Galeno prudente y médico imprudente

Felipe Rodríguez Álvarez

 

Nunca antes la sociedad boliviana estuvo tan conmocionada y desconcertada por la muerte de personas por causa de cirugías médicas practicadas en diferentes centros de salud; igualmente, por las malformaciones o secuelas que dejan estas intervenciones quirúrgicas, que al parecer son producto de negligencia médica atribuible al galeno que tuvo a su cargo la operación quirúrgica. Pero puede ocurrir que no obstante la diligencia y el cuidado puesto al servicio de la intervención quirúrgica a fin de que se desarrolle con normalidad y llegue a feliz término, el paciente deje de existir en plena intervención quirúrgica, o en horas subsiguientes a la misma puede presentar complicaciones de salud que pueden culminar también con su muerte, o finalmente puede quedar en “estado vegetal” por el resto de su vida.

En todos estos casos el galeno puede tener responsabilidad penal y administrativa, si se demuestra que ha actuado con falta de cuidado o imprudencia en el manejo de su paciente. El médico está autorizado para practicar intervenciones quirúrgicas, la norma le autoriza esta actividad profesional, pero como toda actividad humana, esta actividad profesional genera un riesgo que puede transformarse en un peligro o lesión de algún bien jurídico, por ejemplo la vida, la integridad física, etc. Para que no ocurra tal cosa, previo a la intervención quirúrgica, el médico debe eliminar toda fuente de peligro de muerte y/o lesiones, ya que está en posesión de garante de su paciente, es decir, está garantizando el éxito de la intervención quirúrgica.

Pero no toda intervención quirúrgica es exitosa, contrariamente a veces arroja otro tipo de resultado, y esto se explica porque en cualquier intervención quirúrgica siempre está presente el riesgo de muerte. Y cuando el médico practica la intervención quirúrgica está asumiendo ese riesgo de muerte, y además está actuando en ejercicio legítimo de un derecho, por ello su actuar no es intolerable ni reprochable para la sociedad, es decir no es punible, más bien es una conducta valerosa y solidaria que beneficia al género humano.

Sin embargo, si este riesgo de muerte permitido por la norma ha sido aumentado con otro elemento ajeno al buen éxito de la intervención quirúrgica, la situación cambia, por ejemplo cuando se practica intervenciones quirúrgicas sin contar con la especialidad requerida para tal fin, o sin contar con la experiencia necesaria, o cuando no se actúa diligentemente en decurso de la intervención quirúrgica, ni con la confianza de que en estos casos se evitará, a como dé lugar, cualquier daño en la salud del paciente. Pero que como era de prever, se sorprende con ese resultado, cual es, por ejemplo, no solamente la muerte del paciente, sino lo que es más grave, la “muerte vegetal” o finalmente alguna secuela o malformación incurable.

En estos casos, y otros parecidos, puede ser acusado penalmente como autor del delito de homicidio culposo o lesiones culposas, y no como autor de un delito doloso, que dicho sea de paso, tiene una sanción más grave que el delito culposo, porque ningún médico ni remotamente tiene la intención de herir o matar alevosamente a su paciente, por respeto al juramento hipocrático que ha prestado para aliviar ante todo y sobre todo el dolor de cualquier enfermo que requiera sus servicios profesionales.

El autor es ex Fiscal y ex docente de la UNIFRANZ.

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