[Mario Alfonso Ibañez]

Antes que planta nuclear, cubrir urgentes necesidades


 

Millones de bolivianos indígena-campesinos de tierras bajas y de tierras altas, hoy como ayer, siguen sufriendo los rigores de la miseria. Abandonados bajo el peso de una economía de consumo, su producción mantiene características coloniales. Su aspiración de alcanzar una existencia civilizada sigue estando alejada de su diario vivir. Carecen de modernos sistemas de trabajo por ausencia de apoyo e incentivos estatales. No cuentan con centros de salud y los que existen se hallan lejos de su hábitat. La ausencia de escuelas es casi total, al extremo de pasar clases en campo abierto con alumnos sentados sobre adobes en unas regiones y en otras sobre troncos. Sus horas nocturnas siguen siendo alumbradas por velas de cebo en muchas partes y en otras con lamparines. Su sed es colmada con agua de ríos circundantes en zonas altiplánicas y curichis en valles y llanos orientales.

Programas por muestreo, no son suficientes para satisfacer aquellos requerimientos.

En las ciudades los cinturones de pobreza se hacen presentes por efecto de la migración campo-ciudad. Crecidos contingentes de profesionales, egresados de universidades y centros técnicos, no hallan fuentes de empleo por carencia de emprendimientos industriales y comerciales. El comercio informal aumenta en progresión geométrica con precarios ingresos económicos, mientras por otro lado los sub-productos de la pobreza, como mendicidad, delincuencia, prostitución, alcoholismo y narcotráfico alcanzan niveles alarmantes. En cuanto a salud, son contados los hospitales y éstos carecen de adecuado equipamiento, así como de profesionales médicos y paramédicos. En lo que se refiere a educación, sus instalaciones están cada vez están más deterioradas y en ellas funcionan tres y hasta cuatro escuelas y colegios con excesivo alumnado.

Frente a estas crudas realidades, ¿se invertirá más de dos mil millones de dólares en una planta de energía nuclear que demandará mucho más que la cantidad señalada en su funcionamiento y, peor aún, con grave riesgo para la vida y la salud de los bolivianos? Acaso con suficiente convicción social, ¿no sería mejor que aquellos recursos económicos y muchos otros que se pretende utilizar en obras faraónicas sean utilizados para planificar el paso de una vida de extrema pobreza a una vida civilizada para millones de indígena-campesinos de tierras bajas y de tierras altas? ¿Por qué no impulsar empresas mixta tipo “Joint Venture” con capitales nacionales y extranjeros para crear masivas fuentes de trabajo?

El presidente Morales, que estamos seguros de quiere dejar una herencia de mejorar su gobierno al término de sus 15 años de gestión estatal, ha expresado: “Quiero decir al pueblo boliviano, siempre pensar en grande y no en pequeño”. ¿Acaso pensar en grande no es mejor elaborar políticas de gobierno orientadas a disminuir la extrema pobreza en las áreas rurales a favor de millones de indígena-campesinos y la pobreza en las ciudades, donde empleados y obreros cubren sus necesidades con salarios de hambre y otros miles no tienen fuentes de trabajo?

Entendidos en materia de energía nuclear de varios países del mundo han dirigido un documento público al presidente Morales, en uno de cuyos párrafos se anota “Nadie sabe con precisión los costos para desmantelar un centro nuclear, quizás comparables a los de su construcción. Nadie ha encontrado una solución para los desechos radioactivos que constituyen una herencia pesada y peligrosa” (Página Siete 9/11/2014). En octubre de 2012, Venezuela firmó un contrato con Rusia para construir un centro nuclear como fuente de energía limpia, pero el presidente Hugo Chávez dio marcha atrás al conocer el desastre ocurrido en Fukushima, Japón. Expertos de Greenpeace, advierten sobre potenciales accidentes radioactivos de dimensiones catastróficas en plantas nucleares. En una publicación local, el experto Oswald Eppers señala: “El empleo de la energía nuclear más parece una trampa. Rusia busca vender su tecnología obsoleta a países como Bolivia porque ya no cuenta con otros mercados”. El físico Alfonso Velarde, ex docente de la UMSA, hace conocer que “El costo de instalar una central nuclear está por encima del de otras fuentes energéticas como la energía hidráulica, solar eólica, todas ellas renovables y limpias, entonces, ¿por qué embarcarse en una aventura nuclear descabellada?”.

Existen muchas otras observaciones de expertos en la materia, pero finalmente está el editorial sereno, reflexivo y oportuno del matutino EL DIARIO de fecha 16/10/2014 que expresa: “La crítica más notable en este sentido es que muchos países dejaron de producir energía atómica y cerrar plantas que la están produciendo a raíz de la tragedia soviética (Chernobyl) y otras de Japón, Francia, etc.”.

El territorio paceño en ninguna de sus sub-regiones puede ser objeto de un experimento preocupante a riesgo de poner en peligro la vida y la salud de sus habitantes, así como lastimar seriamente a la “madre tierra”.

A las instituciones medioambientalistas de todo el país, particularmente a las comunidades indígena-campesinas de las provincias paceñas, colegios profesionales de la materia en cuestión, a la “Asamblea de la Paceñidad”, Centro Cívico “20 de Octubre”, Amigos de la Ciudad, Club de La Paz, Club 16 de Julio y otras entidades similares, les corresponde la responsabilidad de pronunciarse sobre este delicado problema.

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