[Alberto Zuazo]

Punto aparte

Nueva opción para la causa marítima

II

 

Es tiempo de que los bolivianos entren en razón y dejen de envenenarse el alma con rencores y odios. Han transcurrido 136 años -5 generaciones- de la pérdida del litoral marítimo que tenía Bolivia.

A pesar de que muchos tuvieron consciencia que lo arrebatado al país por la fuerza, sólo de igual forma podía recuperárselo. No se procedió así, porque prevalecieron más las disputas político-partidarias antes de dedicar esas energías al fortalecimiento económico del país. Pues, este era el medio propicio de empoderar a las Fuerzas Armadas, para lanzarlas al rescate armado de la costa usurpada.

Desde hace mucho tiempo, se optó por la negociación, el diálogo, como recursos idóneos que permitan volver a la vecindad del mar, sin derramamientos de sangre. A pesar de constituir opciones válidas, tampoco prosperaron, hasta estos días.

En una negociación, un diálogo, de cualquier nivel, sea personal, institucional o internacional, para que concluya exitosamente se tiene que ceder y recibir. Así de simple es la ecuación.

Entonces, a los bolivianos no les queda otra fórmula, para tener una salida soberana al mar: admitir el canje territorial que exige Chile. Así como están planteados los resultados y posibilidades de la postguerra, no queda otra solución.

En caso de que los bolivianos reconozcan anímica y prácticamente que el realismo es insoslayable, tendrán que ingresar a otra perspectiva: ¿Cuál es la fórmula más apta para los intereses del país?

Al haber fracasado la negociación de Charaña, que fue históricamente la más conveniente para Bolivia, tendrá que ponerse en el tapete de las discusiones con Chile la obtención de un enclave territorial sobre el océano Pacífico, a cambio de cederle territorio de las mismas dimensiones. En definitiva, todo indica que no existe otra opción, que sea pacífica.

La franja territorial que involucró la negociación de Charaña no tuvo la aceptación de Perú, porque adujo que le hacía perder la vecindad directa con Chile, que la considera indispensable. Obviamente, debe tener sus razones e intereses.

Además, la eventual disponibilidad de tal franja por parte de Bolivia se complicó. El fallo de la Corte Internacional de Justicia, en el litigio entre Chile y Perú, por la soberanía de un espacio marítimo, en los hechos favoreció más a Perú. Extendió su soberanía marítima a las aguas que podían corresponder a la salida de Bolivia a altamar.

Ahora, con la nueva demarcación territorial marítima entre los dos países, Bolivia se vería obligada a pedir permiso a Perú para salir por sus aguas hacia la plenitud del mar.

La alternativa sería que las embarcaciones bolivianas naveguen por el mar de Chile que le dejó la sentencia de La Haya, de 80 millas de extensión, para salir al Pacífico. Encarecería, empero, los costos del transporte nacional.

En consecuencia, la única solución viable que queda es el enclave, en lo que actualmente es territorio chileno. Tendría que estar situado lo más cerca de Iquique. Adicionalmente, Chile tendría que permitir el irrestricto tránsito vehicular entre su territorio y el de Bolivia, para utilizar el enclave.

Al no haberse encontrado otra fórmula en 136 años, si los bolivianos persisten en encapricharse, aunque sin resultado alguno hasta el presente, estarán sometidos a la condena de no tener acceso propio al mar por siempre. ¡Así de clara es la perspectiva!

Tal es la trascendencia que tiene hoy el intento de los presidentes Bachellet y Morales de reiniciar el diálogo, pero con la condición previa de negociar el enclave, sin malograr este avance por ciertos dichos y diretes.

El juicio en La Haya habría que suspenderlo u optar por la iniciativa del distinguido historiador y diplomático Ramiro Prudencio, en sentido de que ambos países acuerden formular al Tribunal de Justicia Internacional un pedido concertado, con el propósito de dar paso al diálogo, que es lo que busca aquél. La cuestión sería adelantarlo en términos equitativos. Pero, hay que tener en cuenta algo fundamental. Nadie negocia algo cuando tiene encima de la cabeza una bayoneta.

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