Uniforme escolar: formas de violencia hacia la mujer desde la escuela

José Luis Bautista Vallejos

 

En el libro Pedagogía de la Autonomía, Paulo Freire propone que hay dos actividades inseparables: enseñar y aprender, o como él dice, no puede haber docencia sin discencia (aprendizaje). Uno de los puntos que desarrolla en su argumentación refiere que “enseñar exige el reconocimiento y la asunción de la identidad cultural” de los(as) estudiantes por parte del docente (Freire 2004: 20). La idea central de este análisis es que la escuela boliviana no aborda esta máxima freiriana, pues aquélla atenta contra la cultura de las mujeres al imponer un uniforme que elimina la pollera de las aulas, fundamentalmente en unidades educativas afincadas en provincias de La Paz.

En varias unidades educativas del occidente paceño, las estudiantes padecen el “Complejo de Domy” (protagonista de la novela La niña de sus ojos de Antonio Díaz Villamil), porque aunque de suyo usan pollera en sus faenas agrícolas y en vacaciones, durante toda la gestión escolar y en los predios de la institución educativa usan falda, pantalón, tenis o zapatos, al igual que ropa deportiva, como imposición del uniforme escolar a la manera “occidental”. Obviamente, esta es una forma de violencia que produce la escuela, pues en aras de uniformar a la población escolar se desconoce de manera agresiva el hecho básico de que las personas tienen derecho a vestir la indumentaria propia de su cultura.

Esa asunción personal de la identidad cultural debe ser natural y no mediatizada por agentes externos, en este caso por los docentes en representación de la escuela, representante, a su vez, del poder hegemónico que plantea lo que es aceptable y digno de reproducción y difusión: el uniforme escolar occidental.

Bajo este “Complejo de Domy”, penosamente, se genera un desprecio disimulado no sólo hacia la vestimenta sino, también, hacia la propia cultura de las estudiantes. Con la eliminación de facto de la pollera al interior de la escuela, implícitamente se plantea que tanto la pollera como otros elementos típicos de la vestimenta de diferentes culturas y en diferentes regiones, no sólo están fuera de la escuela sino, y esto es lo más peligrosos en términos ideológicos y políticos, de la estructura de Estado, actualmente, Plurinacional.

Además, las clases se imparten en castellano, y si bien es cierto que en los primeros años de escolaridad se refuerza el aprendizaje con algo de aymara, de hecho sólo se usa esta lengua vernácula como un trampolín para la total castellanización de los educandos. A nivel general en las provincias paceñas, en algunos casos, los docentes no saben hablar aymara y esto no es exclusiva responsabilidad de ellos, sino de la reglamentación vigente que fuerza al cumplimiento de dos años de servicio en provincia para el posterior ingreso a la ciudad.

En ese sentido, ya son dos aspectos en que la escuela atenta contra las mujeres: la vestimenta y el idioma. Lo peor es que el único aspecto en el cual la escuela podría ayudar a transformar las vidas de miles de mujeres en el área rural es aquel al que la escuela no presta ni la menor atención o, simplemente, se mantiene muda y sorda: el machismo desmedido y hasta cruel en las comunidades.

No cabe duda de que la escuela podría ayudar a cambiar ciertas mentalidades patriarcales y de inequidad hacia las mujeres, las que degeneran en violencia psicológica, física y sexual hacia ellas, además de la postergación en su superación personal: las mujeres no tienen los mismos derechos respecto a estudiar una carrera respecto a los hombres, por estar destinadas, casi naturalmente, al cuidado del esposo y de los hijos, así como a la atención del hogar. La escuela podría hacer algo al respecto, pero, desgraciadamente, nunca lo hizo ni lo hace ahora que se cuenta con una coyuntura inmejorable.

Deplorablemente, la escuela en las provincias paceñas atenta contra las mujeres de dos formas: reemplaza la vestimenta típica por el uniforme escolar y anula paulatinamente el aymara de las aulas. Sin embargo, en lo único en lo cual podría ser útil la escuela, es decir, en la labor de transformar la mentalidad respecto al papel de las mujeres en la comunidad y en el Estado, la escuela permanece silenciosa e inactiva.

El autor es profesor de Lenguaje y Literatura y Licenciado en Comunicación y Lenguajes de Educación Secundaria.

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