[Jaime Martínez]

Cambio climático en el planeta


 

La naturaleza nos está dando muchas señales acerca del cambio climático que se está produciendo en nuestro planeta: retroceso de los glaciares, con la consiguiente escasez de agua potable a corto plazo; incendio de bosques y pastizales, con el peligro de aumento de anhídrido carbónico y el efecto invernadero que produce en la atmósfera; desaparición de especies vegetales y animales, o especies en peligro de extinción, con el consecuente desequilibrio ecológico; sequías o inundaciones, que producen desbalance en la producción de alimentos, etc., etc.

¿Nos encontramos ante el dramático resultado producido por la actual organización económica y tecnológica que está produciendo semejante desastre, a tal punto que pone en riesgo a la humanidad toda y aun a la vida misma; todo por el egoísmo y el desmedido afán de ganancia? ¿O estamos ante un cambio natural de las condiciones de vida en nuestro planeta, y por tanto debemos pensar en la mejor forma de adaptarnos a esas nuevas condiciones medioambientales para continuar existiendo? Cada una de estas respuestas nos lleva a pensar en la íntima relación tierra-ser humano, y la actitud del hombre con el medio ambiente, con su lógica responsabilidad ética.

La tierra es anterior a la vida, y ésta, anterior al ser humano. Todo se ha ido encadenando de tal manera, que las condiciones de la naturaleza y su situación climatológica han ido preparando la aparición de realidades tan valiosas como la vida en cuanto tal, y con ella la presencia del hombre sobre la tierra. La naturaleza está dotada de leyes que la rigen, le permiten conservar su existencia y evolucionar guiada por Dios a objetivos preestablecidos por Él, uno de los cuales es la aparición del hombre. Desde este punto de vista, el ser humano es huésped de la tierra, pero está dotado de inteligencia, de capacidad buscadora de nuevos caminos para realizar su vida en el medio donde actúa; y además tiene la capacidad de elegir entre su aislada, pobre y limitada existencia, encerrándola en los límites de su ego, o ponerla a disposición de los otros, es decir, tener responsabilidad social y medio ambiental; abrir y extender sus capacidades al otro y a lo otro. Por eso, por sus cualidades intrínsecas abiertas a lo infinito, es único en la naturaleza; lo cual le da responsabilidad, lo hace un administrador que debe rendir cuentas a otro. No lo hace dueño de la naturaleza sino ocupante de la tierra, capaz de velar por los bienes naturales que recibe para entregarlos, engrandecidos y renovados, a sus hijos. Por eso tiene obligaciones morales con la naturaleza, con sus actos, con los efectos de los mismos, y con la sociedad.

Como únicamente el hombre tiene la capacidad de burlar leyes naturales mediante la tecnología producida por él; y además modifica permanentemente su medio ambiente al crear civilización, es responsable ético del medio ambiente ante la naturaleza, y ante el otro hombre racional, libre y trascendente, que se encuentra en menor grado de poder económico que otro.

Al desequilibrarse la ecología interna, la moral social, se llega al problema ambiental. Esto ha comenzado con la revolución industrial, cuando el hombre tuvo en sus manos la tecnología suficiente para enseñorearse de la naturaleza, transformarla de acuerdo con sus deseos, y verse a sí mismo como un pequeño dios, con el poder de hacer y deshacer de los bienes naturales, enceguecido por su egoísmo y afán de lucro desmedido. A tal punto está llegando este endiosamiento del hombre que, no obstante las advertencias de la tierra, no vacila en buscar medios para obtener bienes de uso económico, sacrificando bienes vitales de la humanidad. La crisis del petróleo y su subida de precio es una clara muestra de esto. Un país altamente industrializado, reacio a firmar acuerdos que favorezcan a la ecología, ha conseguido obtener petróleo del esquisto, de las rocas donde se ha acumulado petróleo seco, utilizando para ello altas cantidades de agua, la cual escasea cada vez más en la tierra. Está sacrificando un preciado bien para la vida del planeta, con tal de obtener beneficios económicos y políticos que le permitan ser la potencia que es, sin pensar ni en sus propios habitantes, menos en los hombres de otras partes.

El autor es miembro correspondiente de la Academia Norteamericana de la Lengua Española.

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