del idio-ma que ellos hablaban. Este vocablo, es eminentemente aymara significa la PIEDRA DEL MEDIO. Esta colectividad referida es la legendaria TIWANAKU. Al desintegrarse este Imperio hacia el 1200 de nuestra era, desapareció también el puki-na. Las familias remanentes, con seguri-dad comenzaron a estructurar la lengua aymara en base al pukina mencionado y otras que respondían a sus nuevas necesidades sociales y lingüísticas.

Cabe aclarar que el antiguo nombre del pueblo y lengua aymara era el QULLANA. La denominación de aymara surgió a consecuencia de un pasaje histórico circunstancial. Cuando arriban los conquistadores españoles a la tierra qullana, preguntan a los lugareños por el nombre de ellos y de su región, los abordados, creyendo que les habían preguntado acerca de cuanto tiempo están viviendo respondieron “JAYA MA-RA” que significa MUCHOS AÑOS. Desde ese momento y hasta el presente quedó el denominativo de aymara pa-ra referir a una de las nacio-nalidades más numerosas de nuestro país, ocupando el segundo lugar después de los kichwas.

Este cuadro de historiación completamos mencionando a los personajes que estudia-ron y hablaron el aymara en todos sus componentes lingüísticos, luego escribie-ron textos y difundieron en diversos círcu-los. Así, durante la colonia destacamos el trabajo del cura dominico Ludovico Berto-nio, con su connotado trabajo del Diccio-nario de la Lengua Aymara, Vicente Pazos Canqui en los inicios de la vida republica-na, Antonio Gonzáles Bravo que en los tiempos de la Revolución Nacional publica afiches y folletos políticos dirigidos a los sectores indígenas del altiplano, luego es-tá Juan de Dios Yapita, nacido en la provin-cia Omasuyos, fue catedrático de la UMSA en los años ochenta del siglo pasado y pio-nero en plantear la FONOLOGÍA AYMARA a través de su Instituto de la Lengua y Cultura Aymara (ILCA), fonología que fue-ra oficializada en 1982 por el gobierno central a través de un decreto supremo. Hoy destacamos la dedicación y trabajos del lingüista Basilio Mamani que dicta cla-ses en la universidad y cursos cortos a los interesados, también tenemos al comuni-cador orureño Donato Ayma Rojas, que desde su radioemisora Pacha Qamasa, difunde el aymara consiguiendo masiva audiencia en El Alto y provincias paceñas. Pero, el verdadero repositorio de esta len-gua a través del tiempo es el mismo hom-bre aymara, que desde el anonimato man-tuvo viva su práctica a través de genera- ciones, pese a las adversidades e intentos de acallamiento sufridos durante quinien-tos años de colonización externa e interna.

Hoy existen normas que garantizan su aprendizaje y uso como un idioma oficial en el Estado Plurinacional, pero la realidad es distinta e incierto el futuro. Bastan algu-nos ejemplos familiares, mi esposa tiene seis hermanos, ninguno de ellos habla es-te idioma, excepto ella, ocurre esto porque en mi hogar lo utilizamos en un 60% de nuestras conversaciones diarias. Nosotros somos migrantes de una población altiplá-nica. Además, ninguno de mis cuatro hijos adolescentes pueden hablar este idioma o finalmente no quieren aprender y hablar pese a que llevan como una asignatura en el colegio. Por otro lado, muchos estudian-tes de la ciudad de El Alto, registran su inscripción en el RUDE como BOLIVIANO, y no como descendiente aymara, incluso los mismos padres de familia indican que la primera lengua aprendida por el hijo es el castellano y no el aymara.

Los ejemplos mencionados son contun-dentes. Los habitantes de esta ciudad, mi-grantes en su mayoría desde el altiplano o del valle YA NO HABLAN EL AYMARA, YA NO QUIEREN HABLAR o DICEN NO HA-BLAR. Los sociólogos nos aclaran que esta situación ocurre porque el aymara co-mo idioma junto a la persona hablante, fue sometido y so-juzgado desde la precolonia cuando los incas belicosa-mente vencieron y sometie-ron a los aymaras. En la colo-nia y la era republicana los aymara hablantes sufrieron en carne propia la humillación más inhu-mana por hablar esta lengua y conformar esta comunidad. De esta forma, muchos prefieren ocultar su identidad, negar su linaje. La consecuencia final es que el ay-mara es hablado cada vez por menos personas. Si esto pasa en las ciudades de El Alto y Viacha, por lógica en las otras ciu-dades el panorama es todavía más preo-cupante.

Ante esta situación surgen algunas inte-rrogantes, ¿qué se puede y debe hacerse para evitar su extinción paulatina, quienes deberían asumir las iniciativas de plantear políticas y programas que permitan man-tener el uso de esta herencia cultural que nos legaron los tiwanakotas y qullanas?. Nuestras autoridades nacionales y depar-tamentales tienen la palabra. Además existen dos espacios que deben trabajar y contribuir en los planes de protección y de difusión del idioma: el sector educación y los medios de comunicación social. Urge conservar vivo este código comunicacional que es hablado todavía por miles de fa-milias bolivianas.

 
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