[Juan León]

Menudencias

Es el espíritu de su gente


 

El que La Paz que nos cobija haya sido reconocida en el exterior como una maravilla de ciudad nos levanta el ego a sus habitantes y mitiga nuestros pesares de vivir en la sede del gobierno y a 3.600 metros de altitud. De su imponente belleza natural se dieron cuenta ya esos músicos brasileños que en su cuarto centenario, en 1948, le compusieron esa ¡Oh… linda La Paz!, que es su primer “himno ciudadano”. Pero ellos descubrieron algo más que su imponente belleza

natural. Por eso en los versos de su canción le dijeron ya entonces “quien te conoce no olvida jamás…”.

Al margen de la finalidad que pueda tener la fundación New7Wonders que le reconoció ese título o del interés personal, económico o filantrópico (si lo tiene) de su presidente, Bernard Weber, el concurso puso a La Paz en escena. Y la puso de manera positiva, amable, destacando sus virtudes y cualidades nobles. Por lo general, de La Paz en el exterior se escucha hablar sólo cuando hay golpes de

estado, convulsión, protestas, violencia y pobreza, con todo lo que viene al lado. O de sus 3.600 metros de altitud “que hacen imposible vivir” y que impiden que “la pelota doble” para justificar fracasos deportivos.

A esa imagen contribuyó, sin duda, la turbulenta historia de

cruentos golpes de estado, dictaduras militares y gobiernos populistas totalitarios que caracterizan casi desde sus orígenes a nuestra historia patria. La Paz se ganó por eso, con mérito propio, el otro calificativo que la identifica a cabalidad: tumba de tiranos, cuna de la libertad. Porque la característica fundamental de esta maravilla de ciudad es el coraje, el orgullo y la tenacidad de las gentes que la habitan. Es su voluntad de vivir en libertad y de defender sus derechos con la misma tenacidad y temeridad con que cuelgan de sus laderas el techo que las cobija.

Es que todas las ciudades son lo que son, nada más que por la calidad de las gentes que las habitan. Y los calificativos de Ciudad Maravilla y Oh linda La Paz no son más que reflejo de una idiosincrasia que es fruto de ese crisol cosmopolita que funde en ella la nacionalidad del ser boliviano de todas las regiones del país…

Es el carácter indomable de su gente forjado desde el fondo de su historia con las rebeliones de Túpac Katari y Pedro Domingo Murillo. Es consecuencia del temple y el espíritu de los fantasmas que contemplan, desde los faroles de la Plaza Murillo, los vaivenes del humor político de sus movimientos sociales. De esos que alguna vez le pidieron la medida de sus pantalones al dictador de turno para vitorear después sus 30 años de prisión. De los que enfrentaron a pecho descubierto los tanques en Laikakota, en la Pérez Velasco o en El Alto. De los milicianos y barzolas de Villa Victoria con sus dianas de metralla, del maestro Lechín y los trabajadores de la COB. De los mineros que marcharon por sus calles con su tronar de dinamitas.

La maravilla de ciudad que empezamos a conocer hoy desde el cielo, teleférico mediante, es también fruto de los espíritus de la “tía Núñez”, que con sombrero y sombrilla se pasea por El Prado mientras los sindicalistas marchan gritando sus demandas y reivindicando sus derechos. Del de Arturo Borda con sus lienzos que nos enseñan toda la majestuosidad del Illimani, el centinela de la ciudad al que le cantó Portocarrero en sus noches de bohemia para describirnos la ciudad que se postra a sus pies.

Es la garra del tigre y la exquisitez de la academia en los estadios. Y son también los fantasmas de los “cuchos” que soportan, desde el féretro de cemento en que terminaron sus noches de borrachera, sus edificios y sus puentes.

Es la música del charango de Cavour o de Pepe Murillo en sus noches de peña. Es el “Averno” con sus jarros encadenados a la mesa, las “Chifleras de la Sagárnaga” con sus remedios para todo, incluso para el mal de amores, o los “yatiris” del cementerio, que pronostican lo que de todos modos ha de ocurrir. Es el fricasé para curar el cuerpo, el api con llauchas para soportar el frío de sus madrugadas, los sándwiches de chola, las salteñas, el chairo y los choclos con haba y queso del plato paceño.

Es a la sombra de esos espíritus que inspiran a su gente y vagan desde siempre sobre su maravilloso escenario natural donde se cocina la política criolla de estos tiempos de cambio inspirado en ejemplos ajenos y que orilla, con demasiada frecuencia, en el absurdo, el atropello y la sinrazón. Ahí están, por ejemplo, la revancha política contra los tres magistrados del Tribunal Constitucional enjuiciados

por el mismo oficialismo que los eligió, los afanes por someter a la justicia a una diputada por negarse a darle la mano a su principal adversario político o la muerte de Alexander, ese niño de ocho meses víctima inocente de tantos males que caracterizan también a la sociedad paceña.

Es que en su escudo está escrito aquello de “los discordes en

concordia, en paz y amor se juntaron y pueblo de paz fundaron, para perpetua memoria”.

TITULARES

 
Revistas

Usurpado el 7 de octubre de 1970, por defender
la libertad y la justicia.
Reinició sus ediciones el primero de septiembre de 1971.

EL DIARIO
Decano de la Prensa Nacional
Miembro de la Sociedad Interamericana de Prensa y la Asociación Nacional de Prensa.

Dirección:

Antonio Carrasco Guzmán
Presidente del Consejo de Administración

Jorge Carrasco Guzmán
Gerente General

Rodrigo Ticona Espinoza
Jefe de Redacción

"La prensa hace luz en las tinieblas
y todo cuanto existe de progreso en el mundo
se debe a su inagotable labor"...

JOSÉ CARRASCO


Publicidad
Portada de HOY

JPG (795 Kb)      |       PDF (522 Kb)



Caricatura


Sociales

BAILE DE GALA DE LA ASOCIACIÓN DE INTEGRACIÓN DIPLOMÁTICA

Mirlo Guerra, Adelaida Eva Marín, Analía Racca, Evelin Morales, Laura Crespo, Liliana García e Isabel Marti.